Sociedad / 5 de agosto de 2016

El feminista que combate la violencia de género

Jackson Katz, especialista en educación, sostiene que para terminar con los femicidios hay que cambiar la mentalidad de los hombres.

Por

Tiene 55 años y es un hombre feminista. Se llama Jackson Katz, es estadounidense y le encanta ser considerado eso, un feminista. Dedica casi todo su tiempo a combatir la violencia contra la mujer y a promover la igualdad entre los géneros. Maestro en educación en la Universidad de Harvard y doctor en estudios culturales por la Universidad de California, fue uno de los creadores, en 1993, de Mentors in Violence Prevention (Mentores por la prevención de la violencia), uno de los programas más influyentes en temas de prevención contra el acoso y el abuso sexual en los Estados Unidos.
En 1997 creó el primer proyecto de prevención de la violencia de género en la historia de los marines de los Estados Unidos. Katz fue también consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Ejército, además de autor de dos libros sobre violencia de género.

Periodista: ¿Qué lleva a un hombre a atacar a una mujer?
Jackson Katz: Suelo decir que no es un comportamiento que se aprende, sino que se enseña. Puede no notarse una diferencia entre ambas opciones, pero hay una y es enorme. Las informaciones pasadas por la sociedad construyen hábitos, parecen autorizar determinadas posturas. Padres y madres, la cultura deportiva, la pornografía, la religión, la educación, todo eso contribuye a alimentar las agresiones. No hay una defensa explícita de la violencia hacia las mujeres, salvo aberraciones. Está bien, pero, por ejemplo, en un evento en el cual participé en Brasil, la empresa Avon divulgó un estudio que mostraba que el 20% de las universitarias brasileñas habían recibido algún comentario con connotaciones sexuales de algún profesor. Necesitamos cuestionar: ¿qué es lo que hace que un niño amable en la infancia golpee a su novia cuando es adolescente? ¿Tiene que ver con la genética o con la forma en cómo educamos a nuestros hijos?
Periodista: Retomo su pregunta, ¿son los genes o es la educación?
Katz: Lo que vemos al estudiar el asunto es que no se trata de características individuales. Es ingenuo pensar que vamos a resolver este problema lidiando con los casos individualmente, tratando de encontrar lo que hay de errado en el cerebro de una persona y buscando la respuesta en la genética. Es preciso cuestionar la manera en que definimos la masculinidad y cómo esa definición transforma a los hombres.
Periodista: ¿Tanto hombres como mujeres deben, por igual, cuidarse para poner fin a las agresiones?
Katz: Son los hombres los que están practicando esa violencia, y por lo tanto les cabe a ellos acabar con ella. La violencia contra la mujer y la desigualdad entre los géneros no son cuestiones feministas. Son masculinas, porque los hombres forman el grupo más grande que practica esa violencia. Las estadísticas muestran que, en los Estados Unidos por ejemplo, una de cada seis mujeres ha sido víctima de violación o de tentativa de violación. En el caso de los hombres, ese número cae a 1 de cada 33. Si partimos del presupuesto de que ese asunto concierne solamente a las mujeres, es fácil culpar a la víctima y levantar dudas como: `¿Qué ropa estaba usando ella?´, o `¿ella lo provocó?´. Si encaramos la cuestión como un problema masculino, precisaremos responder a otras preguntas, diferentes: `¿Qué es lo que lo llevó a eso?´, o `¿Este tipo de agresión tiene un origen biológico o cultural?´.
Periodista: ¿Parece ser cultural?
Katz: Sí, pero el hecho de que exista un origen cultural, a excepción de los casos en los que hay anomalías médicas, nos impone una responsabilidad de cambio aún mayor. Las personas piensan que es necesario que haya algún incidente trágico para que un hombre se involucre en la lucha contra la violencia de género. Eso solo muestra cuán desafortunada es la situación de la mujer. Porque no es necesario que ocurra una tragedia para que un ambientalista se convierta en ambientalista. Yo comencé a involucrarme con el tema de la violencia de género cuando era un estudiante universitario. Estaba acostumbrado a volver tarde de las fiestas a la casa de mis padres. La seguridad no era una preocupación para mí, pero veía a mis vecinas que siempre estaban preocupadas en conseguir que alguien las trajera de vuelta a sus casas. Recuerdo que las mujeres se organizaron para tener una mejor iluminación en el campus universitario, porque había habido casos de violación en la zona. Y me pareció muy extraño no ver a hombres protestando junto a ellas.
