Personajes / 26 de Febrero de 2016

Dalia Gutmann: “Los humoristas somos gente sufriente”

De sus inicios como locutora a su consagración como comediante. TV, teatro y libros, de la mano de una graciosa multiplataforma.

“Sé que tengo liendres”, dice Dalia Gutmann, con una cara de preocupación trágica que no se condice con una pediculosis. “Les saqué piojos a mis hijos y sé que tengo liendres”. Peine en mano, la estilista que la prepara para la sesión de fotos la contradice: “No… no tenés nada”.
“Sí, sí, tengo”, insiste Gutmann, “¿Ves? De eso se trata la paranoia de ser mujer: saber que todo el tiempo tenés algo… Ay, ¿está bien el maquillaje? ¡Ay, no! ¡Me está viendo el bigote! Porque tengo bigote, ¿verdad?”.
Formada como locutora, pero dedicada full time a la comedia, lleva recorrido un camino que ha incluido, entre otras cosas, teatro –su espectáculo “Cosa de minas” lleva cinco años en cartel, además de los espectáculos que ha compartido con Zambayonny–, televisión (“AM”, por Telefe, y “Tipos de minas”, por el Canal de la Ciudad), productos audiovisuales exclusivos para internet (FansWorldTV) y dos libros: “Entregada al ridículo” y la reciente versión en papel, coescrita con su colega Alejandra Bavera, de “Cosa de minas”.
El departamento que comparte con Sebastián Wainraich y sus dos hijos (Kiara y Federico) es tan amplio como austero. Mucho blanco. Muchos libros. Algún que otro instrumento musical. Una terraza a prueba de veranos porteños, que promete asado y mucho más.
Noticias: ¿Qué es Dalia Gutmann? ¿Locutora? ¿Conductora? ¿Actriz? ¿Comediante? ¿Escritora? ¿Qué pone en el casillero de ocupación en la ficha de migraciones de un aeropuerto?
Dalia Gutmann: Me considero comediante, pero la locutora me encanta. Extraño locutar; extraño leer y estar frente al micrófono para grabar. Pero lo que más me atrae es la comedia. La locución seca, me aburre un poco.
Noticias: ¿Cómo es ser humorista profesional, en Argentina, en el 2016?
Gutmann: Está bueno. Todos los que nos dedicamos al humor somos gente sufriente, que la pasa mal. Pero logramos encontrarle esa vuelta de tuerca que ayuda a tomar distancia y hacer algo con eso: un libro, una obra de teatro o simplemente entretener a tus amigos contándoles tus cosas.
Noticias: ¿Es característico de las malas épocas, de las de sufrimiento, que haya más humor?
Gutmann: Al contrario. Si el país estuviera muy mal, el humor decaería. Es una teoría y sólo pienso en voz alta. Se me ocurre que cuando el país está en crisis, cuesta más reírse. Todo te parece más tonto. Sí es cierto que la comedia stand up en Buenos Aires emergió en la crisis del 2001, pero supongo que más que por el humor social fue porque es un formato baratísimo de producir.
Noticias: Su humor siempre estuvo muy ligado a cuestiones de género, a lo femenino. ¿Por qué?
Gutmann: Arranqué hace más de diez años y había una cosa machista, un prejuicio de que hablar de cosas femeninas aburre. Pero con los años entendí que, si me divierte hablar de esto, ¿por qué me voy a reprimir? Hay muchas humoristas mujeres que se esfuerzan en no abordar temas femeninos porque parece que fuera de segunda hablar de la depilación. Pero, si tenés algo nuevo para decir y, sobre todo, si te divierte hablar del tema, tenés que hacerlo. Que te divierta a vos es la condición para hacer un monólogo de humor.
Noticias: Hay prejuicio con respecto a las “standuppers” femeninas que sólo hablaban de depilación, tránsito lento y falta de compañía masculina. ¿Cómo se evitan los lugares comunes?
Gutmann: Me ayudó a desarrollar mi propio estilo del “humor minita” el actuar casi exclusivamente para público femenino. Cuando actuás para mujeres se genera un clima de “charla de minas”. Es como cuando un hombre va a la cancha y se genera ese folklore donde el tipo no se reprime si tiene que comerse el choripán más grasoso, escupir o gritar cualquier pelotudez. Para la mujer es un espectáculo bueno ir a la cancha porque le permite ver a su hombre en su máxima expresión, sin decir “Ay, mirá qué desubicado, escupió”. En mi show pasa lo mismo: ningún tipo se va a quejar de que hablemos de depilación porque está en nuestro territorio.
Noticias: ¿Hay un público masculino que vaya a verla al teatro, o sólo van en carácter de “acompañantes”?
Gutmann: El 80% llega forzado por acompañar a su pareja. Para ellos es una aventura entrar en un lugar donde se hablan temas de mujeres como si ellos no estuvieran. Termina por atraerlos. Es como el fisgón que espía por la cerradura. El hombre que va a mi show es un poco un intruso, pero el espíritu es que puedan sentirse atraídos por ese mundo. Es como para nosotras ir a la cancha.
Noticias: Hasta podría resultar una experiencia didáctica.
Gutmann: La comedia en general tiene una cosa terapéutica. Ver que una persona se ríe con algo con lo que convivís y que quizás te hace sufrir, lo desdramatiza.
Noticias: Pero no todo en su carrera es stand up, también ha hecho televisión y libros. ¿Cómo es saltar la medianera entre el club de comedia y los formatos “mainstream”?
