Libros / 14 de febrero de 2016

La gente común de la Historia

“Historias de fotógrafos”, de Marcos Zimmermann. Sudamericana, 137 págs. $ 189.

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★★★★ Marcos Zimmermann, que registró en fotos, con esmero y pasión, buena parte de la identidad de Argentina, dijo: “Me encanta cuando las fotos encierran historias”. Este libro incluye 14, cada una relacionada con una foto concreta de otro fotógrafo. Cada texto cruza el tema de la imagen con la vida de quien la sacó, con el contexto del momento, y sobre todo con el relato que genera al intervenir la invención del autor. Sería un tanto erróneo hablar sólo de cuentos, o crónicas, o testimonios. El estilo resultante es muy personal y depende de la multiplicidad de enfoques. Lo que genera es un libro fuera de serie.
En el primer texto, “Una ballena en la selva”, la imagen de un grupo de personas alrededor y parados encima de una ballena muerta, realiza un viaje extenso de esa fotografía hasta Maripasoula, un sitio ignoto. En el movimiento, se despliega la insensatez clásica de los embajadores, un crítico joven, y un cierre explicativo de Hemingway.
En el segundo, un fotógrafo comercial de la Guerra del Paraguay, de nombre olvidable (Esteban García), cambia de bando, por así decirlo, para tomar imágenes del coraje de los soldados paraguayos. Un ejemplo paralelo es el del fotógrafo a quien el presidente Roca le encarga fotografiar la “campaña del desierto”, pero “limpia”: tomando de lejos el paisaje desnudo, sin poner indios, ni consecuencias de batallas reales. En una sola imagen aparecen las “soldaderas”, mujeres de la guerra, azuzado por una de ellas.
El estilo de Zimmermann va al grano, adelanta con paso firme, pero también sugiere lo raro, incluso lo fantástico. “Salir de la ceguera” es un gran cuento, en el que Grete Stern recorre Formosa en un “Plymouth 47 por la tortuosa ruta”. Conoce a dos “cazadores pilagás” a caballo, la pica una araña cuyo veneno la deja ciega, y logra fotografiar al doctor Esteban Laureano Maradona. Además lleva encima la obra de Alejandra Pizarnik, citada más de una vez.
Zimmermann no es un cuentista liso y llano, ni un cronista propiamente dicho, ydisfruta a fondo de esa libertad, que provoca la expectativa de lo inédito. El último relato tiene una foto borrosa en el final, sin nombre, porque es fantástico, en el estilo del “Bestiario” de Cortázar.

 

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