Ciencia / 3 de abril de 2016

Un experto francés asegura que la capacidad de calcular es innata

Para Stanislas Dehaene todos los seres humanos nacemos con nociones protomatemáticas, intuitivas. Los animales también las tienen.

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Vemos. Oímos. Olemos. Tocamos. Degustamos. Y calculamos. Sí. Percibimos el mundo a través de cinco sentidos. O más bien de seis. Porque, según el especialista francés Stanislas Dehaene, la capacidad de percibir el espacio y la capacidad de calcular son innatas. Son una forma más de entender el mundo que nos rodea.
Nacemos con el “chip” instalado, pudiendo calcular en forma intuitiva. No solo los humanos, también los animales. Dehaene se ha adentrado en el estudio del cerebro para entender cómo funcionan estos fenómenos y, sobre todo esto, dialogó con NOTICIAS.
Noticias: Mucha gente [incluyendo al entrevistador] se considera incapaz para la matemática.
Stanislas Dehaene: Yo diría que estás subestimando la capacidad de tu cerebro. Tu cerebro puede hacer mucha más matemática que la que crees. Ese nivel es lo que yo llamo “protomatemática”, la matemática que todos tenemos como una forma de intuición. Te voy a proponer un problema complejo… no, no… nada de qué preocuparse. Dime si esto es verdadero o falso: veintitrés más diecisiete es noventa y siete.
Noticias: ¡Falso!
Dehaene: Lo supiste en forma inmediata, sin tener que calcular, porque el resultado está muy lejos. Alguna gente suele responder a este problema con un “está demasiado a la derecha”. ¿Qué significa esto? Que su cerebro está mapeando los números en el espacio, creando una secuencia que va de izquierda a derecha y se da cuenta de que el resultado de esa suma no puede estar en el vecindario de los noventas. Sin hacer la cuenta, sabe que está en los treinta y tantos, o en los cuarenta y pocos.
Noticias: ¿Pero cómo funciona?
Dehaene: De esto es de lo que hablo justamente en mi último libro, del “sentido de los números”, una capacidad innata que, con el estudio formal de la matemática, podemos desarrollar más. No todos evolucionan al mismo nivel, pero todos comenzamos desde el mismo punto, desde la intuición para los números y desde la representación de los números como un espacio. Los seres humanos nacemos con una capacidad intuitiva de aproximación a los números, y por eso hasta los chicos más chiquitos la tienen.
Noticias: Decía usted recién que ordenamos los números en el espacio de izquierda a derecha, en el mismo sentido en el que escribimos en las culturas occidentales. ¿Y los que escriben en sentido contrario, como en las lenguas de Oriente Medio?
Dehaene: Estudiamos ese fenómeno y descubrimos que la intuición funciona a la inversa en las culturas que escriben de derecha a izquierda, salvo que tengan educación formal en matemáticas. En ese caso, leen el lenguaje en un sentido y la matemática en el sentido opuesto. Pero el concepto de que los números se mapean en el espacio es completamente universal. Hemos estado con tribus amazónicas sin ninguna educación formal que comparten el concepto de que los números son como el espacio y que hay “distancias” de un número a otro. Hasta en el habla le damos una dimensión espacial a los números. Decimos “entre uno y diez”, como si hubiera un hueco entre un cifra y la otra. ¿Qué significa esto? Que hay una continuidad, que se completa con otra cosa.
Noticias: ¿Y los orientales? ¿Por qué son mejores que el resto del mundo en casi todo?
Dehaene: Hay muchos factores. Uno es el lenguaje. Las lenguas orientales tienden a ser más simples en su representación de los números. Por ejemplo, ellos cuentan ocho, nueve, diez, diez uno, diez dos, diez tres… cuando llegan a veinte, que sería una nueva palabra, construyen en cambio algo como “dos diez”, y cuentan dos diez uno, dos diez dos. El lenguaje es completamente transparente, les muestra desde niños de qué están hechos los números. Así, los chicos criados en culturas orientales entienden mucho antes que los occidentales el concepto de numeración. Otro factor es el uso de materiales concretos para enseñar. Aún hoy en Asia se usa el ábaco, un artefacto hermoso que usa objetos para disparar este sistema de aproximación innato, dándole una representación física de los símbolos abstractos.
Noticias: Ahora, si percibimos el espacio con nuestros sentidos, ¿con qué percibimos los números?
Dehaene: Es que, en realidad, sentidos como la vista o el tacto no son la fuente de nuestra noción de espacio. Tenemos una representación abstracta del espacio que es innata. Le dieron un Premio Nobel hace año y medio justamente a la investigación de las neuronas que se encargan del mapeo espacial. Esta noción del espacio existe en los animales, inclusive antes de que abran los ojos por primera vez, inclusive antes de que se muevan. Nacemos con esto, con neuronas ubicadas en el lóbulo parietal que tienen “preferencia” por los números. Los monos tienen este mismo tipo de neuronas en la misma parte del cerebro. Lo que hace diferente a los humanos es que tenemos la capacidad de utilizar este sistema –que originalmente responde a objetos muy concretos– adjudicándole símbolos abstractos.
