Salud / 5 de julio de 2016

El déficit de atención podría afectar hasta al 12% de los adultos

Nuevos estudios señalan que el TDAH puede desarrollarse también después de los 20. Los síntomas son procrastinación, dificultad para relajarse y propensión al abuso de sustancias.

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El déficit de atención podría afectar al 12% de los adultos

“Mi hijo está absolutamente distraído con tantas ofertas electrónicas, y también nervioso por causa de una prueba o ansioso debido a algún problema que no sabe como enfrentar”. Muchas veces las preocupaciones paternas se disipan con el tiempo. En algunos casos, sin embargo, hay un problema médico. En todo el mundo va en aumento la cantidad de diagnósticos de déficit por trastorno de atención e hiperactividad (TDAH).
Son trastornos que afectan a uno de cada veinte niños. Quienes lo sufren padecen picos de falta de atención, impulsividad, inquietud y dificultades en el aprendizaje, síntomas claramente descriptos en más de 30 mil artículos científicos publicados a lo largo de los últimos cuarenta años.
La novedad ahora es que el trastorno, tan mencionado en la infancia y en la adolescencia, también puede surgir en la edad adulta. Dos nuevos estudios recientemente publicados en la prestigiosa revista científica Jama Psiquiatry (de la Asociación Médica de los Estados Unidos), sugieren que la enfermedad es también un mal que aqueja a personas de  mayor edad.
“Lo que encontramos puede implicar un cambio radical en el modo en cómo los científicos tratan el TDAH”, asegura Guilherme Polanczyk, experto en psiquiatría infantil de la Universidad de San Pablo (Brasil), y uno de los autores de los dos sondeos. De acuerdo con la regla actual que los expertos  siguen por protocolo, la prevalencia de los TDAH en la fase adulta es del 1,5%. Con las nuevas conclusiones que aportan ambas investigaciones, esa incidencia podría aumentar tanto como para alcanzar a un 12% de la población mayor de 20 años.
Diagnóstico. Según el consenso científico que rige actualmente, el TDAH es una afección del desarrollo cerebral originada en la infancia y, en la mayor parte de los casos, plenamente superada con la llegada de la madurez. Hasta ahora se ha estimado que apenas un tercio de los casos diagnosticados en la niñez avanzan una vez superada la adolescencia. Un adulto diagnosticado con el trastorno debe haber presentado síntomas del problema antes de los 12 años, de acuerdo con lo que establece el Manual de Diagnóstico y Estadísticas de Trastornos Mentales (DSM), usado internacionalmente como guía.
Uno de los estudios, conducido por el King´s College London (Colegio Real de Londres, en Inglaterra), propone otro modo de ver la enfermedad, a partir del análisis tanto de la vida cotidiana como del desarrollo a través de los años de gemelos adultos. De esa investigación inglesa participaron dos mil personas, 166 de las cuales fueron diagnosticadas como padeciendo TDAH: un 68% de ellos no presentó síntomas en la infancia.
Los resultados de la otra pesquisa, hecha en Pelotas, una ciudad del interior de Rio Grande do Sul (en Brasil), fueron en el mismo sentido. Los expertos se dedicaron a observar el desarrollo de más de cinco mil bebés nacidos en el año 1993. Se constató que el 85% de aquellos que fueron diagnosticados con TDAH no presentaron señales del trastorno cuando eran niños.
El TDAH es resultado de la inmadurez del córtex prefrontal, región del cerebro que está asociada a las funciones ejecutivas más sofisticadas, entre ellas la inhibición del comportamiento, la atención, la memoria, la organización y la planificación de las tareas. La disfunción lleva al desequilibrio de los neurotransmisores dopamina y noradrenalina, responsables de que la persona posea un ajuste adecuado del control inhibitorio. Sin ese freno funcionando correctamente, los síntomas se activan.
A cada tiempo su síntoma. Hay diferencias entre las reacciones de los niños y de los adultos con el trastorno, no se comportan del mismo modo. Los chicos no logran concentrarse en una misma actividad por más de diez minutos; tienen dificultades para leer y escribir; no permanecen sentados durante una clase en la escuela; interrumpen una pregunta o la responden sin esperar a que les toque hablar.
En los adultos, los síntomas son diferentes: es muy frecuente que procrastinen o posterguen para más tarde tareas que sí o sí deben cumplir; tienen dificultades para relajarse, aún cuando tengan un momento tranquilo; no logran respetar las jerarquías en sus trabajos; pueden tener propensión a abusar de sustancias adictivas como el alcohol o las drogas.
El tratamiento más común es el uso del metilfenidato, un derivado de anfetamina, comercializado con el nombre de ritalina. “La hipótesis principal es que los mecanismos de los trastornos serían los mismos en el adultos, pero los más viejos tenían una vulnerabilidad biológica que estaría activada por el exceso de demandas en esa fase de la vida”, explican los científicos a cargo del estudio inglés.

 

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