Política / 11 de agosto de 2016

El trauma que obligó a Macri a ir a terapia: su secuestro

A fin de mes se cumplen 25 años del rapto al Presidente. Desde ese momento asiste dos veces por semana al consultorio del psicólogo Jorge Luis Ahumada.

El joven Macri recién liberado, en 1991.
El joven Macri recién liberado, en 1991.

Este mes salió a la calle el libro “El secuestro” de la periodistas Natasha Niebieskikwiat. Allí se cuenta cómo fueron esos 14 días que cambiaron para siempre la vida del presidente y condicionaron su psiquis. Cuando fue liberado, en septiembre de 1991, Mauricio Macri dio muy pocas entrevistas. En una dijo: “Tuve muchas dificultades para adaptarme a la vida normal, padecí consecuencias severas como, por ejemplo, estar durante casi un año sin poder dormir más de dos horas seguidas”. El traumático secuestro afectó a todos. Franco Macri contaba que durante muchos años Mauricio miraba de reojo por encima del hombro a ver a quién tenía detrás, y que debían organizarle las entrevistas con la prensa pegado a la pared, sin nadie por detrás. A su vez que en las reuniones con colegas o personas cercanas, afirmaba que tampoco se lo podía abordar por atrás. Macri ha contado que lleva años haciendo terapia -desde que lo liberaron- y que también se inclina por las prácticas budistas. A su padre Franco sigue unido por razones que van mas allá del secuestro. Se evidencia una relación compleja, conflictiva pero de fuerte veneración, afecto y pasión. En esos casi 14 días bajo tierra, el vínculo neural fue el de padre e hijo. Con su amigo Nicolás Caputo, ejecutor del pago del recate, también mantuvo un nexo especial. Ninguno de los dos habló jamás de qué ocurrió en aquellos dramáticos días de agosto y septiembre de 1991. Ni una palabra. Sólo se habla de eso en terapia.

 

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