Noticias: ¿Cómo se evoluciona desde esa “matemática instintiva” hasta la abstracción actual?
Dehaene: Una de las herramientas clave es la capacidad de contar. Si te crían en una cultura capaz de contar, empezarás a recitar números. Uno, dos, tres, cuatro… así, alrededor de los tres años y medio, algo hace “click” en el cerebro infantil, y entiende que cada una de estas palabras se corresponde a un número y que, en la enumeración, se va de uno en uno. Esta es la primera gran expansión del sentido de los números. Las tribus amazónicas que no tienen un sistema de conteo no entienden, por ejemplo, que los números son equidistantes, que hay el mismo espacio del uno al dos o del ocho al nueve. Para ellos, cuanto más grandes son los números, más cerca están entre sí.
Noticias: ¿Y los animales? Decía usted que muchos nacen con neuronas capaces de mapear.
Dehaene: Un ejemplo, comprobado con experimentos científicos: leones que salen a cazar en grupo y se superponen, en una zona, con otro grupo de leones cazadores. A la distancia una manada escucha el rugido de la otra y sabe si son más leones o menos. Si son menos, avanza. Si, en cambio, el otro grupo tiene la superioridad numérica, retrocede. Saben cuántos son y pueden determinar cuántos son en el grupo oponente.
Noticias: ¿Pueden contar?
Dehaene: No diría que pueden contar, pero sí pueden estimar, pueden hacer una aproximación.
Noticias: Genio matemático: ¿se nace o se hace?
Dehaene: Hemos descubierto que los niveles más avanzados de la matemática están conectados a las bases de pensamiento sobre objetos concretos. Así, hay toda una cadena de abstracciones sucesivas. Hace poco tiempo hicimos escaneos cerebrales a matemáticos profesionales y descubrimos que hasta para las operaciones más avanzadas utilizan las mismas zonas del cerebro que todos los demás, inclusive las mismas que un mono. Reciclamos y creamos nuevos saltos de abstracción dentro de los mismos circuitos neurales. Lo que los diferencia del resto de la gente es el entrenamiento. Pero, para llegar a esos niveles de abstracción, deben hacer un esfuerzo.
Noticias: ¿Se entrena el cerebro, entonces, para la matemática?
Dehaene: Por supuesto. Y el sueño es una parte muy importante de ese entrenamiento. Aprendemos, dormimos, aprendemos más, descansamos, aprendemos otra cosa y dormimos. Durante las horas de sueño, el cerebro consolida ese conocimiento. Pero cada tanto, en el estudio de la matemática, hay un fenómeno que aún no entendemos del todo: el salto conceptual. Hay algo que tiene que hacer “click” en el cerebro. Eso suele suceder durante el sueño.
Noticias: ¿Recuerda al personaje de Dustin Hoffman en “Rain Man”? Tenía un trastorno del espectro autista. No se podía relacionar con la gente, pero podía calcular. ¿Cómo funciona el cerebro de esa clase de gente?
Dehaene: ¡Me encantaría saber cómo funcionan! Lo que sí podemos afirmar es que los circuitos neurales que manejan los números son distintos de los que manejan el lenguaje. Así, hay gente que puede tener un déficit masivo del lenguaje y sin embargo ser capaz de matemáticas. Lo hemos visto no solo en chicos con autismo sino también en gente con lesiones cerebrales. Hemos visto casos de Alzheimer capaces de hacer procesamiento algebraico. Hay también casos inversos: una lesión cerebral menor en el lóbulo parietal puede hacer que una persona pierda completamente la capacidad de hacer las operaciones matemáticas más simples.
Noticias: Hay un prejuicio con respecto a que los genios matemáticos son pésimos para la interacción social. El “Síndrome de Sheldon Cooper”, de “The Big Bang Theory”.
Dehaene: Aún cuando no sabemos con exactitud cómo funciona, sí sabemos que muchos circuitos neurales dedicados al cálculo se desarrollan a expensas de otros. Cuando hicimos los escaneos cerebrales de matemáticos notamos, por ejemplo, que habían expandido los circuitos dedicados al cálculo. Por ejemplo, cerca de las zonas del cerebro dedicadas a los números están las neuronas que nos permiten reconocer las caras de la gente y los nombres. La expansión de respuestas a fórmulas matemáticas viene muchas veces acompañada de una disminución en la capacidad, por ejemplo, de recordar la asociación entre nombres y caras. El cerebro recicla sus superficies y, cuando te enfocás en una determinada función, se expande en detrimento de otras.
Noticias: Dicen que, cuando una persona pierde uno de sus sentidos –por ejemplo, se queda ciego–, esas neuronas son reasignadas a otra cosa. ¿Es algo así?
Dehaene: Hace un tiempo hicimos un estudio sobre matemáticos profesionales no videntes (algo que yo ni sabía que existiera… chicos con infancias difíciles que encontraron en los números un consuelo: algo que podían hacer solo dentro de sus cabezas sin necesidad de ver). Cuando escaneamos sus cerebros descubrimos que, a la hora de la matemática, se activaban neuronas en la zona occipital, una región dedicada a procesar información visual. Tenían la parte del cerebro correspondiente a los números activa y esta otra como un adicional.

 

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