Personajes / 7 de marzo de 2016

James Jagger: “Me gustan más de The Kinks que los Stones”

El hijo de Mick Jagger protagoniza “Vinyl”, la nueva serie de HBO sobre la industria del rock en los alocados años ’70.

Escapar al mandato familiar nunca es fácil. Crecer a la sombra de un padre exitoso tampoco. Es tema de diván aún en los hijos de padres razonablemente anónimos. Cuanto más complejo habrá de ser, entonces, encontrar la propia voz, el estilo personal, el lugar en el mundo cuando se comete, sin dolo alguno, el delito de portación de apellido.
Escapar al estigma de ser “el hijo de” nunca es fácil. Y, si es problemático para figuras de cabotaje –los primeros nombres en venir a la mente son “el hijo de Charly García” y “la hija de Jorge Guinzburg”, por citar sólo un par de ejemplos–, cuánto más habrá de serlo cuando papá es un ícono de la cultura pop. Y ni más ni menos que un Rolling Stone.
Escapar de la sombra de Mick Jagger no debe ser fácil. Hipótesis: solo la sombra de John Lennon debe ser más poderosa. Sin embargo, James Jagger está trabajando fuerte para encontrar su lugar bajo el sol, sin por eso renegar del apellido célebre. Su rol en la serie “Vinyl”, que se acaba de estrenar por HBO –bajo la batuta de su propio padre y de Martin Scorsese– es parte de ese camino.
El rocker del Renacimiento. En cierto aspecto, James es un poco más que Mick. Porque, además de músico, es actor, “aunque en mi carrera le di mucho más espacio a la música y dejé la actuación un poco de lado”, explica. “Por eso fue bueno involucrarse con un proyecto así, que no sólo me permite hacer música, sino también hincarle el diente a la actuación”.
Pero eso no es todo, y el chico sigue sumando: desde muy joven le interesó el arte dramático, no sólo como actor, sino también como autor. Y, contando apenas tres décadas, no sería descabellado verlo crecer y convertirse en un “storyteller” multiplataforma, capaz de crear una historia, dirigirla y hasta ponerle el cuerpo… ¡Y la banda de sonido!
“En algún momento de mi vida tuve otros planes de carrera”, relata sobre su pasado, “Quería ser biólogo marino, me gustaba nadar con delfines, pero llegué a un punto en que pensar en ser actor era más realista”.
Para el episodio piloto de “Vinyl”, James Jagger también compuso algunas de las canciones. Por supuesto que, con una ayudita de papá: “De chico, papá no era mucho de sentarse al piano conmigo, así que hacerlo ahora y poder colaborar en la composición fue muy lindo. Pero además, en lo que más me ayudó fue en la investigación; hablar con él sobre cómo era todo a principios de los años ’70 y poder tener una mirada sobre cómo se sentía la gente en esa época fue un gran recurso invaluable. Yo tenía una mirada idealizada de esa época, donde todo eran fiestas, gente pasándola bien y Andy Warhol sacándoles fotos. Hablar con papá me sirvió para romper con el cuento de hadas y entender dónde estaban los sentimientos de la gente en términos de política, economía y cuestiones sociales”.
Luz, cámara… ¡Mafia! Si algo hizo famoso a Martin Scorsese fueron sus películas sobre mafiosos. “Buenos muchachos”, “Casino”, “Pandillas de Nueva York” y hasta su más reciente “El lobo de Wall Street” retratan personajes violentos y organizaciones turbias. Su trabajo en “Vinyl” no rompe la regla. “Todo lo que hace Martin Scorsese tiene un toque de gangsters”, admite el joven Jagger. “Y en los ’70, la industria de la música no tenía las estructuras corporativas que tiene ahora. Unos pocos tomaban las decisiones y había mafias involucradas. Había fraudes, gente metiéndose la mano mutuamente en el bolsillo, sellos discográficos sobornando radios para que pasaran a sus artistas. Esta es una de esas industrias donde todo puede ser lindo y puro: podés ser un artista, podés componer una canción que sea un hit, y todo parece maravilloso. Pero detrás de eso están las garras siniestras de gente que ataca por la espalda. Es un mundo donde muchos andan con el puñal entre los dientes. Por eso, era natural que la historia de ‘Viny’ fuera hacia el lado más mafioso del negocio”.
“Antes de conocer a Scorsese estaba muy nervioso porque soy fan desde hace muchos años”, confiesa el músico y cantante. “Pero el día que lo conocí –una fiesta para que nos conociéramos todos los que íbamos a trabajar en el proyecto– me vino a saludar al grito de ‘¡Ey, Jimmy! ¡Qué bueno tenerte trabajando con nosotros! Enseguida me hizo sentir muy cómodo. Puede parecer intimidante tener cerca a una figura de semidiós como la de él, pero es un tipo muy agradable”. “Vinyl” es un éxito internacional pese a haber sido recién estrenada y, sin embargo, fue rodada con un presupuesto razonablemente bajo, donde el director mantuvo siempre el control de todo, tanto de lo artístico como de los gastos, una habilidad que dejó a James Jagger maravillado. Claro, el oficio de uno de los patriarcas del cine contemporáneo se nota.
Para su personaje –Kip–, Jagger Junior dice haberse inspirado en una figura por cierto polémica: Jack Ruby (“No el que asesinó a Lee Harvey Oswald”, se apresura en aclarar”), un rockero norteamericano de la época, maniático y adicto a la heroína, “que hacía una música horrible”.
Like a Rolling Stone. James Jagger es, a la hora de hablar de música, tan lúcido como crítico. Se confiesa fanático tanto del punk como de la música disco, dos géneros nacidos en los ’70 que, sin embargo, llegaron mucho después que ese rock más “tradicional” que se retrata en la serie. La década fue, para el caso, una de las grandes transiciones. El rock, el blues y el rythm and blues empezaron a tomar nuevos rumbos. Aparecieron estilos tan disímiles como el pop y el progresivo, que convivían a su vez con música popular contemporánea bastante distinta. Sí, en los ’70 había lugar para vestigios de los ’60 –como los Beatles, ya solistas, o los mismísimos Rolling Stones–, pero también para música “blanda” como la de Carpenters. La misma época veía nacer a Genesis y a los Dead Kennedys, a Pink Floyd y a The Police, al metal más primitivo y al “flower power”. Porque si algo definió la era, desde lo musical, fue el eclecticismo.
“Me encanta David Bowie y me puso muy triste su muerte”, confiesa Jagger. “Pero la verdad es que, vista en perspectiva, tendemos a idealizar la música de los ’70. En la serie se ve cómo, además de artistas geniales, había mucha música bastante mala que vendía bien y aparecían en los charts. Había muchas sobras de la década del ’50 que gustaban a un público más mayor, muchos cantantes de salón, muchos ‘crooners’ acartonados y mucho menos rock cool del que uno creería. Sí, en los ’70 aparecieron artistas como Alice Cooper o Iggy Pop, pero la música mainstream de la época tiene también cosas realmente muy malas”.
Por supuesto, la pregunta que debería cerrar la gran grieta de la historia del rock es inevitable, ante el hijo músico y actor de ni más ni menos que Mick Jagger: ¿Quiénes le gustan más, los Beatles o los Rolling Stones? “Cuando me lo preguntan, siempre digo que los Rolling Stones”. James Jagger no duda. Defiende la camiseta, el apellido, el legado. Pero hasta ahí: “Ahora, si me preguntás quién me gusta más entre los Rolling Stones y The Kinks, elijo The Kinks. Amo a The Kinks. Ferozmente”.

 

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