Sociedad / 17 de junio de 2016

Famosas hipercirujeadas: mejor ser un monstruo que arrugarse

Las celebrities que se deforman el rostro para ganarle al tiempo. Revolución del concepto de belleza.

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La nueva cara de Meg Ryan.
La nueva cara de Meg Ryan.

En una sobremesa de esas que juntan a periodistas y sub-celebrities fui testigo de una conversación sin red. Los protagonistas son una mujer de alrededor de 60 (que atravesó la cena desperdigando bocados por el plato para no comer y renegó de un buen vino para hidratarse con agua) y un hombre de su misma edad que la conoce desde hace años.

– “Te operaste de nuevo” -le dice él.

Ella se sonríe y parece contenta de que lo haya advertido. Pero entonces el inquisidor vuelve a la carga:

– “Decime cómo te ves: ¿veinte años más joven?

-“Naaaaa”.

-¿Diez?

(Ella niega con la cabeza)

-¿Tres? ¿Y para eso lo hiciste?

La crudeza del interrogatorio encierra una verdad: los rostros “hiper cirujeados” no logran rejuvenecerse; apenas se transforman en otra cosa. Ni joven ni viejo.

El curioso modelo, que a fuerza de repetición tal vez genere un nuevo arquetipo de belleza, viene avalado por las famosas del showbiz, ya habituadas a estrenar cara y vestido. Ver qué se hicieron esta vez es la apuesta de los fashionistas que las escrutan de zapatos a pómulos en cada aparición estelar.

La piel les brilla de tirante, sin rastros siquiera de esas marcas de expresión que tuvieron a los veinte. Labios de riñón. Cejas de susto. Dientes dracu-dracu. Esas caras sometidas sin pausa a cortes, costuras, rellenos y bótox paralizante de los gestos,vienen a contarnos que cualquier cosa puede ser mejor tolerada que las arrugas, incluida la monstruosidad.

La filósofa Esther Díaz se plantea “qué sentido tiene seguir desarrollando tecnología para vivir más años en una sociedad que siente un enorme rechazo por los viejos.”

Envejecer devalúa, pero el estigma se potencia sobre los estriados cuerpos femeninos. La genial Susan Sontag, que escribió largo sobre el el doble estándar entre géneros, lo dijo con simpleza contundente: “”Mientras los hombres maduran, las mujeres envejecen”.

¿Cómo sentirse feliz al ser observada, cuando se olfatea el rechazo social por los físicos maduros de mujer? Brigitte Bardot prefirió recluirse antes de seguir dando examen. Pero la mayoría encuentra en el cirujano plástico el aliado para enfrentar la batalla estético-cultural que les imponen los años.

Si la pérdida de belleza supone para las mujeres el fin del éxito y la vitalidad, es lógico que acudan al enmascaramiento de ocultar el DNI más que una cuenta off shore.

Hasta cuándo Susana Giménez debería usar melena infinita parece más fácil de responder que cómo reemplazársela. Y a falta de desfachatez para exhibir arrugas y adiposidades, cada tanto asoman, deformes e inhumanas, gladiadoras del plástico como la hollywoodense Meg Ryan, santa patrona de el reciclaje atemporal.

Con 90 años cumplidos, la pensadora feminista Jean Franco lanzó al futuro una invitación a las mujeres que vienen detrás: “Hasta que perdamos la vergüenza de sentirnos viejas no habrá un pensamiento político de la vejez. Tenemos que aprender a aprovecharnos de nuestra edad”.

La juventud camuflada, por ahora, ilusiona a sus portadoras y divierte a las audiencias que las miran con morbosa fascinación.

 

2 comentarios de “Famosas hipercirujeadas: mejor ser un monstruo que arrugarse”

  1. ¿Cirujeadas?. ¿Como de un ciruja, dicen?. ¿No sería mejor “operadas” o “retocadas”?. ¿O aludir directamente a la mala praxis?.-

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