Personajes / 10 de septiembre de 2016

Oscar Martínez: “No sirvo para la militancia política y que me digan cómo pensar”

Acaba de ganar el premio a Mejor Actor del Festival de Venecia por “El ciudadano ilustre”. Se opone a los subsidios a la producción nacional y la Ley del Actor.

Junto con Ricardo Darín y Guillermo Francella, es uno de los actores más convocados por el cine. Tres datos de muestra sólo por estos días: acaba de viajar a Madrid para filmar, a las órdenes del director Vicente Villanueva, “Toc Toc”, el guión de la obra que en nuestro país está en cartel desde 2011 (y en España hace ocho años) y en la que interpretará al psicoanalista (el papel de Mauricio Dayub en teatro); es el protagonista, con Rodrigo de la Serna de “Inseparables”, la versión de Marcos Carnevale del éxito francés “Intouchables”; y acaba de estrenar “El ciudadano ilustre”, de Mariano Cohn y Gastón Duprat, única producción nacional en la competencia oficial del Festival de Venecia. Desde “La tregua” (Sergio Renán, 1974) a “El nido vacío” (Daniel Burman, 2008) y “Relatos salvajes” (Damián Szifrón, 2014), el prestigio y la popularidad lo acompañan aunque se llame Oscar Martínez.
“No recuerdo si alguien me sugirió ponerme un nombre artístico pero creo que me equivoqué en no hacerlo. Me parecía una traición a mi viejo, y como empecé a trabajar desde muy joven, ya después cambiarlo era imposible. Pero no hubiera estado mal, mirá Mirtha Legrand que es Martínez o Mariano Mores que se llamaba como mi papá: los dos, cuando yo era chico, tenían cuenta en el Banco Provincia de Villa del Parque y dos por tres  se confundían y le acreditaban o debitaban un cheque de Mores o viceversa. O quizás tendría que haberme cambiado el nombre de pila: Tomás Eloy, por ejemplo, y te olvidás del apellido. En fin, ya pasó”, dice Oscar, el Martínez inconfundible de la pantalla y el escenario, serio, conversador, culturoso, quizás no tan solitario pero sí con algo de la ironía y austeridad de Daniel Mantovani, el escritor argentino ganador del Nobel de Literatura que personifica en “El ciudadano ilustre”.
“Es un muy buen guión, muy potente”, dice acerca de la historia imaginada por la dupla de “El artista” y “El hombre de al lado”: un novelista consagrado en Europa que después de 40 años vuelve a su pueblo, Salas, en el interior bonaerense, para recibir el título de Ciudadano Ilustre. Y se encontrará con la ex novia (Andrea Frigerio), casada con un amigo (Dady Brieva) y un montón de gente que se suma al homenaje y después, cuando se entera de lo que había escrito, lo demoniza como al peor enemigo.
Noticias: Como a Manuel Puig, volver al lugar donde uno se crió y se fue, suele ser difícil. Como figura conocida, ¿le pasa algo así cuando vuelve al origen, al barrio, a la familia?
Oscar Martínez: No me fui tan lejos porque nací en Capital y viví toda mi vida aquí, de modo que estoy lejos de lo que le pasa al personaje que, además, es una celebridad mundial. Pero es cierto que vengo de una familia y un medio social en el que no se podía prever ni casi imaginar el tipo de construcción que terminé haciendo y, realmente, uno se va muy lejos de ese pequeño universo social y familiar. Ese viaje comenzó en la adolescencia, cuando me enamoré del arte, la literatura y la narrativa. Se me abrió la cabeza a un universo lejano del cual provenía.
Noticias: En el caso de “Inseparables”, ¿había visto la película francesa?
Martínez: Sí, y me había encantado. Un par de años después, Marcos (Carnevale) me propone hacerla y me tiré de cabeza. Como se trata de una historia real, me sirvió mucho un documental sobre esta persona, alguien que sufrió un accidente y quedó inmovilizado del cuello hacia abajo pero jamás se autocompadece.
Noticias: Además volvió a trabajar con De la Serna, con quien había hecho “Amadeus” en teatro.
Martínez: Sí, con él tenemos un vínculo creado, y aunque no somos amigos entrañables, nuestra relación es excelente y sobre eso pudimos montarnos para hacer la película con tanta verdad.
Noticias: En “Relatos salvajes”, es parte de la historia más trágica, “La propuesta”. ¿Sabía de qué trataban las otras?
Martínez: Sí. Szifrón me dio a elegir entre esa y otra historia y opté sin hacer especulaciones de lo que podía pasar con el público porque pensaba que era la menos tribunera, la que menos humor tenía y sin embargo pegó de una forma más potente de lo que imaginaba. Todos los días alguien me habla de lo que le pasó con esa historia.
Noticias: En los ‘80 filmó mucho como ahora, pero hubo un hiato. ¿No le interesaba lo que le proponían?
Martínez: No me ofrecían mucho cine, quizá porque estaba catalogado como un actor teatral; a veces los directores tienen un prejuicio y al no estar hace que se olviden. Fijate que “Relatos salvajes” significó seis películas al hilo.
Noticias: ¿Se olvidaron de usted? Parece raro.
Martínez: Es raro pero no estaba asociado con el cine, que es un gheto también. Los directores no asumían muchos riesgos y llamaban a los actores que trabajaban siempre. El mejor ejemplo es Darín, que hasta los cuarenta largos estaba trabajando conmigo en “Art” y casi no lo convocaban para cine… Hasta que le llegó “Nueve reinas”.
