Personajes / 10 de octubre de 2016

Federico Bonomi: “Nunca me bajé de la moto ni dejé de girar”

El creador de Kosiuko habla de su pasión por customizar motocicletas antiguas. Negocios y aventura por las rutas argentinas.

“Hell was full, so I came back” (El infierno estaba lleno, por eso regresé), dice el lema bordado en su chaqueta. En el brazo izquierdo tiene tatuadas dos llaves y una bujía amarradas a la Medalla Milagrosa. En el pecho, otro mensaje: “Actitud”. En una mano: “Vida picante”. Lleva la billetera sujeta a una gruesa cadena y, colgando del cuello, un minúsculo cráneo de vaca y un pistón de plata. Federico Bonomi es el epítome del empresario argentino exitoso. Junto a su mujer, Cynthia Kern (46), crearon Kosiuko, marca con la que conquistaron mercados en todo el mundo. El año que viene, la arrolladora irrupción de sus jeans de tiro bajo habrá cumplido un cuarto de siglo. Bonomi, padre de cuatro hijos, barba plateada, vuelve a su oficina-living-bar de Martínez después de correr siete kilómetros alrededor del Hipódromo y, ya lookeado de “rider”, explica que hace lo que siempre quiso: negocios, pero desde un lugar diferente, arriba de la moto.
Noticias: ¿De dónde viene su pasión por las motos clásicas?
Federico Bonomi: Tengo moto desde el ’81, me la regalaron mis viejos, estaba por cumplir 14. Era una Hondita Express 50 cc. Pasé a una Dax, después una 125 cc y nunca dejé de tener moto. Modificadas, siempre las tuneé. Con el tiempo, busqué lo que me gustaba: una Triumph, la Harley de tal película. Después metí mano. Esa es mi historia, toda la vida hice cosas customizadas, tratando de diferenciarme.
Noticias: O sea, las motos estuvieron antes que la ropa.
Bonomi: Sí. Pero hay momentos: te casás, llegan los chicos y le das menos bola, pero el corazoncito lo tenés ahí y te reencontrás, como pasa con las pasiones. Pero nunca me bajé, nunca dejé de girar. Cuando dejamos de fabricar Kosiuko Hombre, porque no le encontraba la identidad, fue un quiebre. Quería hacer algo que me represente. También hubo un cambio en la dinámica de trabajo entre mi mujer y yo, en una empresa con más de 500 empleados. Empezamos a vender estilos de vida. Nos encanta la arquitectura, la decoración y las motos. Y funcionó. Así surgió Casa Chic (los hoteles boutique en José Ignacio, Carmelo y Palermo) y Herencia, donde volqué lo mío; mis amigos y armar un “team” con la ropa de Herencia y dar la vuelta a la Argentina en motos clásicas.
Noticias: ¿El look motoquero se reafirmó a partir de ahí?
Bonomi: Tatuajes te vas agregando toda la vida, es como un álbum. Y barba usé siempre, pero el espíritu y las ganas de tener una moto distinta, viajar y divertirte con tus amigos, estuvo siempre.
Si Herencia fue el viraje de Kosiuko a la pasión de Bonomi por las motos, ese camino terminó de plasmarse en Herencia Custom Garage, el hangar donde él y un equipo de mecánicos customizan antiguas motocicletas y autos clásicos. Esa experiencia llegó en septiembre a la pantalla de Discovery Channel, que en ocho episodios mostrará el primer tramo de una travesía que Bonomi y sus amigos comenzaron en La Quiaca y que llegará al Sur del país, por asfalto y ripio, entre ríos y montañas, llevando donaciones a escuelas rurales y salas de primeros auxilios, a bordo de las motos más icónicas que puedan verse por las rutas argentinas.
Noticias: ¿Qué vieron durante el viaje?
Bonomi: La gente es alucinante. Llegás a los pueblitos y vienen todos a ver las motos: los chicos, los abuelos, el de la ferretería y el cura. Cuando planifiqué el primer viaje, nos preguntamos: ¿qué le dejamos a la gente? Se nos ocurrió pasar por las escuelitas rurales y llevar proyectores con “pelis” de todo el país y que los chicos del Norte puedan conocer las ballenas. La primera fue la más fuerte. Venís con la cabeza en otro lado y ves esa realidad: los chicos caminan diez kilómetros por el desierto, a 4.000 metros, para ir al “cole”. Fue en San Antonio de los Cobres, nos recibieron con una alegría, se subían a las motos… Ahora estamos cancheros, vamos por la escuelita 40 ó 45, y con todas queda el vínculo.
Noticias: ¿Es un programa para fierreros?
Bonomi: Tiene la parte del fierrero pero también la aventura, la libertad: eso de no saber dónde dormís, si en un hotel, telo, aguantadero, o si te quedás toda la noche arreglando la moto en la ruta.
Noticias: ¿”Easy Rider”, “Salvaje” o “Diarios de Motocicleta”?
Bonomi: Divinas todas, de culto. Pero esto es un poco de todo. No hay una nota de rebeldía. Además, tenemos un grupo dispar: tipos a los que les ha ido bárbaro y otros a los que les cuesta llegar al viernes. En la ruta somos iguales, vamos parejito.
Noticias: ¿Qué dice Cynthia? ¿O esto no es un tema de velocidad?
Bonomi: Cynthia está re contenta. No, no es velocidad. Nuestros hijos (Luca, Mikael, Fiona y Luigi) andan en moto, son fierreros. Esto es vértigo pero, sobre todo, es un desafío personal. La vuelta a la Argentina la hice en una moto rígida, de 1947, sin suspensión. Nunca llegás limpio, en algún momento estás tirado con las herramientas.
Bonomi no elude ningún tema. Sobre la denuncia sobre supuesto trabajo esclavo que tuvo Koisuko hace una década, dice que “Embarrar es fácil y limpiar, mucho más difícil, pero el tiempo demuestra todo, somos personas de bien, no es todo por la plata”. Recuerda el accidente de avión en Carmelo, en 2014, que causó cinco muertes, como “Un momento de mucho dolor. La gente cree que todo lo que tocás es oro y no. Viajé muchísimo con mi familia en ese avión, era casi nuevo. Dijeron que los análisis de Leo (Leandro Larriera, el piloto) dieron mal. No me consta. Era un tipazo, sano, no tenía las características de alguien que estuviera tomando falopa todo el día”. En su oficina, junto a decenas de cascos y piezas de motos, fotos y posters en dos ruedas, debajo del disco de platino de Soda que le regaló Charly Alberti, Bonomi conserva un modelo a escala del Beechcraft que cayó al río.
En 2017 Kosiuko cumplirá 25 años. “El balance es que se puede. Hay que quejarse menos y hacer más. Somos un ejemplo de eso: empezamos sin nada y acá estamos”. La marca llegó a tener presencia en 35 países, pero este, dice Bonomi, “Es un momento de quiebre: hoy no exportamos nada. Reconvertimos los locales de afuera, les entrego mercadería abajo del costo para mantenerlos abiertos. La función del empresario es adaptarse. Nunca me quejé, con ningún gobierno, trabajo y ahí está mi habilidad de salir adelante en cada momento. Algunos fueron dificilísimos y en otros tuvimos un viento de cola impresionante. Si miro para atrás, antes tenía una moto y hoy tengo veinte”.
Ahora conduce su Chevrolet El Camino modelo ’80, azul, rumbo al taller. El auto y él parecen sacados de una película de Tarantino. “Le dicen ‘la funebrera’, todavía la gente se persigna por la calle. En una época las usaba Lázaro Costa, metían las coronas en la caja”, cuenta. En un semáforo, ruge un motor dentro de la cabina, una acelerada: es el ringtone de Bonomi conectado al bluetooth del auto. En el garage, un mecánico empuja un tuneadísimo Ford ’31. Y están las motos. Bonomi muestra orgulloso su Harley Davidson del ’47, “La Gorda”, 350 kilos de puro fierro. “Tenés que darte la antitetánica antes de subirte”, advierte.
Bonomi: La moto es el nuevo surf. Todo se reinventa. Cuando salimos con el tiro bajo, se usaba el jean culo de pera, el Daniel Cassin, y rompimos el molde. Después prendió y entró en la industria. Hoy con las motos pasa lo mismo. Hay adolescentes armando motitos de bajo presupuesto, los ves con la camperita, el casquito metal flex, el número y salen a andar de a tres. Es fácil, no tenés que tener 300.000 dólares para comprarte una Ferrari. Pasa por otro lado.
Noticias: La leyenda dice que no sabían qué nombre ponerle a su marca, que metieron el dedo en un globo terráqueo y apareció Kosiuko, una montaña en Australia. Dicen que tiene buenas pistas de esquí. ¿Ya fueron?
Bonomi: ¡Nunca fui a Australia! Sé que es el monte más alto, un centro energético, pero me da miedo ir, a ver si rompemos la magia.

 

Pablo Taranto

 

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