Ciencia / 18 de octubre de 2016

Gino Tubaro, inventor desde el ADN

Tiene 21 años y gana premios internacionales desde los 13 por sus creaciones. Fabrica prótesis impresas en 3D a menos de 100 dólares.

Por

Gino Tubaro en el Manotón que organizó con Microsoft, Buenos Aires.

Con apenas más de dos décadas de vida, viene recibiendo premios desde los 13, lo cual no llamaría tanto la atención si Gino Tubaro fuera (por ejemplo) un deportista. Distinto es que tal colección de reconocimientos hayan sido obtenidos por hacer algo que aún hoy, con tanto curso sobre creatividad dando vuelta, resulta exótico: Gino es inventor. Y por una alquimia casi perfecta entre genes, intereses propios y medioambiente.
“Cuando era chiquito los juguetes en mi casa eran básicos, y a me encantaba armarlos y desarmarlos, aprender cómo eran. Mi vieja compraba los huevitos kinder y me los traía, para mí eran algo divertido porque me permitían crear cosas a partir de una materia básica”, le cuenta Tubaro a NOTICIAS, luego de haber obtenido el Premio a la Inteligencia en la categoría Bien Público, que otorga Editorial Perfil.
Gino tenía apenas 13 años cuando fue reconocido como el inventor joven más destacado de América Latina por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI, dependiente de la ONU) al haber inventado un dispositivo de seguridad para los enchufes. El artefacto detecta si lo que se está intentando conectar es el dedo de una persona o un artefacto eléctrico, en función de la conductividad del objeto introducido. Si es una mano, el dispositivo corta la corriente para evitar una descarga.

Noticias: ¿Tu interés por crear cosas a partir de piezas era intuitivo o seguía reglas?
Gino Tubaro: Aún cuando algo viniera con un dibujo del resultado lo que realmente disfrutaba era armar el objeto sin mirar las instrucciones y después comparar, para ver si había podido llegar a igual resultado sin saberlo de antemano.
Noticias: ¿La escuela te ayudó en algo a incentivar esa vocación?
Tubaro: Si hubiera sido por la educación formal no hubiera tenido nunca el desafío de poder crear cosas nuevas; las materias que se daban en la primaria no me sirvieron para eso, aunque ya en el secundario eso cambió pero porque estudié en las escuelas ORT algo que a mí me gustaba mucho, gracias a una beca. La educación formal está concentrada en moldear y fabricar chicos promedio. Hace 150 años que persigue los mismos objetivos con iguales herramientas: los chicos se sientan en filas para escuchar a un maestro en el aula y repetir lo que se les dice. Es una especie de industria. En lo personal, la repetición era lo que más me complicaba, porque lo que quería era hacer algo creativo, no seguir los mismos pasos una y otra vez para lograr lo que ya conocíamos.
Noticias: ¿Y entonces cómo alimentaste esa curiosidad y esas ganas de crear? ¿Te ayudó alguien?
Tubaro: Los fines de semana mi vieja me llevaba a un taller de inventores, una especie de escuelita donde cuando llegábamos se planteaba un problema del día y no nos íbamos sin encontrarle una solución original. Era nuestra salida de los fines de semana, yo creaba cosas y después volvía a mi casa, feliz. Eso fue desde los seis hasta los trece años.

 

