Empresas / 13 de febrero de 2016

ROCKCYCLE

Deporte & relajación

Importaron un modelo de negocios que contagió a Nueva York y otras capitales. Proponen integrar cuerpo y alma de los argentinos.

Por

ALAN Y VALENTINA. Descubrieron el “bodymind”, la liberación de cuerpo y mente mediante el entrenamiento con bicicletas, pesas, música y técnicas de relajación.

Lo que empezó siendo algo “totalmente egoísta”, como aseguran los empresarios Alan Brown (29) y Valentina Sielecki (29), se convirtió en un negocio que mueve 2 millones de pesos al año. Rockcycle es una adaptación argentina a la modalidad deportiva de culto entre celebrities de la talla de Madonna, David Beckham o Lady Gaga. Se creó hace diez años en Nueva York y su éxito radica en el “bodymind”. “La gente viene por el cuerpo y se queda por la mente”, asegura Alan.
Valentina es médica cirujana y vivió dos años en la Gran Manzana. A pocas cuadras de su casa, descubrió unas clases novedosas que combinaban bicicleta con pesas, música y relajación. “Me hice adicta -confiesa-, no sé cómo explicarlo, pero sentí que el ejercicio me cambiaba la mente”. Alan también probó las clases cuando fue a visitar a su amiga de la vida: “Yo odiaba todo lo que fuera deporte indoor, pero cuando conocí esto me fascinó”. Una vez de vuelta en el país, ninguno de los dos quiso renunciar a esa especie de hallazgo deportivo y se pusieron en campaña. Cada uno por su lado al principio, juntos como socios después. No había lugar para dos. Alan dejó su trabajo en la banca de inversiones y se metió de lleno en preparar el lanzamiento. Pasaron apenas once meses desde que tomó cuerpo la idea hasta que largaron la primera clase.
Primero, el equipo. El camino fue arduo. Con una inversión inicial de 120.000 dólares, Valeria y Alan hicieron un plan de negocios a 10 años con estudio de mercado incluido. Demoraron seis meses en encontrar un profesor de educación física que reuniera las condiciones necesarias como para ir a perfeccionarse a Nueva York y luego preparar a otros instructores. Tuvieron que importar las bicicletas –que no existen en el país- y las zapatillas especiales. Los detalles eran las condiciones básicas del éxito.
El primer local lo abrieron en Palermo Hollywood a fines del 2014. En noviembre del 2015 abrieron el segundo, en San Isidro, con estacionamiento incluido. “La idea es abrir dos más este año y tres el que viene. También queremos expandirnos en Latinoamérica con el modelo de franquicias”, explica Valentina, aunque Alan aclara que la idea no es crecer “a lo monstruo” porque si no se haría imposible mantener la calidad del producto. “No se puede causar dos veces la primera impresión. El cliente es lo más importante, somos inflexibles en eso”, asegura.
La Rockfamily. Los clientes son “riders”, el profesor es el “head trainer”, la recepción es el “front desk”, la venta de clases es el “call business”, los locales son “boutiques” y el grupo de deportistas es la comunidad, la “rockfamily”. Todo está finamente estudiado para funcionar a la perfección. Los ambientes son amplios y de un blanco impecable. Los clientes tienen un locker privado a disposición, servicio de toallas en el vestuario y uso libre de productos de primeras marcas para el aseo personal. “Acá la gente está mal acostumbrada, los servicios son malos en todas las áreas. Nosotros apostamos a que la gente iba a pagar por calidad”, dice Alan.
La primera clase es gratis y cada una sale $159 (en Nueva York rondan entre los 30 y 40 dólares y las zapatillas se cobran aparte). Pero se pueden obtener packs de 5, 10, 20 y hasta 50 clases con descuentos. “No cobramos por mes porque no nos interesa facturar, queremos que la gente venga y haga la clase. Queremos generar una nueva filosofía de entrenamiento”, dice Valentina. Rockcycle es la primera empresa en el país que permite comprar clases on line y que cuenta con bicicletas numeradas. El local de Palermo tiene 50 bicicletas y la clase es a la luz de las velas, combinando ejercicios físicos y relajación mental. Los “riders” no pueden hablar entre ellos, ni entrar los celulares al salón. “Es fundamental crear una actividad individual en la armonía del conjunto”, explican los socios.
Además de ser una marca registrada de modalidad deportiva, Rockcycle también es una línea de ropa que los emprendedores crearon a nivel local con la ayuda de especialistas en la materia. Los clientes pueden adquirir calzas, remeras, camperas o ropa interior de buena calidad y a precios bastante accesibles. “El 40% de la clase está vestida con nuestra ropa”, calcula Valentina. “Nuestro modelo de negocio es muy sencillo: solucionarle la vida a la gente. La idea es que vos vengas de trabajar y vengas a la clase sin tener que pensar en nada”.
En la recepción se venden aguas y bebidas isotónicas. También se ofrecen jugos d-tox, barras de chía y mix de frutos secos de un fabricante nacional que no se consiguen en los locales comerciales. Pero ahí termina todo. Nada de bar, nada de sillas. “Queremos evitar el run-run típico de los gimnasios. Acá se hace la clase, a lo sumo te bañás y te vas”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *