Televisión / 16 de octubre de 2016

#Debodecir, el cordial late night show de Novaresio

Domingo a las 22.30 por América TV. Conducción: Luis Novaresio. Asistencia: Mina Bonino. Locución: Estela Montes. Producción: Jotax para América TV. Dirección: Lucas Arecco.

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★★★ Tal como manda el aire político de este año, uno de los puntos en los que todos estaríamos de acuerdo, de un lado u otro de la grieta, es que Luis Novaresio tiene muy bien ganado programa propio en América. Primero porque él mismo construyó una marca personal basada en el justo equilibrio y el buen trato, tanto en la televisión como en la primera mañana de radio La Red; y porque ha hecho puntualmente los deberes, desde remar paneles y sillas de opinión hasta asumir suplencias y abstenerse de invitaciones al baile en cuanto magazine participe. Cuando hace falta una voz firme pero amable que ponga cada cosa en su lugar, ahí está el periodista y abogado repartiendo a diestra y siniestra lo que corresponde. Por lo tanto, nunca mejor merecido este nuevo ciclo llamado “#Debo decir” –una de sus frases de cabecera– que lo tiene como anfitrión la noche del domingo.
Después de Luis Majul, en competencia con Susana Giménez y Jorge Lanata, no es fácil el desafío que el canal y la productora Jotax (Juan Cruz Ávila) le propusieron al rosarino. La opción elegida fue algo equidistante entre la distensión y lo informativo, un formato cercano al de un late night show para cerrar la semana, con varios invitados de distintos rubros, charla de actualidad sin profundizar, brindis, picada y una banda musical poco aprovechada (la París Jazz Club BA), más el acompañamiento en locución de Estela Montes y una asistente en piso, Mina Bonino, que más allá de recoger los celulares de los presentes en una canastita, aún no encontró su lugar.
El dueño de casa pregunta alternadamente a sus seis invitados y en dos horas de programa, las opiniones fluyen en un clima muy distendido. Quizá demasiado. Porque Novaresio no es humorista como para refugiarse en dobles sentidos e ironías –por ejemplo, a la manera que podía hacerlo el todavía irreemplazable Jorge Guinzburg– y en este aspecto, su inconmovible corrección política le impide el matiz incisivo burlón que caracteriza a este género televisivo. La charla entonces resulta a veces interesante pero con tendencia a descafeinarse en lugares comunes (indignación ante la realidad, añoranza de un pasado mejor, etc.) en lugar de pisar el acelerador con personajes como Moria Casán, Julio Bárbaro o Ronnie Arias. La presencia central de figuras de la emisora –como Pamela David y Jorge Rial, omnipresentes en el canal– no favoreció ese ping pong de variedades inesperadas que condimentan a una propuesta de este tipo.
En resumen, living con invitados dispuestos a charlar de esto y aquello con un anfitrión soñado, sin incomodidades. No hay monólogo de opinión, la música no cumple ningún rol y el humor queda en manos del ingenio personal de los participantes. De late night show tiene poco, pero eso no es lo importante porque Novaresio le encontrará la forma con estilo propio.

 

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