Ciencia / 29 de julio de 2016

Armas biológicas: ¿pandemias prefabricadas?

Un premio Nobel analiza las posibilidades de que se produzcan ataques bioterroristas.

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Armas biológicas: ¿pandemias prefabricadas?
Armas biológicas: ¿pandemias prefabricadas?

Un grupo terrorista sofisticado podría desatar una pandemia? Sí, es una preocupación válida. Cualquier cosa que tenga que ver con esos grupos capaces de una violencia extrema justificada por una ficticia superioridad moral es  peligrosa. Pero el problema con desatar deliberadamente una pandemia es que, por definición, los patógenos que pueden propagarse a toda velocidad -como el virus de la influenza A- son imposibles de contener: van a todas partes. Incluso si los que liberan esos agentes infecciosos toman las medidas necesarias para ponerse a salvo, ¿cómo harían para extender esa protección hacia una amplia comunidad cuyos intereses supuestamente reivindican? A pesar de todo esto, desde el 11 de septiembre de 2011 y de los acontecimientos que se registraron en todo el mundo en la década subsiguiente muchos tienen la sensación de que los extremistas más fanáticos son capaces prácticamente de cualquier cosa, incluso de generar un ataque que a la larga acabe también con ellos.
Yo no estoy tan seguro. Esos dirigentes que inducen a los jóvenes a sacrificarse en aras de alguna causa “sana”, se ocupan minuciosamente de no correr peligro alguno: Imagino que se justificarán con la idea de que una acción así carece de sentido si en el proceso la cúpula del grupo resulta eliminada y ya no queda nadie para cumplir con los objetivos.
Pero, tal como se deduce de las muertes de varios trabajadores de la salud en Pakistán y Nigeria, aparentemente vivimos en una época en que e1 bienestar de nuestros conciudadanos, entre ellos niños y niñas, es menos importante que Ia necesidad de manifestar una creencia política. Muchos gobiernos se toman bastante en serio una posible amenaza bioterrorista, sobre todo aquellos países – como Estados Unidos, el Reino Unido y Rusia- que han sufrido algún atentado grave. Los CDC (Centros de Enfermedades de los Estados Unidos) enumeran unos 150 agentes infecciosos que llegado el caso podrían ser utilizados como armas biológicas. De todos modos, incluso si una célula terrorista pudiera acceder al virus o a la bacteria en cuestión -y algunos no son particularmente difíciles de conseguir-, la organizadón necesitaría laboratorios y la sofisticación tecnológica suficiente corno para replicar ese organismo en grandes cantidades. Además, deberían contar con la capacidad de hacer llegar esa infección a mucha gente. Por último, si bien varias de estas enfermedades pueden ser terribles, no se contagian tan fácilmente.
El problema de la transmisión se podría resolver en el campo de batalla lanzando, por ejemplo, dosis masivas mediante bombas o cohetes dirigidos hacia puntos específicos. O incluso, si el viento sopla en la dirección correcta hasta se podría usar alguna clase de generador de aerosoles. Pero habitualmente se considera que las armas biológicas son -como el gas venenoso que se usó en la Primera Guerra Mundial- inadmisibles desde todo punto de vista. Además de los reparos morales o éticos, estas armas son impredecibles, de modo que la mayoría de los agentes infecciosos no resultan particularmente eficaces como armas estratégicas ni tácticas.
Servirían, sí, para causar pánico generalizado. En sentido opuesto, incluso la posibilidad remota de que alguien sea capaz de usar esas armas puede servirles de excusa a aquellos que desean perpetuar la sensación de miedo para justificar acciones políticas represivas.
En términos militares, a nadie le entusiasma demasiado una guerra biológica. Si bien los Estados Unidos, el Reino Unido y Rusia tuvieron programas de armamentos biológicos durante la Segunda Guerra Mundial y los primeros años de la Guerra Fría, todos los intentos por producir, almacenar o probar materiales de esas característica cesaron en 1975, cuando entró en vigencia la Convención sobre Ja Prohibición del Desarrollo, la Producción y el Almacenamiento de Armas Bacteriológicas, Biológicas y Toxínicas. Este acuerdo fue rubricado por 163 países y, desde entonces, cualquier acción conjunta para investigar sobre el tema tuvo que ver con la defensa y no con el ataque.