Periodista: ¿Qué hacer para corregir la situación de violencia sexista que hay en la actualidad?
Katz: Me puedo basar en las experiencias con el programa estadounidense de prevención Mentors in Violence Prevention (MVP), que ayudé a desarrollar. Comenzamos con la propuesta de llamar a atletas de renombre para que hablaran en contra del abuso sexual y la violencia. Funcionó, porque hasta entonces los hombres eran vistos mucho más como potenciales agresores que como críticos de las agresiones. Esa inversión hizo que el tema circulara con más inteligencia. Otra característica importante del MVP es orientar en cuanto a quién presencia las escenas de agresión y, por lo tanto, poder intervenir. Antes del MVP, las iniciativas se concentraban en reducir riesgos. Las publicidades orientaban a las mujeres a cuidar de su cuerpo en las fiestas, debido a que podían ser drogadas. Eso no es prevención. No ataca la raíz del problema. Las mujeres no atraen violencia. Ellas son las que tienen que estar en el centro de la preocupación. Los hombres deben comprender esa lucha.
Periodista: Pero los hombres que se involucran en la batalla, como usted la llama, ¿siguen siendo pocos, no?
Katz: Es preciso que haya más hombres peleando junto a las mujeres por los derechos de ellas. No estoy hablando solo de chicos de 16 años, que forman parte de una generación que está siendo más afectada por el discurso sobre la igualdad de géneros, sino de empresarios, presidentes de grandes compañías, de ídolos del deporte. Ellos tienen que asumir que ese es un problema grave de la sociedad y que deben trabajar a favor de las mujeres, no contra ellas. Hay muchos hombres, reconocidos en sus respectivos campos de actuación, que simplemente no hacen nada. Creen que, porque no andan por ahí violando mujeres, golpeando a su esposa, la violencia y la desigualdad de géneros no son un problema de ellos. Es imprescindible cambiar esa mentalidad.
Periodista: El problema de la violencia contra la mujer persiste inclusive en las naciones desarrolladas. ¿Por qué?
Katz: Porque muchas culturas, hasta las más igualitarias, continúan reforzando definiciones tradicionales de lo que es ser hombre. Dos ejemplos: la industria pornográfica aún es muy misógina, y la cultura deportiva, tan agresiva. Es posible tener igualdad formal entre los sexos, y aún así mantener aspectos sociales que refuercen el machismo. En Islandia, país que casi todos los años figura en primer lugar en el Global Gender Gap Report (Informe global sobre la brecha de género, un ránking que elabora el Foro Económico Mundial que mide la igualdad entre los sexos basándose en datos económicos, políticos, educacionales y de derechos civiles), aún se debate para tratar de reducir el desfasaje salarial y aumentar la cantidad de mujeres en cargos políticos.
Periodista: ¿Cómo se beneficiarían los hombres de una sociedad más igualitaria?
Katz: De muchas maneras. El mismo sistema que produce hombres que abusan de mujeres produce hombres que abusan de los mismos hombres. Muchos son víctimas de violencia, inclusive sexual, y ellos son la gran mayoría de las víctimas en crímenes como homicidios y asaltos. Los hombres no solo son los principales autores, sino también las mayores víctimas de esos crímenes. Si se modificaran los estereotipos de masculinidad la vida de ambos sexos sería mejor. Alcanza con imaginar el beneficio que tendrían los hijos de mujeres que sufrieron violencia, si hubiesen crecido con madres que no pasaron por esa situación. Un efecto de mejorar la calidad de vida en cualquier sociedad es mejorar la calidad de vida de las mujeres. Me refiero no solo al aspecto social, sino también al económico. Un estudio hecho recientemente muestra que las paridad entre los géneros incrementaría el PBI mundial es 28 billones de dólares de aquí al año 2025. 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *