Personajes / 18 de abril de 2016

Iván de Pineda: “Los libros siempre me acompañaron”

Tras una sólida carrera como modelo, conduce “Pasapalabra” y “Resto del Mundo”. Cultura, mirada romántica y noviazgo eterno.

Es modelo superexitoso pero rompió el estereotipo el día que ganó un concurso de preguntas con Susana Giménez. Filmó una película, ganó premios, incluido el Cóndor de Plata Revelación, y se fue a su casa. Tiene una novia eterna pero no se casó ni calma los nervios mediáticos poniendo fecha. Puede vérselo en eventos en Punta del Este pero jamás juega de personaje adiestrado para vidriera. Le ofrecieron un cargo de funcionario y no aceptó. Conduce dos programas en El Trece, y aunque demuestra una sólida cultura general, no trata con soberbia ni a desconocidos ni a famosos. Brilla adonde entra sin opacar al resto.

Habla mucho, largo y lucido pero solo, respetuosamente, contesta lo que quiere. “Todos tenemos un rol a cumplir. Hay cosas que hay que saber hacer bien y hay gente formada para ejercerlo. Yo soy un conductor de televisión”, dice Iván de Pineda, la cara en ángulos, la mirada bálsamo, la percha infinita que aparece cada semana en “Pasapalabra”, “Los 8 escalones” y “Resto del mundo”.

Que nadie suponga que a la cuenta de un, dos, tres, apunte y dé en el blanco, al centro de los ojos: no es su estilo. Rodea el objeto, merodea, envuelve e hipnotiza. Tiene un arma invisible en la distancia afable que convierte en orcos a quienes la cruzan. Pisa firme pero liviano, camina por todos los suelos pero nunca se hunde en el barro. Cosecha sin rapiña y espera tranquilo: los dioses han sido generosos como para provocarlos.

Noticias: ¿Por qué no puede decir cuáles son sus ciudades favoritas?

Iván de Pineda: Porque no puedo. Me cambió la vida viajar, interactuar con gente de lugares muy distintos al nuestro. Al principio tenía mis sitios preferidos, donde me había sentido más cómodo. Pero a medida que fui conociendo, aprendí a encontrar lo positivo a cada lugar: la arquitectura, gastronomía, paisajes, historia. Siempre me tratan bien, me abren sus casas y me dan su tiempo. Como ejemplo, podría decir dos ciudades incomparables, como Edimburgo y Tokio, porque se trata de diferencias a las que les encontrás atractivos. Viajar te enseña y te hace valorar lo que tenés y no prestás atención.

Noticias: ¿Todavía se sorprende?

De Pineda: Todo me sorprende. Hay tanto más cuando uno cree que lo vio todo. Perder el asombro es perder la posibilidad de abrir tu mente. Ver el centro de entrenamiento de astronautas; o el ensayo de ballet en el teatro Mariinski de San Petersburgo y yo que soy un patadura, no podés creer; o el amanecer en el Monte Everest o en el Aconcagua.

Noticias: ¿Alguna vez metió la pata con alguna costumbre?

De Pineda: No, trato de estar al tanto de las formas en otras culturas. Es importante porque te abre y cierra puertas automáticamente.

Noticias: ¿La vida del viajero es la manera más romántica de pasar el tiempo?

De Pineda: Tengo una imagen romántica de las cosas; uno ve el pasto más verde del otro lado de la cerca. Ves a un profesor estudiando en la biblioteca de la Universidad de Cambridge y lo idealizás y quizás al tipo le gustaría irse a otro lado. Estoy fascinado con lo que hago, todo me suma, son pequeños satélites que en algún momento vas a usar. Tengo una imagen romántica de lo que hago pero me lo tomo con mucha responsabilidad y profesionalismo. No viajo por placer sino para comunicarlo. Inclusive con un día libre, lo asumo de manera responsable.

Noticias: Lector de libros de aventuras, ¿qué personaje histórico le habría gustado ser?

De Pineda: Me gustaría haber crecido en una época analógica. Los libros significaban muchísimo. Era miope y me costaban los deportes. Después me operé y me cambió la vida. Pero los libros me acompañaron siempre, en todos mis viajes. En casa había muchos y pasaba de la ficción a las enciclopedias para chequear nombres y fechas. Lo sigo haciendo con las series, cuando algo no lo sé, lo busco. Es una manera de viajar. Tenía épocas en que leía todo Grecia y Roma, o todo Alejandro Dumas, soy fan de “El conde de Montecristo”; o Emilio Salgari y “Sandokán”; me gustaba Yañez de Gomara que era un amigo incondicional. Me ponía en la piel de los personajes, es muy lúdico.

Noticias: Chicato, lector, patadura: ¿cómo la pasaba en el colegio?

