Economía, Empresas / 31 de agosto de 2016

Chaparrón inversor: el caso Droguería del Sud

La mayor distribuidora de medicamentos de la Argentina abre su nueva planta con presencia presidencial, pero teme por la tasa de interés.

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Una inversión de 400 millones de pesos para la construcción de una
planta de 16.000 metros cuadrados sobre un terreno de dos hectáreas. Líneas transportadoras automatizadas que cubren un trayecto de 2,2 kilómetros. Cientos de miles de unidades medicinales que se distribuyen diariamente a 2.500 clientes entre la ciudad de Buenos Aires, el conurbano y gran parte de la provincia homónima generaron 200 puestos de trabajo directo. Quizá haya sido este último dato de Droguería del Sud, la mayor distribuidora de remedios de la Argentina y una de las 60 empresas más grandes del país, el que llamó la atención del presidente Mauricio Macri en la misma semana en la que su propio gobierno reconoció que el desempleo asciende al 9,3%. O tal vez se deba a un interés algo más futbolero: Silvio Macchiavello, fundador de la empresa, fue un fanático socio vitalicio de Boca y activista en Casa Amarilla.

Cualquiera haya sido el motivo, el pasado lunes una comitiva integrada por el Presidente, la vicepresidente Gabriela Michetti y la
gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, se hizo presente en la nueva planta que la droguería emplazó en
Avellaneda y que, según la compañía, es la más grande de América
Latina en su rubro.

“Si nosotros no hacemos bien nuestro laburo, por más que vengan el
Presidente y la gobernadora, nos quedamos sin clientes”, afirma José
María Gómez Anton, gerente general de Droguería del Sud, empresa del mismo grupo propietario del laboratorio Temis Lostaló. En sus oficinas de la vieja planta de Humberto Primo, Gómez Anton remarca que la empresa aún es un emprendimiento de la familia Maccchiavello y que la decisión de inversión en los últimos años implicó un riesgo alto. “Es un sector de características muy particulares ya que una farmacia no puede depender de una sola droguería y no es la misma realidad la de una farmacia de Buenos Aires que la de una de Tierra del Fuego”, sostiene Gómez Antón y asegura que, más allá de la competencia, existen situaciones que unen “en la desgracia” a las droguerías: “Cada distrito tiene sus reglas impositivas y en los últimos años nos han destruido con los impuestos. Un medicamento en la Capital Federal tiene un régimen de impuestos que es un tercio del de la provincia de Buenos Aires”.

Pero Gómez Anton da a entender que la pugna se da entre las farmacias en sí, donde lo nuevo avanza a pasos largos mientras lo viejo resiste: “Los jóvenes identifican más a Farmacity que a una farmacia de barrio, pero preferimos que haya atomización y no concentración”. La cadena que dirigía el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, está a la vista en cada barrio porteño y, en muchos casos, la distancia entre un local y otro es de escasos metros, llegando a extremos tales como el de Recoleta, con 12 locales en 30 manzanas. “Farmacity tiene gran oferta de artículos, pero la sección farmacia de sus locales no es tan grande. Es un gran negocio que no reemplaza a la farmacia de barrio”, sostiene Gómez Antón, que explica la principal problemática de la vieja farmacia: “Aquella que trabaja solamente medicamentos tiene niveles de utilidad muy pequeños y menos que antes. La seguridad social se ha comido la rentabilidad de las farmacias y nosotros terminamos financiando a nuestros clientes. En los últimos tiempos, el PAMI cubría 100% de los medicamentos y a veces no pagaba ni a 90 días. Ahí es donde ayudamos”.

Futurismo. Mariano Simonetti recibe a NOTICIAS en la planta de
Avellaneda a menos de 24 horas de la visita de Macri, Michetti y
Vidal. Es el director de logística de la planta. “La planta entera
llegó desarmada en 146 containers”, asombra al referirse a la enorme maquinaria diseñada e instalada por la compañía austríaca Schäefer Peem, luego de un trabajo encargado a la consultora Miebach. Se trata de un ensamble de cintas transportadoras, rampas, lectores de códigos y tres robots –”las estrellas de la planta”– que se desplazan a 15 kilómetros por hora y complementan la labor de los 200 operarios repartidos en dos turnos. Los cambios se notaron desde un principio: “Se bajó una hora y media el horario de entrega, se mejoró el surtido y la operación interna dentro del proceso”, relata Simonetti para luego arrojar un número que sirve para dimensionar el tamaño del emprendimiento: sólo la planta de Avellaneda distribuye un promedio de 300.000 unidades por día, cerca de 360 millones de pesos en productos farmacéuticos.

Proyección. “El mercado de medicamentos tendrá un crecimiento
proporcional al crecimiento y envejecimiento de la población”, prevé
Gómez Anton. La empresa piensa en ampliar su planta de la ciudad de Córdoba, para luego continuar con las de Santo Tomé, en Santa Fe, y la de la ciudad de Corrientes. Pero cualquier proyecto queda supeditado a un detalle financiero: “Depende de la tasa de interés, ya que con un 30% no pueden hacerse maravillas”.

 

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