Cultura / 26 de septiembre de 2016

Kazimir Malevich en Proa: La muestra de la década

Por primera vez en Latinoamérica se puede ver la obra del gran artista ruso, un reflexión profunda sobre el arte del siglo XX.

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La Fundación Proa celebra sus 20 años exhibiendo la extraordinaria retrospectiva de Kazimir Malevich; difundiendo una vez más a los grandes movimientos artísticos del siglo XX. Durante la inauguración, mientras la curadora Eugenia Petrova y el profesor Joseph Kiblitsky sonreían emocionados, la presidente de Proa, Adriana Rosenberg, reiteró su agradecimiento a todos por “la paciencia, el interés y la fuerza que nos han dado para que Malevich llegue a nuestro país”. Destacó el apoyo incondicional del embajador argentino Pablo Tettamanti y equipo, en Moscú, y de Pablo Avelluto, Ministro de Cultura.
La programación de Proa durante los últimos 20 años transitó por diferentes formas de creación artística, tanto históricas como contemporáneas, ofreciendo al público inusitadas exhibiciones. Ahora, Proa Educación y FLACSO virtual dictan un curso online sobre el artista; además, visitas guiadas, clases magistrales, audioguías y completo catálogo ilustrado.

 

Una línea divisoria

Cuando murió Kazimir Malevich (Kiev, 1878-Leningrado, 1935) fue enterrado en una tumba que en su frente tenía un cuadrado negro sobre el blanco de la piedra. Es la misma figura que inspiró al artista para crear el telón de fondo para la ópera vanguardista “Victoria sobre el sol” (Malevich, Matiushin, Maiakovsky y Kruchenykh, 1913), era un cuadrado en blanco y negro partido en diagonal. El blanco simboliza el sol viejo extinguiéndose y el negro es el caos, la fuerza de lo nuevo, aún desconocido. Imbuido de preocupaciones filosóficas, espirituales y cósmicas crea su pintura “Cuadrado negro” (1915), profundizando el camino a la abstracción: un antes y un después de la representación. Malevich encabeza el Suprematismo, movimiento vanguardista centrado en la búsqueda de la presencia subjetiva del hombre, con el que se alcanza “la supremacía de la sensibilidad pura en las artes figurativas”.
“Kazimir Malevich. Retrospectiva” (State Russian Museum, San Petersburgo), presenta por primera vez en Latinoamérica 60 obras que recorren su trayectoria. La primera sala está dedicada a la cronología de su vida y atraviesa el contexto histórico y cultural: fin del siglo XIX y principios del XX, Revolución de 1905, Primera Guerra Mundial, Revolución de Octubre 1917. El alejamiento de la tradición representativa se hallaba unida a los cambios definitorios que conmovían a la sociedad y a la expectativa del futuro que traería la revolución. Aquí se despliegan las primeras pinturas posimpresionistas, obras simbolistas -“Estudio para pintura al fresco. Autorretrato” (1907), donde se distinguen figuras con aureolas doradas asociadas con íconos religiosos- y cubo-futuristas como la dedicada a su colega Ivan Kliun. Sala 2 exhibe trabajos suprematistas: obras cumbres como el cuadrado, la cruz y el círculo negros (pinceladas tras pinceladas resultan en variaciones de negros y blancos); el “Cuadrado rojo (Realismo pictórico de una campesina en dos dimensiones)”; óleos y collages con alguna alusión a la historia del arte; gigantografías de la muestra fundacional “0.10” (1915); un sector con las posibilidades del Suprematismo en lo cotidiano.
En Sala 3, vuelta a la figuración en dos vías. Por un lado, obras figurativas sin elementos reales, como la magnífica “Muchachas en un campo” (1928-29). Abunda lo geométrico y el color en “Cabeza de campesino” (1928-1929) y en figuras de trabajadores, campesinos y mujeres, subrayando el interés del artista por el contexto social. Por su parte, el “Retrato de la esposa del artista” (1934) se inclina por la figuración clásica. En el socialismo, ¿el arte para el pueblo, sólo puede ser realista? ¿La pintura dedicada al Ejército Rojo es crítica o celebratoria? Pueblan la sala 4 copias de los trajes que el artista diseñó para la premonitoria anti-opera “Victoria sobre el sol”; la filmación de la reconstrucción se exhibe en el auditorio. Imágenes y material de archivo en video retratan el funeral del artista y el reconocimiento que logró entre sus pares. En un apartado, pueden verse una copia de la mano y máscara mortuoria de Malevich,
Es preciso recalcar la importancia de la pintura del cuadrado negro (sobre blanco). El filósofo y crítico de arte alemán Boris Groys postula que aún cuando el “Cuadrado negro” de Malevich “no constituyó un gesto revolucionario activo -en el sentido de que criticó el statu quo político o promocionó una revolución por venir-, fue revolucionario en un sentido más profundo”. Porque, de manera indiscutible “fue el anuncio de la muerte de toda nostalgia cultural, de todo apego sentimental a la cultura del pasado”. Algo vivo y nuevo: el arte verdadero. Recién en 1988, el mundo entero conoció la extensión de su legado. 

* Crítica de Arte de NOTICIAS.

 

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