Teatro / 30 de Marzo de 2016

Entrañables criaturas

“Y…se nos fue redepente” de Niní Marshall. Con Magalí Meliá. Dirección: Ariel Leyra. Del Pueblo, Av. Roque Sáenz Peña 943.

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★★★ “Soy tan tímida que inventé personajes para esconderme detrás de ellos”, afirmó en sus memorias esa gran artista que fue la actriz y guionista argentina Niní Marshall (1903-1996), al referirse a los seres que concibió para caracterizarse en la radio, el cine, la televisión y el teatro.
Gracias a una enorme capacidad de observación y un infrecuente dominio del lenguaje, moldeó a sus entrañables criaturas y se transformó en una de las figuras más emblemáticas del espectáculo nacional, reconocida incluso en toda Latinoamérica.
Escribía sus propios libretos y utilizaba las faltas ortográficas y gramaticales del lenguaje para practicar una indagación minuciosa del habla popular de la sociedad y reflejarla, de forma exagerada, en los personajes que habitaban su imaginario. Pero también utilizó la parodia como recurso de reflexión.
No obstante, resultó víctima de la absurda censura de su tiempo durante la dictadura militar de 1943 y el primer peronismo de 1950. Temerosos de su ingenio e inmensa popularidad, debió trasladarse a México en ambas ocasiones. Sin embargo, a su regreso, el cariño del público se mantuvo intacto.
En la década del ’70, de la mano del productor Lino Patalano, estrenó “Y…se nos fue redepente”, una propuesta de café-concert con gran suceso que tuvo una versión televisiva y otra discográfica.
El velorio de Don Pascual, zapatero del barrio, es la excusa para la galería de vecinas que concurren a dar sus condolencias a la viuda. Así vemos desde la chismosa Catita, la simpática anciana judía Doña Pola, la eterna solterona Niña Jovita, el símbolo de la gallega torpe de buen corazón llamado Cándida hasta la estirada Mónica Bedoya Hueyo de Picos Pardos Sunsuet Crostón, encarnación sublime de la tilinguería porteña de clase alta. Un desfile de arquetipos que nunca cae en groserías ni palabras soeces.
Todas son rescatadas por la joven y talentosa actriz Magalí Meliá, a quien sólo le basta un cambio de vestuario (muy buen trabajo de Carlos Di Pasquo) o el uso de alguna prótesis para mutar de una a otra, en un dignísimo homenaje que bien vale la pena disfrutar. Sobre todo cuando actualmente, en algunos escenarios, impera el humor chabacano, basado en la vulgaridad o lo explícito.

 

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