Noticias: Entre los directores con los que filmó, ¿quiénes le dieron un giro a su carrera o recuerda especialmente?
Martínez: Renán indudablemente porque “La tregua” fue un punto de inflexión, una película emblemática que no envejeció. Que tuvo la mala suerte de competir en el Oscar con “Amarcord”, la joya del cine universal. Mi encuentro con Burman fue muy bueno y siempre que nos vemos hablamos de volver a trabajar juntos. Después, Szifrón, a quien no conocía personalmente y descubrí un tipo increíble, con una gran capacidad, ideas extraordinarias, con una seriedad y aplicación y, al mismo tiempo, un trato tan afable y divertido porque es como un niño con juguete nuevo. El mejor cine argentino empieza a ocurrir en los ‘90 y yo tenía la asignatura de hacerlo con continuidad, lo vivía con pesar. “Relatos…” significó un montón de ofrecimientos con la suerte de guiones y directores interesantes como Cohn y Duprat y Santiago Mitre (“La patota”).
Noticias: Usted mismo lo ha dicho: pertenece a una generación gustosa de los libros y las charlas de café. ¿Formó parte también de la militancia política y el auge del rock?
Martínez: No, el rock nunca me gustó. Prefiero la música clásica, Piazzolla y Serrat, que me acompañó durante décadas. La política me interesa pero no desde la militancia. No sirvo para eso, para que me digan cómo tengo que pensar.
Noticias: ¿Qué opina de los subsidios a la producción cultural?
Martínez: Estoy a favor del fomento; el subsidio es cuestionable, sobre todo en un Estado que tiene deudas mucho más urgentes e importantes. Si fuésemos una sociedad muy próspera a la que le sobra dinero, con hospitales y escuelas del primer mundo, si estuviéramos en Suiza o en Alemania, probablemente no pensaría así. En nuestro contexto me parece una frivolidad. El Estado debe fomentar y ayudar pero no subvencionar. Lo he visto  en España, cuando en la época de Felipe González el dinero que ponía el Gobierno en los teatros era impresionante. En su gran mayoría, lo que se veía era horrible pero además, el público no iba. Entonces subsidiar eso me parece erróneo, amén de las luchas de poder enormes que se generaban entre todos los burócratas y aprendices de burócratas porque el asunto era ligar el dinero del Estado que era muchísimo. Muchos adherían a ese modelo, pero yo no: el Estado no tiene la obligación de subsidiarme porque yo quiera ser artista. El Estado tiene que estar donde tiene que estar, tiene funciones indelegables, pero no quiero que esté de más ni que me diga qué tengo que hacer.
Noticias: ¿Está de acuerdo con la Ley del Actor?
Martínez: No, no estoy de acuerdo con muchas cosas de la ley. No estoy de acuerdo en tener relación de dependencia. No es verdad que no hay jubilación. Pago autónomos desde los veinte años, si quiero me jubilo mañana. Nuestro trabajo es una asociación de profesionales muy particular, no es la UOM. Tenés, no sé, 10.000 asociados y los que trabajan son 1.000. Hay muchos actores que al no poder vivir de la profesión, tienen otras cajas. Es un gremio muy particular en ese sentido porque el tipo que no labura nunca se atiende en una obra social que mantenemos quienes tenemos una cierta continuidad de trabajo, no importa cuánto ganes. Cuando me asocié, no tenía los mismos derechos que Osvaldo Miranda, que aportaba hacía veinte años; tuvo que pasar un tiempo y justificar con una determinada cantidad de aportes que tenía continuidad laboral y si dejaba de tenerla durante un tiempo prolongado, te desasociaban porque vivías de otra cosa.
Noticias: ¿Pero está de acuerdo en que se los considere trabajadores?
Martínez: Soy un trabajador pero no en relación de dependencia, ni quiero serlo. Nuestro trabajo es discontinuo y muy dispar. Todos tienen derecho a ser actores pero no es lo mismo el tipo dedicado a su carrera, con una convocatoria personal, que gente que trabaja a lo mejor dos veces por año y tiene que hacer otras cosas para poder sobrevivir. Por eso se destruyó la obra social, porque si el 80% la usa pero sólo un 20% aporta, es lógico. No estoy de acuerdo con que tengamos relación de dependencia, me parece que es nocivo. Esto suena como si defendiera privilegios y es al revés porque si obligás a las empresas a aportar, ese dinero el empresario no lo va a poner de su bolsillo, lo va a sacar de lo que  ganás porque eso encarece los costos de las producciones. Por lo tanto, habrá menos trabajo. O sea que el más débil en su relación de fuerza con el poder de la producción es el que sale perdiendo. No me va a afectar a mí.

 

Leni González

@LenideEscalada

 

Comentarios de “Oscar Martínez: “No sirvo para la militancia política y que me digan cómo pensar””

  1. ¡¡Felicitaciones, Maestro!! Gran reconocimiento y bien merecido.

    Sus pensamientos casi son idénticos a los míos en todo sentido y digo casi idénticos porque yo pisé un escenario cuando era muy joven y luego me agarró una especie de “pánico escénico”, por eso, admiro esa templanza para enfrentar mucha gente.

    Nuevamente mis mejores deseos para Ud. y disfrútelo ya que es muy merecido.

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