Etapas veloces

Si Gino tuvo una madre intuitiva (Marta) que supo mirar y escuchar lo que su hijo quería y necesitaba, él puso la voluntad y su cerebro acompañó con las respuestas. Desde su casa en Pompeya siguió inventando, y a los 16 años fue invitado a exponer en un evento TEDx. Allí mostró cómo funcionaban dos de sus creaciones: el Sound Cube, un instrumento musical basado en la conductividad eléctrica del grafito y el Ladrón de energía, un dispositivo capaz de transformar señales de radiofrecuencia a tensión eléctrica, para generar luz.
Por entonces también creó su propia impresora 3D, que contribuyó a marcar el camino que actualmente recorre. Porque además de los inventos ya mencionados, Gino Tubaro tiene la impronta de haber creado una empresa propia (Atomic Lab) que hoy día tiene encargadas 3.500 prótesis fabricadas por medio de impresión 3D para personas que las reciben gratuitamente. Son manos completas, que Tubaro y las otras cuatro personas que trabajan con él diseñan y fabrican a un costo inferior a los cien dólares.
“Necesitaba una herramienta para poder crear objetos más profesionales. Así que empecé a investigar y llegué a la impresión 3D. Tuve una beca para un curso en lWest Virginia, en los Estados Unidos, y aprendí todo lo que necesitaba”, abrevia. La instrucción en ese caso duró apenas un mes.
En el 2013 Tubaro fundó la organización Darwin Research para dar a conocer sus inventos. La mamá de Felipe Miranda, un chico de diez años que había nacido sin su mano izquierda, lo contactó porque estaba precisando una impresora 3D, hasta que Gino vio que Feli necesitaba una prótesis de bajo costo, flexible, resistente, hecha a medida. “Crear esa solución no nos costaba dinero. Nos costaba tiempo. Comencé a trabajar y después de seis meses le enviamos la prótesis: Felipe nos manda un video y me cambia la vida”, recuerda Gino.
Pronto empezaron a llegar pedidos de prótesis desde diversas partes del mundo y hacía falta dinero. Así fue que Gino se anotó para participar en concursos varios: ganó el concurso Una Idea para Cambiar el Mundo 2015, que impulsa History Channel. El dinero del premio (unos 60 mil dólares) fue para la compra de veinte impresoras y los materiales necesarios para hacer las mil prótesis que desde Atomic Lab buscan entregar antes de fin de año.
También el año pasado, Gino Tubaro fue uno de los diez premiados por la publicación MIT Technology Review como uno de los Innovadores menores de 35 Argentina y Uruguay, por otro de sus inventos, un dispositivo que permite convertir de manera automática texto impreso a alfabeto braille. El aparato es un cubo de ocho centímetros que se usa a modo de dedal y que va leyendo y convirtiendo el texto para que los invidentes puedan leerlo.
Además, en Atomic Lab tienen en prototipo una remera capaz de detectar disfunciones cardíacas: la idea es que mida las funciones vitales y que pueda detectar el pulso para lanzar una señal de alerta en caso de ser necesario.

 

Prótesis

Pero el invento que se está llevando todas las energías es el de las prótesis fabricadas por impresión 3D. Actualmente hay 3.500 pedidos, muchos más de los que la empresa de Tubaro puede suplir, y por eso “vamos a necesitar dos años, aproximadamente, para poder llegar a todos, porque creamos modelos únicos e irrepetibles. Diseñarlas e imprimirlas toma entre 24 y 48 horas y tenemos capacidad para fabricar quince en cada etapa, a menos de cien dólares cada uno, dependiendo de tamaños y colores. Cada prótesis pesa unos 250 gramos, son fáciles de armar y personalizables. El material es un plástico derivado del maíz, amigable con el medio ambiente, hecho por productores locales y por lo tanto fácil de conseguir.
Cuando puede, Gino Tubaro continúa sus estudios de Ingeniería Electrónica en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN): “Tengo veinte materias de un total de más de cincuenta, pero en realidad hago la facultad como manera de escapar a la rutina que tengo. No es lo que uso en mis proyectos, lo hago porque me gusta estudiar, y por suerte me va bien”, confiesa, seguro.
Sin que nada más allá de su DNI delate sus veintiún años, Tubaro deja de hablar y vuelve a dibujar sus diseños. Con la misma naturalidad con la que, a veces, se le ocurren sus inventos en los momentos más insospechados, en la ducha, o caminando por una calle de Buenos Aires. 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *