Sociedad / 6 de marzo de 2016

Los caníbales de Matías Alé

En plena recuperación de un brote psiquiátrico, el actor se convirtió en una fuente de ingresos para una ex con aires de diva, una vedette ignota y productores que buscan usufructuar su mal momento.

Toda la vida adulta de Matías Alé es un reality show, el cual hizo de modo consciente, constante y calculado hasta que se le volvió en contra cuando quiso sentar cabeza. A fines del 2015 se casó con María del Mar Cuello Molar, una joven cordobesa bastante menor que Alé y una auténtica ignota… Hasta entonces.

Desde aquel momento, en el interior de la vida de Alé empezó a acumularse la lava que poco tiempo después explotaría convirtiendo al mediático ¿actor? ¿celebrity? en un volcán psicótico, televisado, internado, atado a una cama y con delirios místicos.

Durante los primeros días de la internación de Alé en la clínica psiquiátrica Avril, María del Mar comenzó a abandonar su bajo perfil gracias a peleas mediáticas cada vez más álgidas contra Elena, la madre de Matías. María del Mar hizo honor a su nombre novelero y acusó a Elena de hacer todo por querer separarla de su hijo. Elena, sin pudor alguno, señaló que lo sucedido era todo lo contrario, ya que María del Mar se dedicaría a actividades esotéricas por lo que Matías no es el mismo desde que la conoció.

Y mientras Elena y María del Mar se trenzaban en soliloquios shakespereanos tercermundistas, a Matías Alé le suministraban doce pastillas diarias para controlar los causales que provocaron la descompensación psicótica.

Alé salió de la clínica y continuó su recuperación en su hogar. La paz mediática llegó, pero duró poco: luego de ir a visitar a María del Mar a Córdoba para desmentir los rumores de crisis, regresó y le llegó lo peor: rumores de infidelidad y pedidos de nulidad matrimonial.

El culebrón no podía ser completo sin la participación de alguien que hable en acento neutro. Y aquí entra la vedette ecuatoriana residente en argentina Mayra “May” Alexander, una “examiga” de María del Mar que, por si fuera poco, es la esposa del ex Auditor General del Banco Central de la Nación, Alejandro Presotto.

May fue la encargada de contar que María del Mar le fue infiel a Matías Alé antes de la boda con un exnovio. Obviamente, esto le garantizó una semana de estadía en Intrusos y una permanencia continuada en cuanta portada de revista farandulera exista.

Alé terminó por enterarse del deseo de María del Mar por televisión, cuando vio al abogado Fernando Burlando en la televisión, donde anunció que evaluaba pedir la nulidad del matrimonio de Alé y Del Cuello, ya que consideraba que Matías “tenías las facultades mentales alteradas” al momento de casarse.

Sin embargo, parece que tan mal no estaba, dado que María del Mar consiguió un divorcio express, amparada en la nueva legislación en materia de familia del Código Civil. Si buscaba dinero, no lo consiguió: fue la peor temporada veraniega de Matías Alé desde que saltó a la fama como novio de Graciela Alfano. Se quedó sin trabajo en el teatro, no hizo presencias en boliches bailables por las que facturaba una gran suma de dinero, y pasó sus días de entre casa viendo cómo lo destrozaban públicamente y por televisión abierta un grupo de personas que eran absolutamente anónimas antes de llegar a la vida del mediático actor.

Si, en cambio, María del Mar buscaba fama, el negocio le salió redondo: no sólo se instaló en la tevé del escándalo sino que se le abrieron algunas puertas que sólo se le abren a quienes tienen talento artístico o talento para el escándalo. O sea, participará del Bailando por un Sueño 2016.

Si bien en un momento se rumoreó con la posibilidad de que Matías Alé fuera quien participara del certamen de baile y peleas verborrágicas televisadas, el actor no tiene permiso médico para participar de la actividad física y, dudosamente, también lo tenga para someterse a cualquier situación de estrés. Obviamente, es un paciente aún en recuperación.

Según el especialista psiquiatra Harry Campos Cervera, los pacientes psiquiátricos que llegan a una descompensación psicótica, lo hacen por “numerosos factores que llegan a sobre estresar al individuo”, lo cual termina generando una “descompensación” para la cual no es conveniente “volver a situaciones que generen presión y derive en estrés”, como podría ser someterse a las rutinas de entrenamiento del certamen conducido por Marcelo Tinelli, o la sobreexposición televisiva o que, nuevamente, se busquen puntos de rating –y jugosas ganancias publicitarias– gracias a ventilar los problemas del actor.

Puntualmente, Alé se encuentra casi en una encrucijada dado que, por el momento, no puede volver a trabajar y, al mismo tiempo, lo necesita, no por cuestiones económicas, sino por la única forma que conoce de vivir, que es permanecer en la vidriera televisiva como sea. Y si quiere cuidar su salud, es recomendable que no vuelva a ese lugar que tanto le gusta y que tanto daño le hizo.

Básicamente, que se aleje de los caníbales que viven de su fama.

 

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