Estados vs células. ¿Por qué frente a una posible amenaza con armas biológicas resulta más peligroso un Estado rebelde que una célula terrorista? Si bien es posible que un grupo terrorista pequeño y sofisticado pueda organizar alguna clase de ataque localizado, tal vez algo del calibre de lo que sucedió en Estados Unidos con el ántrax después del 11 de septiembre, cuesta un poco más imaginar de qué modo lograrían desatar una pandemia selectiva que resulte inofensiva para la gente cuyos intereses reivindican. No es que sea imposible. Pero sí muy poco probable. En este sentido, Ken Ali (un científico ruso que trabajaba con armas biológicas) planteó una posibilidad bastante aterradora: no todo el stock de agentes infecciosos que utilizaba la ex Unión Soviética para producir armamentos fue destruido, y no es imposible suponer que pueda caer en manos de terroristas o de algún grupo mafioso extorsivo.
Pero nuevamente: incluso la facción más irresponsable, ¿sería capaz de lanzar un ataque que tenga la capacidad de destruir a sus propias familias y comunidades? Por supuesto el riesgo en este caso es que no sepan exactamente cuán peligrosos son los materiales que están manipulando y no conozcan los posibles “efectos indeseables”.
Sucede también que para generar y producir un arma biológica capaz de causar una cantidad considerable de muertes y sembrar el terror en todo el planeta,mientras al mismo tiempo se evita dañar a una buena parte de la población (los “elegidos”), sería necesario un nivel de organización mucho mayor que el que poseen por lo general los grupos armados pequeños. Es claro que estas células logran sobrevivir precisamente porque se mantienen aisladas y evitan el uso de sistemas electrónicos de comunicación. Una logística de esas características es ideal, por ejemplo, para dar un golpe sorpresa, pero es raro que sirva para un ataque planetario con armas biológicas.
Incluso en el caso catastrófico de que un grupo así consiguiera, por ejemplo, una bomba atómica y la detonaren alguna ciudad grande, los daños de la explosión y los efectos co laterales serían locales y no globales, aunque el mensaje y el terror se harían patentes en todo el planeta.
Por eso creo que cualquier intento por desatar una pandemia utilizando armas biológicas tendría que venir de algún Estado terrorista. Si el plan, por caso, consistiera en usar el virus de la viruela, primero haría falta vacunar a Ia población del país atacante, y a los connacionales o miembros del mismo grupo étnico o religión que vivan en el extranjero. Hoy en día sólo reciben la vacuna contra la viruela unas pocas personas que trabajan en laboratoriosde investigación, y el proceso de vacunación (la escarificación del brazo) no se usa para proteger contra ningún otro patógeno. Ni siquiera el aparato de inteligencia más ineficiente o rudimentario del mundo podría no detectar un movimiento masivo de vacunas contra la viruela, y eso sin dudas haría sonar las alarmas relacionadas con la guerra biológica.

Posibilidades. Es importante transmitir el siguiente mensaje: todos aquellos que trabajan con agentes infecciosos peligrosos deben estar muy atentos, tanto a nivel local como global, y ponerse en contacto con representantes de las agencias de seguridad frente a cualquier alarma seria.
Sea que tengamos una opinión política de izquierda o de derecha sobre las cuestiones más relevantes, lo que no deberíamos hacer es desestimar la retórica de los extremistas. Es clave escuchar con atención lo que se dice. Cualquiera que hubiera logrado leer ese fárrago llamado Mein Kempf antes de que los nazis ganaran las elecciones federales en Alemania en 1933 seguramente no habría tenido dudas de las intenciones de Adolf Hitler, a quien la revista Times llamó en 1938 “El hombre del año”. Y sin embargo seguimos votando gente con posiciones ideológicas extremas. En términos de estabilidad nacional y global, la amenaza de una pandemia causada por una enfermedad infecciosa tal vez no sea necesariamente el mayor riesgo que debamos enfrentar.
¿Es poco probable una pandemia desatada por un ataque bioterrorista? Hay ciertos ataques biorerroristas localizados que parecen una amenaza plausible, por ejemplo distribuir esporas de ántrax por medio de cartas, verter toxina botulinica en alguna reserva de agua o diseminar un agente infeccioso virulento por medio del sistema de ventilación de algún edificio. Pero en cuanto a desatar deliberadamente una infección humana de alcance pandémico me parece que hay dos impedimentos básicos: sería muy difícil de poner en marcha (como en el caso de la viruela) y resultaría demasiado impredecible (como sucede con la influenza).
Si alguien quiere concitar la mirada de los medios de comunicación masiva, existen estrategias mucho más sencillas y eficaces. En general, a menos que la confrontación sea radicalmente irreconciliable y se dé en un espacio geográfico reducido, los actos terroristas buscan tanto atraer la atención hacia alguna supuesta injusticia o causa “santa” como provocar daños a otras personas. Si algún grupo de fanáticos lograra alguna vez desatar una pandemia de influenza, entonces toda la atención estaría puesta en la enfermedad, y no en sus reclamos. Desde luego, como sucede con todos los psicópatas, estos incipiences bioterroristas seguramente tendrán la compulsión psicológica de ser el centro permanente de todo. 

*Investigador. Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1996. Autor de “Pandemias: todo lo que necesitás saber”, por Autoría Editorial.

 

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