Opinión / 26 de mayo de 2016

¿Lo peor del ajuste ya pasó?

Después de cuatro meses de avance de precios, vendría un tiempo con menor presión inflacionaria. Cómo revivir el consumo.

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Concretamente, de acuerdo al Índice de Precios al Consumidor, IPC oficial de la Ciudad de Buenos Aires, en abril la inflación minorista pegó un salto de 6.5%, el mayor incremento para un solo mes desde el 2002, por lo que en los primeros cuatro meses del año la inflación minorista acumuló el 19%. La performance de los precios era esperada por el anuncio anticipado de ajuste de tarifas de los servicios públicos: de hecho, el salto lo explicaron los incrementos de tarifas de gas (184%), agua (104%) y de transporte público (27%) que aportaron 4.5 puntos porcentuales a la inflación del mes porteña. El fuerte dinamismo que tuvieron los precios en los primeros cuatro meses del año en un contexto de nula creación de empleos y paritarias que no cerraron a tiempo, implicó un duro golpe para el consumo de las familias que están ajustando su nivel de compras como en el 2014 (tras la devaluación de Axel Kicillof). Dado que el ajuste de tarifas de servicios públicos se concentra en la región metropolitana, cobra relevancia el análisis del ahora “famoso” IPC resto (o “subyacente” o “core”) que excluye precios regulados y estaciones de manera tener un indicador de precios más representativo de la dinámica y tendencia inflacionaria. En este sentido, la buena noticia fue que el IPC resto marcó un alza de 2.8%, o sea 0.7 puntos porcentuales menor a marzo y el menor incremento desde noviembre.

Más allá de estas cuestiones metodológicas, uno de los aspectos más destacados del IPC de la Ciudad de Buenos Aires es la dinámica descendente que viene marcando la inflación en alimentos. En abril aumentaron 1.8%, la menor suba desde octubre del 2015 e idéntica a la registrada un año atrás. Esto permitió que se estabilizara en el 34% anual. Buena señal si se tiene en cuenta el peso relativo que tienen los alimentos en la canasta de consumo, especialmente de los hogares más pobres donde representa casi dos tercios del gasto. Así las cosas, esperamos un mayo con cierto traslado a precios por el efecto de ajustes de tarifas y salarios que seguramente impacte en los costos de empresas. Es por ello, que proyectamos una inflación en torno al 3.5% que, si bien es alta, marcará el fin –al menos de acuerdo a nuestro escenario base- de fuerte suba de precios. Ya para junio y en especial para el segundo semestre podría perforar el 2%.

Mientras la inflación minorista tiende a “aflojar”, los acuerdos salariales serán determinantes para detener la caída del consumo. Dada la presión por el salto inflacionario, las paritarias cerraron por encima de lo esperado promediando ajustes salariales en torno al 35% para los gremios que acordaron por doce meses mientras que los que los que hicieron acuerdos por 6 meses pactaron un incremento inicial en torno al 22%. Así las cosas, tras el derrumbe que tuvieron  los salarios en términos reales, de a poco irán recuperando terreno.
Sin dudas fueron épocas de ajustes y reacomodamientos de precios que tuvieron mucho impacto en el consumo. El gobierno no tomó las medidas necesarias para moderar el impacto del ajuste basado en un diagnóstico equivocado. Descontando que no habrá nuevos ajustes tarifarios y en un contexto de estabilidad cambiaria, seguimos mirando el mediano plazo con mucho mayor optimismo sabiendo que lo peor ya pasó.

Deberíamos agregar en este cuadro de situación, el contexto internacional que nos vuelve a jugar a favor. Aunque todavía con perfil bajo y sin el brillo de otros tiempos, la enorme liquidez en los mercados financieros, el debilitamiento del dólar y la recuperación en el precio de las materias primas son aliados para la estabilidad del mercado cambiario actual. Si bien los riesgos persisten, todo indica que el contexto global continuará jugando a favor en una economía que necesita volver cuanto antes a los mercados financieros. Desde fines del año pasado, el contexto internacional se fue tornando cada vez menos hostil con las economías emergentes. El flojo desempeño de la actividad en un contexto de riesgos de deflación en las economías más desarrolladas fueron la excusa ideal para que los principales bancos centrales mantuvieran los estímulos monetarios. Se destaca la actuación de la Reserva Federal de los Estados Unidos que desde que subió la tasa de referencia a 0,5% en diciembre del 2015, en las minutas de los últimos meses se mostró más dubitativa ante el panorama económico de los Estados Unidos y del mundo, por lo que no dio señales de nuevas subas de tasas. Solo en su última reunión, abrió la puerta de una eventual suba de tasas en junio si se consolida el crecimiento de los países desarrollados y del empleo. En este escenario el dólar a nivel global, que se venía apreciando (logrando el valor más alto desde el 2002), comenzó a debilitarse (en lo que va del año cayó más de 6%) al tiempo que las tasas de interés de los bonos del Tesoro a 10 años cayeron más de 0,5 puntos porcentuales hasta 1,7%, un nivel históricamente bajo.

Con el dólar más debilitado, los precios de las materias primas interrumpieron su caída y empezaron a subir. Por lo que presenta a nivel global, lo más destacado fue el precio del barril de petróleo que de los US$ 23 de principios de febrero ahora cotiza por encima de los US$ 45. La soja mostró el mismo camino, incluso mejor debido a factores climáticos que provocaron una reducción en la oferta que llevaron el precio a casi US$ 400 la tonelada, casi US$ 100 más que el de fines del año pasado. En otros términos, aunque es muy difícil que vuelvan a las cotizaciones récord, es importante notar que por primera vez en 2 años los precios actuales son más altos a los de un año atrás.

La mejora del contexto internacional sumado a los avances que hizo la Argentina para corregir las cuentas externas (devaluación, liberalización del mercado de cambios y salida del default) generan un colchón para el mercado cambiario. De hecho, desde marzo se observan mejoras en todas las cuentas del balance cambiario. Por un lado, las exportaciones del agro sumado al mayor financiamiento de las importaciones mantienen el superávit comercial liquidado al tiempo que es cada vez más ágil el ingreso de capitales ya sea por inversión directa, de cartera como por préstamos. En la salida de las provincias a los mercados financieros internacionales (hasta ahora Buenos Aires, Neuquén y Mendoza) las ofertas de suscripción de bonos fueron hasta 5 veces superiores a lo emitido. Con más oferta y tasas de interés en pesos muy elevadas y sin cepo, la demanda de dólares se redujo notablemente, incluso se observan claras mejoras en el saldo de la cuenta de viajes y la demanda de dólar para ahorro se redujo a un tercio de lo que era a principios de año. En otros términos: sobran dólares.

Vemos así que la dura transición hacia una economía menos intervenida y regulada se encuentra con un contexto internacional favorable que persistirá por más tiempo al que esperábamos. La dificultad de la economía de recuperar velocidad de crecimiento y con riesgos de deflación mantiene el ciclo de políticas monetarias en los países desarrollados muy expansivas contribuyendo a la liquidez global. Es un aliado para aprovechar y avanzar hacia las correcciones que necesita la macroeconomía local.

 

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