Personajes / 11 de junio de 2016

Hernán Casciari: “Quería morirme de un infarto y me infarté”

El autor de “Más respeto que soy tu madre” estrenó “Una obra en construcción”. Chau drogas, políticos aburridos y crítica a editoriales.

Parece sólo hacer aquello que lo divierte. Y le divierten muchas cosas. En 2002, mientras vivía en España, le divirtió tanto escribir un blog para siete amigos de Mercedes que lo transformó en un fenómeno literario: “Más respeto que soy tu madre” fue de los primeros weblogs que hizo el salto y se convirtió en un libro. Libro que Antonio Gasalla adaptó para los escenarios porteños y arrasó. Pero como no le divirtió nada trabajar para la industria literaria, armó su propia editorial: su blog de cuentos Orsai se convirtió en Orsai Ediciones y sólo edita libros que él querría tener. Mario Pergolini le ofreció que leyera cuentos de tres minutos en Vorterix. A partir de esa voz que comenzó a explorar tonalidades y modulaciones, nació “Una obra en construcción”, una puesta semimontada en la que participa casi toda su familia. Como sus cuentos son autor    referenciales, Hernán Casciari recibe sopapos de su madre en el escenario en Santos 4040. Este experimento, que sólo iba a durar por marzo, tuvo tal repercusión gracias al boca a boca, que “está todo vendido hasta agosto”, cuenta en su casa de Villa Urquiza, que comparte con su nueva mujer, Julieta, socióloga de 32 años con la que estaba en Uruguay, a poco de iniciar la relación, cuando Casciari sufrió un infarto y casi se muere. Pero no se murió.
Noticias: ¿Cómo es la vida después de un infarto?
Hernán Casciari: Estoy re contento (risas). Fue loco porque venía mal, con una depresión que no asumía y detoné: comía y fumaba más. Pesaba 125 kilos, 30 más que ahora. Siempre pensé que me iba a morir entre los 45 y 50 años.
Noticias: ¿Por qué?
Casciari: Con mí sobrepeso, con lo que fumaba, no me movía: ni siquiera caminaba. Me daba lástima por mi hija pero decía: “Mi vida estuvo buena y prefiero morirme así a que de cáncer, despacito”. Porque estaba convencido de que tenía 14 cánceres. Y quería morirme de un infarto. Entonces, me infarté. Por azar, zafé. Estaba en Uruguay, en un lugar lo suficientemente alejado como para no llegar a ningún lado a tiempo. Pero la dueña de casa me subió a un auto y salió para el hospital, que estaba a unos 20 minutos. Justo había salido campeón Peñarol y la calle estaba atestada. La dueña ve un patrullero y le dice que llevaba un infartado, que hiciera sonar la sirena. Llegué en 19 minutos. El médico me dijo que 25 minutos era muerte. Resultó que no tenía cáncer y que si dejaba de fumar y no comía más con sal, no me moría a los 45, puedo llegar hasta los 80. “¿Era eso nada más?” Listo, hago otra vida: dejé de fumar y salgo a caminar a la mañana.
Noticias: ¿Y las drogas? Porqué en su blog Orsai ha contado infinidad de historias de cocaína y marihuana.
Casciari: Nada. Nunca fui tan sano.
Noticias: ¿No extraña esa vida?
Casciari: No. Al mismo tiempo me separé de la madre de mi hija Nina (13), por la que me fui a España. Volví a vivir acá, me enamoré de Julieta; estoy con mucha felicidad. Comer panceta, fumar porro todo el día, vivir de noche y no caminar pertenece a una vida española. Acá es todo nuevo.
Noticias: No le gustó España.
Casciari: No compartía los códigos. Me di cuenta en la primera sobremesa con los amigos de mi mujer que no los podía hacer reír. El español no puede hablar en abstracto, sólo de circunstancias: de otra persona o de la tele. Para los españoles, nosotros damos vueltas y no decimos nada. Pero en eso hay un arte. Nunca contás una anécdota por la mitad. El español te cuenta algo que no tiene moraleja.
Noticias: Pero dejó a su hija en España. ¿Cómo lidia con eso?
Casciari: La saqué buena. Nina es una sucursal de Argentina. En abril fue su cumple, yo estaba allá y en el medio del festejo todas las nenitas cantaban “Prófugos” de Soda Stéreo. No prende la televisión. Mira series de acá, sabe que “Los ricos no piden permiso” compite con “Educando a Nina”. Cuando viene quiere ir en forma permanente al teatro porque puede ver en vivo a los que ve en la tele.
Noticias: Hubo un trabajo ahí…
Casciari: Sí, pero no fue por chauvinismo si no para tener a alguien con quien hablar. Tenía algo que era de arcilla y me dije: “Metamos información y charlemos”. Terminé haciéndome amigo de mi hija. Me salvó.
Noticias: ¿Cómo empezó con “Weblog de una mujer gorda” (“Más respeto que soy tu madre”)?
Casciari: En el 2002 apareció en el suplemento de tecnología de El País una cosa nueva llamada blog. Sólo había doce blogs en castellano y eran de gueto cool, nada popular. Se me ocurrió, como un chiste que iba a durar una semana y que era para mis siete amigos de Mercedes, que entre esos blogs se metiera una vieja a hablar del precio de la pizza y del marido que no laburaba. Para que se dieran cuenta de lo pelotudos que eran queriendo ser cool porque hasta una vieja podía escribir un blog. De repente, aparecieron comentarios de otros países. Cuando vi eso me hice el gracioso.