Gutmann: Siempre fue una experiencia muy buena. El día que entré en “AM”, en el 2010, estaba muerta de miedo porque tenía que abrir el programa como locutora. No sabía cómo iba a aguantar tanta presión. Entonces Gastón Recondo me dice: “Ay, boluda, ¿actuás para sesenta desconocidos y te da miedo hablarle a un micrófono?”. El stand up te da eso. Uno se curte, a fuerza de fracasos, de cosas inesperadas que te pasan arriba del escenario. Eso te da una base espectacular para cualquier laburo en tele o en radio. Por eso es fácil pasar del escenario a la televisión, pero no al revés. No es fácil alejarse de la contención del estudio, de los reidores, para saltar al vacío real; a tener cincuenta, cien o quinientas personas adelante y la obligación de hacerlos reír.
Noticias: Algunos de los comediantes más importantes del mundo (Jerry Seinfeld, Richard Pryor, Jim Carrey y tantísimos otros) empezaron en el stand up para luego dar el salto a la televisión o el cine. Ese fenómeno, en la Argentina, no se estaría dando.
Gutmann: Hay más lugar para los cómicos en la tele y en la radio. Que haya un programa como “Hora de reír” (Canal 9)le hace muy bien a un género que siempre fue autogestivo, de mucho remo, de terminar a las tres de la mañana con tu bolsito al hombro, comiendo pizza de parado… Está bueno que existan estos espacios.
Noticias: Pero, en los Estados Unidos, los grandes comediantes –Ellen Degeneres o Jimmy Fallon– también reencarnan en conductores de programas exitosísimos. Acá, el único cómico que acabó conduciendo un “late night” fue su marido.
Gutmann: Jim Carrey dijo una vez: “Tardé veinte años en hacerme conocido de la noche a la mañana”. El tipo hizo stand up veinte años, un día quedó en el casting de “The Mask” y se hizo famoso. Pero se pasó dos décadas insistiendo en los sótanos, en los clubes de comedia. Este negocio es así. Conozco un montón de humoristas que, cuando tengan una oportunidad para hacer otra cosa, la van a romper porque la vienen rompiendo arriba del escenario. Es una cuestión de tiempo. La tele está en un momento complejo, pero en las redes sociales hay fenómenos de cómicos nuevos que tienen cuarenta o cincuenta mil seguidores en Instagram haciendo videítos de comedia, resolviendo una situación en quince segundos. A mí me resulta difícil porque estoy vieja para estas cosas, pero me encanta que la estén rompiendo. De todos modos, creo que algunos fracasos tienen que ver con que nos queremos hacer los “yankis”. Por ejemplo, cuando mi marido empezó a conducir “Indomables”, le decían: “Hacé esto, hacé lo otro”. Recién cuando le dijeron: “Hacé lo que se te cante el culo”, empezó a funcionar. Es muy importante la libertad para que las cosas sean naturales.
Noticias: Su marido y usted son una de las parejas más aburridas de la farándula. Nunca un escándalo. ¿Cómo hacen?
Gutmann: Tuvimos un escandalete hace mucho tiempo. Jorge Rial dijo que mi marido andaba con su productora. Pero a esa gente la anulamos. No contestamos nada y eso es aburrido para el chimentero. “Encima que son dos pelotudos que nunca hacen quilombo, una vez que salta algo, no contestan”, deben pensar. Igual me gustan los chimentos, los consumo, pero no me gustaría estar. En “AM” dije algo contra Luis Ventura y todos me dijeron: “Estás loca, no te metas con esa gente, es peligrosa”. Pero no tengo ningún muerto en el placard. Que digan lo que quieran, no me van a encontrar nunca un video “hot”.
Noticias: ¿Tiene éxito con los hombres? ¿La piropean por la calle?
Gutmann: Sí, me dicen cosas. Siempre tuve un poco de levante. Me llevo muy bien con el tema, me encantan los piropos (no las guarradas, eso a cualquier mujer le da asco). Me encanta que me piropeen cuando Sebastián me espera en el auto porque me encanta que escuche que me piropean. No creo que la pase bien, la debe sufrir, pero no salta con un “eh, chabón, qué le decís a mi mujer” ni en pedo. Hace catorce años que estoy con Sebastián, ya estoy un poco afuera de los códigos de la conquista. Mis amigas sí están a pleno y me siento medio sapo de otro pozo.
Noticias: ¿Cómo la trató la incursión en el mundo de los libros?
Gutmann: Como experiencia laboral fue lo más lindo del mundo. Sentarte a pensar, a escribir, es mágico cómo se va armando un libro en tu cabeza. Insume muchas horas, hay que trabajar todos los días. Pero queda algo. El escenario, la televisión, la radio, son efímeros. Un libro queda. Y está bueno saber que algo que pensaste, quedó ahí para los demás.
Noticias: Cuando era chica, ¿qué quería ser cuando fuera grande?
Gutmann: Siempre quise tener negocio. Me encantaba ser cajera de supermercado, o “cargadora de nafta” (sic), todos oficios. Mis ambiciones estaban en ese nivel. Tenía una cosa muy loca que a mi mamá la asustaba mucho: abría la puerta de mi habitación, ponía una mesita y esperaba a que pasara alguien a comprarme algo. Tenía todas las cosas de mi pieza con precio. Nadie pasaba y me quedaba horas en la puerta. Pero bueno, tenía alma de comerciante.
Noticias: ¿Le quedó algo de ese alma de comerciante?
Gutmann: Nada. Aunque en un momento trabajé en un local y me iba muy bien. Te entro bien, vendiendo.

 

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