De Pineda: Bien. Cuando entré al colegio, armé la biblioteca y hacía un taller literario. En la secundaria armamos un teatro de marionetas y hacíamos los clásicos del Siglo de Oro español. Estaba integrado, nunca fui el mejor alumno pero era curioso, inquieto. Siempre tuve apoyo en casa. Toda mi vida recibí libros de regalo.

Noticias: Protagonizó y recibió buenas críticas por “Cuando ella saltó” (Sabrina Farji, 2007). ¿Dónde quedó la carrera de actor?

De Pineda: Una gran experiencia. Se alinearon tiempo y espacio y pude hacerlo. Hacía teatro desde chico. La directora me lo ofreció y filmamos dos meses seguidos. No me gusta tomarme lugares que no me corresponden. Están los actores que estudiaron y trabajan hace muchísimos años. Ver trabajar a tanta gente talentosa fue un gran aprendizaje pero no es mi lugar, estoy lejos de eso.

Noticias: ¿Cómo se define como conductor, qué lo recorta del resto?

De Pineda: La empatía me parece importante, el ida y vuelta con el otro y ser respetuoso además de divertirme. Me tomo las cosas muy en serio. Me importa el laburo de los demás, no sólo el mío, eso te enaltece.

Noticias: Todos remarcan que es su cultura lo que hace la diferencia.

De Pineda: Y, los encasillamientos… Antes era el modelo, me dio muchas satisfacciones: aprendí idiomas, viajé, conocí gente y no tuve necesidad de salir a defenderme. Si aquel día en “El imbatible” de Susana Giménez perdía, no hubiera dejado de ser el que soy. No por contestar bien o mal sos el culto o el frívolo. Soy curioso y tengo muy buena memoria. Pero los que saben son otros. No puedo hacer un sudoku y quizás otros pueden aunque no contesten preguntas. ¿Y eso quién lo ve? La lectura fue un refugio, lo veo como algo natural y orgánico para mí.

Noticias: Gerardo Sofovich hacía una puesta en escena de esos conocimientos. ¿Cómo se llevaba con él en “Los 8 escalones”?

De Pineda: Lo conocí el primer día del programa. Me llevé muy bien. Sólo lo veía en la televisión. Podíamos quedarnos unos 15 minutos hablando sobre una pregunta o algo que nos llamó la atención. Pero nada más.

Noticias: ¿Hay algo que lo enoje?

De Pineda: No, soy bastante tranquilo. La falta de respeto me puede enojar. Y suelo ser impaciente.

Noticias: ¿Qué sabor u olor lo lleva a algún recuerdo querido?

De Pineda: Todavía puedo cerrar los ojos y sentir el olor de mi primer viaje laboral, a los 17 años. Me acuerdo con quién hablé, a quién tenía sentado al lado. Cuando llego a un aeropuerto, se abren las puertas y recibo el viento en la cara, con el aire de la ciudad, siempre es diferente porque viene cargado de lo que cada lugar tiene.

Noticias: ¿Por qué le escapa al psicoanálisis?

De Pineda: Aprendí a ser autosuficiente en muchas cuestiones. Me tocó estar solo mucho tiempo. Tenía vuelos de 15 horas cuando los aviones no tenían pantallitas. Tenía contactos laborales por 24 horas con personas a las que nunca más volví a ver. Hice mis propias introspecciones, me hice fuerte.

Noticias: ¿Es creyente?

De Pineda: Sí. Estoy bautizado, tuve catequesis, a veces rezo a mi manera, trato de conectarme con mis raíces y mi ADN.

Noticias: Usted quería estudiar pero un tío mandó una foto a una agencia y le cambió los planes. Sin embargo, se adaptó a cada cosa que apareció.

De Pineda: Sí, quería ser abogado y no terminé el CBC. La vida es afrontar los caminos que uno busca y los que aparecen, sean piedras u oportunidades. Soy una especie de camaleón, me siento cómodo en todos lados.

Noticias: Es como si tuviera el don de sobrevolar muchos ambientes sin contagiarse sus vicios.

De Pineda: De todo lo que he hecho, me llevo algo que se adecua a lo que soy. Era modelo desde chico, había viajes, fiestas, novedades todo el tiempo pero me enganchaba con la cultura de cada lugar, el idioma, no es que estuviera mejor o peor que lo que hacían otros; o la actuación, me llevé algo muy valioso; son cosas que adquirí y agrego a mis inquietudes. Llegué a Buenos Aires desde España cuando era muy chico y para conocerla, recorría la ciudad tomando distintos colectivos, yendo de una punta a la otra, observando, entendiendo el pasaje. De todo saco algo porque estoy conectado. Siempre he sido así, muy normal.            L

 

Leni González

@lenideescalada

 

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