Sociedad / 22 de mayo de 2016

Cómo es el submundo violento de las bandas motoqueras

Hell’s Angels vs. Tehuelches. Códigos, rituales, negocios y el mérito para ascender en la estructura interna de cada organización. Qué dejó el tiroteo de Luján en el que hirieron al guardaespalda Dani “La Muerte”.

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Los Hell's y los Tehuelches mantienen un enfrentamiento histórico.
Los Hell's y los Tehuelches mantienen un enfrentamiento histórico.

Chalecos de cuero, borcegos, tatuajes y el gesto de un tipo duro. Ser un motoquero no significa exclusivamente tener una Harley Davidson. Se trata de un modo de vida en el que hay que comprometerse, respetar y defender los colores del grupo del que se forma parte. Hasta el tiroteo en Luján, pocos sabían que, en la Argentina, existían bandas de motociclistas organizadas, con una estructura interna, rituales propios y un enorme sentido de pertenencia.

El enfrentamiento que dejó gravemente herido al guardaespaldas de famosos, Dani “La Muerte”, puso en evidencia las disputas ideológicas y territoriales entre estos grupos. Se trata del sórdido mundo de los Hell’s Angels vs. los Tehuelches, dos clubes de motos que, según algunas versiones, vienen enfrentándose hace años.

Dani pertenece al emblemático Hell’s Angels, o Ángeles del Infierno, un grupo que se conformó en Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial y que se expandió durante más de medio siglo por todo el mundo. El domingo 15, cuando parte de sus miembros argentinos se dirigían por la ruta 5 a Trenque Lauquen para asistir a un encuentro de motos, se encontraron con sus rivales: los Tehuelches, un club nacional nacido a fines de los ’90 con fama de ser ex policías simpatizantes del nazismo.

Versiones enfrentadas. Aunque la investigación judicial todavía no pudo determinar las razones de los 150 disparos que dejaron heridos a miembros de los dos bandos, en el mundo motoquero circulan dos hipótesis. Uno de los miembros de Tehuelches aseguró a NOTICIAS que los Hell’s “llevan años intentando imponerse sobre el resto de las agrupaciones y que, al encontrarse con uno de sus enemigos (Leonardo Gatto) indefenso en la ruta, decidieron disparar”. Según esta versión, las diferencias entre los grupos radican en una cuestión de dinero: “Ellos quieren ser los únicos y monopolizar la organización de eventos, que deja mucha plata. Hace años que van a los encuentros y se ponen violentos. Leo es uno de los que se plantó para defender esta movida, que si no fuera por ellos es muy tranquila y familiar”, agregó otra fuente cercana a los Tehuelches que conoce el universo motoquero.

Por su parte, los Hell’s se defienden y subrayan que lo que sucedió “fue una emboscada” de sus archienemigos que responde -según ellos- a una “persecusión” de la que es víctima su grupo desde hace años. “En Estados Unidos este club es considerado una asociación criminal y se le aplica una ley especial, la ley RICO, que reduce las garantías individuales, admite la prisión preventiva de manera automática y le permite a la policía infiltrarse en la organización”, explicó Miguel Arce Aggeo, abogado del norteamericano Paul Eischeid, un integrante de los Hell’s que está preso en la Argentino y que tiene pedido de extradición en los Estados Unidos. El letrado afirmó que lo que sucedió en Luján “no es inocente” y agregó: “De un lado tenés a un grupo de personas que va a un encuentro de motos. Del otro, a un grupo de ex policías que atacan. No le dispararon a cualquiera sino al que mejor prensa les iba a dar”. Lo cierto es que, más allá de quién inicó la gresca, estas pandillas no parecen ser ingenuas: ambas estaban armadas hasta los dientes.

Pasión y jerarquías. Los dos grupos con los que dialogó NOTICIAS reniegan de la fama violenta que tienen los motociclistas. “No somos diferentes a los dutboleros. Nos gustan las motos y viajamos para encontrarnos con otros que comparten el mismo sentimiento”, afirmó un miembro de Los Lobos, otra de las agrupaciones motoqueras.

Sin embargo, pertenecer a este mundo no es tan simple como hacerse socio de un club de fútbol. Quien quiera sumarse, debe acercarse al grupo y convertirse primero en un “hangaround” (aspirante), luego en un “prospect” (postulante) y finalmente, si el resto lo acepta, podrá ser un miembro pleno (“fullmember”). Llegar a ese nivel significa mucho: sólo quien oficialmente forma parte de la agrupación puede utilizar el chaleco con el logo que la identifica. Este se va completando a medida que el aspirante va acumulando méritos. Al igual que las insignias militares, los parches del chaleco son logros que cada motoquero cumple (desde asistir a eventos hasta participar en determinada cantidad de viajes). Desde todos los clubes insisten en que esto es así porque “quien anda con un chaleco no actúa por sí solo sino en nombre de sus compañeros. Hay que asegurarse que sea una persona de bien y que no haga quedar mal a la organización a la que pertenece”, explican. Rara justificación si se tiene en cuenta la balacera de Luján.

Los rivales de los Hell’s los acusan de ser los más extremos a la hora de imponer exigencias a los novatos y aseguran que para entrar a la facción local del mítico club norteamericano, los “hangaround” llegan, incluso, a degradarse. “Para que consigan méritos, los miembros los exponen a peleas, los hacen limpiar los baños y humillarse”, contó el integrante de Los Lobos. Sin embargo, del otro lado minimizan estas acusaciones: “No es así. Las tareas se reparten sólo para poder organizarse mejor”, detallan.

Los Hell’s, además, tienen un grupo especial que los apoya, conocidos como los supports. Son personas que simpatizan con ellos y que se identifican con el número 81 (en el abecedario la H, de Hell’s, es la letra número 8 y la A, de Angels, la número 1). Para ser “amigo del club” no hay requisito alguno.

A pesar de que todos comparten un mismo estilo, cada agrupación es un mundo aparte. Algunos, como los Tehuelches, tienen una estructura jerárquica muy cerrada que parece estar más vinculada a lo militar que a la de un grupo de amigos. Entre otros cargos tienen un presidente, un vicepresidente y un sargento de armas. Sin embargo, desde el club insisten en que esos nombres son meramente “tradicionales”.

Además, cada club tiene su propio estatuto interno. Los Lobos, por ejemplo, se enorgullecen de ser uno de los pocos que acepta miembros mujeres y sólo piden que los integrantes del club cumplan algunos requisitos como viajar en moto ocho veces al año, tener un mínimo de 800 kilómetros recorridos y asistir a cuatro eventos anuales.

Contra las apariencias. Además de renegar del término “motoqueros”, insisten en que no son violentos. “Hacemos muchísimas movidas solidarias. En La Plata, por ejemplo, tenemos convenios con el Hospital de Niños. Pocos saben que ayudamos a las familias que llegan desde el interior y les damos alojamiento. Está instalada la idea de que somos faloperos y que violamos chicas, pero es todo lo contrario”, señalan desde Los Lobos.

Sin embargo, la balacera en Luján puso al descubierto que los clubes de motociclistas son algo más que un grupo de amigos apasionados por los fierros y con diferencias de colores. Las armas incautadas y las acusaciones cruzadas muestran que la disputa es de larga data y que no fue un enfrentamiento aislado. Aunque ocultos, los motoqueros argentinos están instalados en el país con sus reglas, sus tatuajes y sus rencillas internas.

 

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