Ciencia / 15 de julio de 2016

Un 2% del ADN del ser humano moderno proviene del Neanderthal

Nuevos estudios en genética y biología evolutiva muestran que una docena de genes del Homo Sapiens provienen de especies anteriores.

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En Nueva Guinea, el 10% de la población tiene genes denisovanos.
En Nueva Guinea, el 10% de la población tiene genes denisovanos.

Hubo un tiempo en el que el planeta Tierra estuvo poblado por otras especies humanas, ahora ya extintas. Los Denisovanos, que habitaron Eurasia y desaparecieron hace unos 50 mil años, y los Neanderthales (más famosos), que dejaron de existir 10 mil años más tarde. Sólo el Homo sapiens quedó sobre sus dos pies.
Sin embargo, investigaciones científicas de los últimos años muestran que los seres humanos modernos no somos totalmente diferentes de aquellos primeros hombres. Dentro de nuestras células, incluso en el mismísimo ADN, seguimos teniendo cromosomas y trazas de cromosomas de aquellos antiguos ancestros.
¿Cómo pasó esto? De la manera más natural del mundo: porque las antiguas especies humanas tuvieron sexo con los primeros Homo sapiens. Con eso, su legado genético quedó asegurado hasta el presente. Y no solo de manera casual o leve, sino que la herencia genética abarca características que le permitieron a los seres humanos poblar áreas del planeta que, sin ese ADN traspasado y heredado de los Denisovanos y de los Neanderthales, no hubieran podido ser conquistadas.
Los seres humanos que no tienen descendencia africana heredaron entre el 2% y el 4% de su ADN de los Neanderthales; los indígenas Melanesianos tienen del 3% al 4% de su ADN proveniente de los Denisovanos. Y ciertos grupos cazadores del África Central poseen una pequeña proporción de especies que la ciencia aún no ha podido identificar: los expertos solo saben que ciertas especies humanas existieron, pero por el momento solo tienen ese dato, transmitido a través de huesos dispersos.
Un estudio reciente revela que un 10% del ADN Denisovano sigue vivo, existe, especialmente entre aborígenes de Papua Nueva Guinea. El mismo trabajo sugiere que alrededor del 40% del genoma de los Neanderthal podría reconstruirse a partir de los pequeños trozos que cada ser humano moderno transporta dentro de sus células.
De hecho, las investigaciones aseguran que si fuera posible combinar todo el ADN antiguo que aún subsiste en las personas que habitan actualmente el planeta, sería posible recuperar una importante cantidad de los genomas originales. El legado que los viejos parientes le dejaron a los Homo sapiens sapiens es posible gracias a los avances de la genética. Y también porque los cromosomas venidos de las épocas inmemoriales produjeron cambios muy notorios en el aspecto físico de las personas.
Por ejemplo. El cabello rojo y las pecas no son casualidad, y tampoco un rasgo característico e inventado por los hombres. Ese aspecto deriva del ADN heredado de los Neanderthales, así como ciertos rasgos de la salud de esos mismos pelirrojos pecosos.
El estudio de los genomas antiguos brindan además información relativa a las primeras migraciones humanas. En particular, un hueso de pie de un Neanderthal hallado en Siberia muestra que los Homo sapiens y los Neanderthales se mezclaron hace 100 mil años, unos 40 mil años antes de que el H. sapiens dejara África.
Sexo interespecies. Lo que sucede es que hubo unos cuantos dodecaabuelos que combinaron ambos genomas, lo que dió como resultado una hibridación entre los genes de los extintos primos Neanderthales y los de los humanos. Erik Trinkaus, de la Universidad Washington (Estados Unidos), reconstruyó la mandíbula de ese ser híbrido, con una intensa mezcla de rasgos neanderthales y humanos: molares traseros mucho más grandes que los dientes humanos modernos.
Pero los híbridos de aquellos tiempos milenarios no lucían muy diferente de cómo se veía el resto de los humanos. Tampoco recibían un trato distinto. Los científicos creen que esto fue así, y que la razón es simple: los híbridos fueron una característica del mundo humano desde los primeros inicios.

Otra investigación de este año que se hizo tomando como eje a tribus cazadoras del África y comprobó que, efectivamente, la cruza entre los primeros H. sapiens y otros humanos antiguos que habitaban el continente (los equivalentes africanos de los Neanderthales y los Denisovanos) era algo común. Y fueron estas relaciones sexuales cruzadas y el surgimiento de los híbridos que reunían características de diferentes ancestros humanos los que les habría dado las características necesarias para sobrevivir a los tormentosos cambios medio ambientales que llegaron con la era de hielo.
Los análisis estadísticos hechos sobre el genoma de las tribus de cazadores permitió a los científicos calcular que la hibridización terminó hace alrededor de nueve mil años. Lo que, a su vez, concuerda con los cráneos de doce mil años hallados en Nigeria, que mostraban una mezcla de características arcaicas y modernas.
Pero más allá de esos cráneos, no hay restos fósiles de especies humanas que hayan vivido al mismo tiempo que el H. sapiens en los últimos 200 mil años. Por ahora no hay otros más jóvenes, y hasta tanto no sean descubiertos no tienen nombres. Lo que queda claro, aún con esta estruendosa carencia, es que esas especies, como sea que fueran y se llamaran, fueron fundamentales para que los seres humanos modernos pudieran sobrevivir y conquistar el planeta, incluyendo las regiones más inhóspitas del mismo.
Homo promiscuo. Los ancestros humanos se aparearon con otras especies extintas en numerosas ocasiones. Cada vez, dos grupos se mezclaban durante generaciones, produciendo una cantidad de humanos híbridos cuyas trazas genéticas viven en nosotros.
Las estimaciones de los expertos indican que nuestras especies se mezclaron con otros humanos al menos media docena de veces. “Creemos que en cada ocasión cada grupo se apareaba repetidamente a través de varias generaciones -explica Joshua Akey a la revista The Scientist, desde la Washington University-, dando como resultado el nacimiento de niños híbridos”.
Un detalle importante, agrega, es que hay muy poco ADN procedente de Neanderthales y de Denisovanos en nuestro cromosoma X. Esto podría explicarse si los apareamientos hubieran sido en un mismo y único sentido, entre machos Neanderthales y hembras Homo sapiens. Por otro lado, hay otra explicación, y es que la falta de ADN antiguo en el cromosoma X podría estar demostrando que los híbridos tenían problemas de fertilidad: los genes que causan una reducción en la fertilidad masculina suelen hallarse en el cromosoma X”. Aunque otros especialistas creen que ambas explicaciones tienen su verdad.
De acuerdo con Sriram Sankararaman, de la Universidad de California  at the University of California, la infertilidad podría no deberse solamente a problemas en la genética. Tal vez los híbridos tenían problemas para encajar socialmente en sus grupos debido a su apariencia diferente.
Una quijada perteneciente a un varón de unos 40 mil años de antigüedad fue hallada en Rumania hace poco y podría ser la respuesta a algunas de estas preguntas. Los genetistas verificaron que posee un 9% de ADN Neanderthal (mucho más que el 2% al 4% de los actuales habitantes no africanos). Los expertos creen que el dueño de esa quijada debe haber estado separado de un híbrido Neanderthal-humano por apenas un par de generaciones. Y ese híbrido pudo haber sido mucho más antiguo aún que el dodecabuelo conocido de los humanos modernos.

 

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