Teatro / 7 de Marzo de 2016

Gigoló: la vigencia del melodrama

De Enrique García Belloso. Con Andrea Bonelli, Michel Noher y elenco. Dirección: Susana Toscano. Teatro Regio, Av. Córdoba 6056.

Por

Gigoló

“Perdonar, siempre; olvidar, jamás”, afirma con convicción la protagonista de “Gigoló”, una obra poco transitada del gran dramaturgo y director santafesino Enrique García Belloso (1880-1938) que refleja, de manera contundente, la condición de la mujer y la abismal desigualdad socioeconómica que imperaba en la Argentina durante la década del veinte. Como todo melodrama, esta pieza aún ostenta enorme vigencia y su temática resulta adelantada porque tiene resonancia en el atribulado siglo XXI que nos toca transitar.
En el texto, Clara (Andrea Bonelli), al igual que las señoras de clase alta de entonces, fue destinada a la vida hogareña y las relaciones sociales. Casada con Ezequiel (César Bordón) un hombre que encontró refugio en el dulce veneno del alcohol y abandonó a su mujer e hija, debe arreglárselas para conseguir sostén económico, ya que carece de recursos o capacitación alguna. Con singular independencia, no duda en apelar a su simpatía y gozar de la admiración que le prodiga Miguel (Víctor Hugo Vieyra), un generoso, acaudalado y añoso terrateniente. A lo largo de quince años, de forma platónica, él satisface su lujoso tren de vida y la educación de la niña. Pero en el barco que la trae de regreso a Buenos Aires, tras una larga estadía en Europa, conoce a Armando (Michel Noher), el bello y joven libertino del título. Contra la opinión de sus fieles amigos Marcela (María Ibarreta) y Antuco (Mario Alarcón), se entrega a esa pasión insensata. Vertiginosa e irremediablemente, caerá en el despilfarro, las adicciones y el descuido de su adolescente retoño.
Para hacernos creíbles tantas desventuras, la eficaz directora Susana Toscano cuenta con el espléndido marco escenográfico diseñado por Gabriel Caputo, y los exactos atuendos de Pepe Uría, que remiten a la época. Además, el elenco reúne algunos de los actores más relevantes de la escena nacional. Las portentosas voces y certeras composiciones de Ibarreta, Alarcón y Vieyra realmente son notables. También Bordón impone autoridad, mientras Noher concreta un retrato adecuado de su inescrupulosa criatura. En tanto, Bonelli, casi omnipresente a lo largo del montaje, despliega refinamiento y delicadeza en un trabajo interpretativo admirable, digno de ser destacado.

 

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