Noticias: Aclaró que del kirchnerismo no podía hablar porque no estuvo en el país, sin embargo escribió “¿El domingo en casa?” (Un grupo de amigos separados por la grieta que se junta a ver la final del mundial 2014).
Casciari: Este conflicto es la historia del país. No quise hablar de política estando allá por respeto. Alguien me iba a contestar y con razón: “¡Vení acá a padecerla!”. Pero no porque no tenga ideología. Pateo para la izquierda.
Noticias: ¿Qué izquierda? Acá está muy confusa y muy amplia.
Casciari: Me costó 15 años explicarles a los españoles qué es el peronismo. Terminé diciendo que en la Argentina hay apolíticos o peronistas. Peronista significa “Me interesa la política”.
Noticias: Radical también.
Casicari: ¡No!
Noticias: ¡Sí!
Casciari: Pero esta no es la época de los radicales. Hay matices de peronista: verde claro, verde oscuro, verdolaga…
Noticias: ¿Cómo ve el país?
Casciari: Cuando fui a España estaba (José María) Aznar, después (Mariano) Rajoy, vuelvo y está (Mauricio) Macri… son todos el mismo. Me aburre esa gente. No sólo en la política, también en el supermercado. Son caretas. Tienen una concepción del mundo que no tengo ni voy a tener. No es político, es biológico antropológico. Y que tomen decisiones sobre la cultura es una tristeza  grande.
Noticias: ¿Cómo se le ocurrió armar esta obra de teatro?
Casciari: No hubo una idea. Un día me escribe Mario Pergolini y me cuenta que su hijo había comprado un libro mío y que se estaba matando de risa. “Esto es muy radial. ¿No querés leer un cuentito por semana en la radio?”. Tenían que ser de tres minutos. Me parecía una locura aburridísima y pedí una plata imposible como para que me dijera que no, ¡y dijo que sí! Ahí descubrí lo divertido que es achicar tus propias cosas. Esa voz engolada que uno pone cuando te gusta escucharte…
Noticias: Un ejercicio para el ego.
Casciari: Exacto. Se convirtieron en mejores cuentos: los “tal vez” se convertían en “capaz”. Cuando el personaje era mi vieja o mi hija cambiaba el tono de voz y me empecé a cebar. Me bajé un programa de sonido, ponía graves y agudos según el personaje, me compré un micrófono profesional. Al oyente le gustó mucho y vendí más libros. La cola en la Feria del Libro cambió y aparte de la señora que me hablaba de literatura venía un chabón vestido de negro que me decía: “¡Gordo drogón!”. Me invitaron al Cosquín Rock a leer cuentos. En uno de estos recitales se acercó un tipo y me dijo: “Te pongo una luz acá, otra acá y salimos por los barrios”. Pero quería hacerlo de a poquito. Entonces decidí hacer un semimontado: seguir leyendo pero cuando apareciera mi vieja (Porque en mis cuentos aparece mi vieja, mi hermana, mis amigos, mi vecino, mi cuñado, mis primos) en lugar de hacer su voz, que estuviera mi vieja. Y mi cuñado también. Y los invité. Hoy somos 14 en escena. Todos familia menos un invitado sorpresa que es celebridad como Mercedes Morán, Kevin Johansen, Mario Pergolini o Andy Kusnetzoff.
Noticias: ¿Por qué decidió armar una editorial?
Casciari: Cuando me propusieron hacer el libro toqué el cielo con las manos. Me di cuenta de qué era un cielo de “garcha”. Mondadori, Plaza/ Janés, Sudamericana… Además de que te afanan y no imprimen lo pactado, son aburridos. No se dan cuenta de que hacen lo más lindo en el mundo: libros. No les importa si la hoja es blanca o ahuesada, si el tipo de fuente es Garamond o Times. Cuando me llegó el libro que me edito Grijalbo, la tapa no era la que habíamos decidido y lo habían puesto bajo Autoayuda. Fue el día que renuncié a todo.
Noticias: ¿Qué explicaciones le dieron?
Casciari: Que la crisis del papel, que la gente lee menos, etc. y es todo mentira. Es codicia pura. Hay un dueño arriba, banquero, al que no le gustan los libros. Quise demostrarles que sus excusas son mentiras. Entonces armé una editorial con gente muy amiga.
Noticias: ¿Edita sólo sus libros?
Casciari: (Se levanta y muestra un libro rectangular, de tapa dura y papel ilustración titulado “El gran surubí”). Este libro es mágico, es una novela en soneto de Pedro Mairal con dibujos de Jorge González, un argentino que vive en España y hace tapas para The New Yorker. También editamos el libro de Tute y mis libros, claro. Hago los libros que me gustaría tener en mi biblioteca.
Noticias: Son ediciones de lujo.
Casciari: Y el autor cobra el 50%, no el 9% como en la industria. También editamos la revista Orsai y Bonsai, su versión para chicos.
Noticias: ¿Y la distribución?
Casciari: La distribución es una mafia, la impresión es una mafia pero si lo hacés por afuera, te divertís como un chancho. La hacemos por Internet. Quisimos demostrar que se puede hacer bien y que se les podía pagar a los autores mucho sin publicidad ni subsidios.
Noticias: ¿Y se puede?
Casciari: Se puede.

 

Constanza Guariglia

Fotos: Marcelo Escayola.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *