Política / 8 de Octubre de 2016

Exclusivo: el Papa piensa jubilarse en la Argentina

Francisco no quiere morir en el cargo y tiene decidido un retiro en el país. Confesiones a sus amigos y el obstáculo Ratzinger.

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Francisco quiere imitar a Ratzinger, su antecesor.

La alarma la prendió el propio Francisco cuando el último día de septiembre lanzó un video de 11 minutos dedicados exclusivamente a su país de origen, donde aseguró que por culpa de una cargada agenda no podría visitar Argentina este año ni el siguiente. Aunque les dedicó algunas caricias a los fieles de su patria –, la noticia cayó como un duro golpe entre quienes aguardaban el regreso de Su Santidad. Y, además, encendió una duda: ¿volverá Francisco alguna vez? “Nunca como Papa”, fue la respuesta que le dieron a NOTICIAS varias fuentes, amigos y sacerdotes, muy cercanos a él.

El propio Francisco había dado un indicio a principios del 2015, cuando dijo en una charla con periodistas que tenía “una sensación, un poco vaga”, de que su papado iba a “ser corto”. Hoy, entre quienes lo conocen desde que era Bergoglio, ya no hay dudas: Francisco no tiene planeado morir en el sillón de San Pedro.

La abdicación. “Nadie quiere terminar como Juan Pablo II. Cuando Francisco sienta que no le da el cuerpo para más, va a dar un paso al costado”, asegura un amigo que lo conoce desde hace décadas y que sigue en contacto con él. Sus amistades, tanto laicos como eclesiásticos, coinciden en que el ejemplo de Wojtyla, quien fue Papa hasta su agónica muerte a los 84 años –en sus últimos años, dicen desde el Vaticano, lloraba del dolor luego de los esfuerzos que le ocasionaba aparecer en público–, marcó un antes y un después en la Iglesia moderna y en especial en Francisco. “Él no va a soportar que lo tironeen y que decidan por él: este Papa no es así”, afirman sus conocidos.

Pero la edad no sería el único factor que llevaría a Francisco a una abdicación. Para un Papa que hace del discurso y de la política una de sus principales banderas –para instaurar en el mundo la “cultura del encuentro”, de la que habla cuando tiene la oportunidad–, ser puenteado y sobrepasado por los sectores de la Iglesia que no le responden, como le ocurrió a Juan Pablo II en sus tiempos finales, sería intolerable. “Todos pensamos en la posibilidad de una renuncia, no en el sentido de ‘no puedo con este cargo’, sino con la idea de que haya objetivos cumplidos. Cuando Francisco considere que los cambios que quería están en marcha, es probable que delegue el Papado.”, dice Emilce Cuda, teóloga y autora del libro “Para leer a Francisco: teología, ética y política”. Cuda, que habló con Francisco en varias ocasiones, también aclara que “todo esto no sería posible si antes no hubiera hecho lo propio Ratzinger”.

En este punto también hay un cierto consenso. Benedicto XVI, quien en septiembre dijo en una entrevista que para él “la abdicación era un deber”, luego de sentirse incapacitado para seguir manteniendo el ritmo que le exigía el cargo, abrió un nuevo camino en la Iglesia cuando decidió dar un paso al costado en el 2013. Bergoglio le debe, irónicamente, por partida doble al alemán: gracias a su renuncia llegó al cargo, y gracias a esta él podría en el futuro renunciar. Hay, sin embargo, una letra chica. “Francisco es muy consciente de que no puede dimitir mientras Ratzinger siga viviendo”, dicen sus conocidos, que saben que sería un caos para el cristianismo internacional el insólito hecho de tener dos papas eméritos sueltos por el mundo. Además, eso parece lejano por ahora: cuentan desde el Estado santo –donde el antiguo pontífice continúa viviendo, en el monasterio Mater Ecclesia sobre la Colina Vaticana–, que Ratzinger goza de un excelente estado de salud para los 89 años que tiene, y que todos los días camina un kilómetro y medio, además de tocar el piano con frecuencia.

Volver a casa. Hay mucha seguridad, entre los amigos de Francisco, de que una vez que cumpla su deber como líder de los católicos volverá a su suelo natal. “Su lugar en el mundo es Buenos Aires: dejarlo le dolió muchísimo y por ese amor tan fuerte que tiene no podría regresar para irse otra vez”, dicen sus conocidos. Incluso circuló, entre ellos, la versión de que Francisco habría pensando en un posible retiro en la Basílica de San José de Flores, ubicada en Rivadavia al 7000. Esa no es una iglesia más para Su Santidad: fue allí donde, siendo un adolescente más del barrio de Flores, descubrió el llamado de Dios y comenzó el camino para convertirse en cura. El párroco de la Basílica, el padre Gabriel Marroneti, le aseguró a NOTICIAS que no hubo ninguna propuesta oficial, pero que él le envió un mail a Bergoglio, semanas antes de su coronación, para que en el caso de no ser elegido se retire en San José. “La Providencia decidirá”, fue la enigmática respuesta del entonces arzobispo de Buenos Aires.

 

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