Sociedad / 4 de septiembre de 2016

Argentina de puertas abiertas

Claudio Avruj, Secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Nación, y Franco Moccia, Ministro de Desarrollo Urbano porteño, destacan la importancia de la inmigración en su día.

Imagen histórica: el puerto de Buenos Aires a principios del siglo XX.
Imagen histórica: el puerto de Buenos Aires a principios del siglo XX.

No es producto de la casualidad que cada 4 de septiembre celebremos el Día del Inmigrante.  Allá por 1949, el entonces presidente Juan Domingo Perón decretó esta fecha, en virtud de la resolución dictada- ese mismo día pero de 1812- por el Triunvirato, la cual ofrecía su inmediata protección a los individuos de todas las naciones y sus familias que desearán fijar su domicilio en el territorio.

Es nuestro deber alimentar esa tradición que procede desde antes de nuestra conformación institucional tal cual la conocemos hoy.

No es un detalle menor que hoy tengamos un presidente que es primera generación de descendientes de italianos. Y los que escribimos estas líneas somos un nieto de inmigrantes polacos y un hijo de italianos. Todo esto es un reflejo del pluralismo y la integración con los que se ha configurado el mosaico de identidades que es nuestro país, lo que lo distingue de la región por el gran aporte social y cultural de todos las colectividades. Con esa perspectiva, nos hemos propuesto trabajar tanto en la ciudad como en la nación, en derechos humanos, pero también en pluralismo cultural.

De esta manera se ha fundado la República. Argentina fue uno de los principales países receptores de la corriente migratoria europea entre 1875 y 1950. La mayoría de ellos fueron italianos y españoles, pero también alemanes, polacos, checoslovacos, entre otros orígenes. En ese lapso, arribaron a la Argentina unos 7,6 millones inmigrantes procedentes de ultramar, de los cuales algo más de la mitad permanecieron en el país. Más significativo aún que los números absolutos, es el porcentaje de extranjeros sobre la población total: para el año 1869 los inmigrantes representaban al 11,5%; en 1895, al 25,5%; en 1914, al 30% y en 1947 aún alcanzaba el 13%.

Argentina se caracterizó no sólo por recibir a inmigrantes, sino por dar asilo en tiempos de guerra. Según registros de AMIA, llegaron al país alrededor de 8.000 sobrevivientes del holocausto. Durante la guerra civil española, Argentina tuvo un rol muy importante en la asistencia a los afectados. El país les abrió también sus puertas a las corrientes migratorias surgidas de la disolución de la URSS y a muchos ciudadanos africanos que buscaron aquí un futuro de paz y libertad. Argentina desplegó sus brazos a todos los hombres del mundo, para que puedan realizar sus sueños, como lo hicieron nuestros padres y abuelos.

Del alcance de estos vínculos con el mundo y en función de nuestra tradición, surgen compromisos como el Programa Siria, el cual ha emergido de una situación que es alarmante: desde el comienzo del conflicto en aquel país, en marzo de 2011, alrededor de cinco millones de personas fueron desplazados de sus hogares. Hoy, al sexto año de guerra, 13.5 millones de sirios necesitan asistencia.

¿Cuál es el reto para nosotros como gobierno? Adaptar la capacidad receptiva a los tres mil refugiados sirios que recibiremos en el marco del programa, avanzar en nuestra contención y coordinar con agencias gubernamentales del mundo, para que todos aquellos que lleguen a nuestra nación tengan las máximas garantías de seguridad y desarrollo.

Ese es uno de los desafíos de la época y debemos honrar la memoria humanitaria que se nos ha destinado. Celebramos y revindicamos el valor de los migrantes en el desarrollo nacional.

*Claudio Avruj es Secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Nación, y Franco Moccia, Ministro de Desarrollo Urbano y Transporte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

 

 

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