Personajes / 22 de octubre de 2016

Oscar Barney Finn: “Los políticos argentinos hablan muy poco de cultura, no les importa”

Consagrado guionista y director de cine, teatro y ópera, habla de educación, política y amor. Anécdotas con Beckett y Antonioni.

A Oscar Barney Finn le da terror que lo tilden de exquisito. Teme que eso tenga una connotación negativa. Sin embargo, es un hombre exquisito en el mejor sentido. Sensible, culto, amable y sobrio. Alguien que se dejó seducir por la cultura e hizo de ese mundo su razón de ser.
Su departamento de Recoleta es su fiel reflejo. Cantidad de libros, cuadros y fotos con personajes notables (Sophia Loren, Jacqueline Bisset, Pilar Miró, China Zorrilla, Delia Garcés, Julia von Grolman, Manuel Mujica Láinez, entre otros).
Barney lleva cincuenta años de profesión. Es guionista y director de cine, teatro, televisión y ópera. Participó en diferentes instituciones y se dedicó a la docencia. Vivió cuatro años en París, donde estudió cine, becado por el gobierno francés; y fue becado también por el gobierno estadounidense. En su larga trayectoria vio, aprendió, vivió y anduvo mucho. “Sólo me faltó pintar y tocar el piano”, confiesa.
Noticias: ¿Qué significa para usted haber cumplido cincuenta años de profesión?
Oscar Barney Finn: Me obliga a detenerme y mirar para atrás, que, en general, no hago. Siempre tengo proyectos y voy para adelante. El camino fue largo. Comencé casi adolescente en el cineclub con mis amigos y eso funcionó varios años. Después, estuve en Europa, volví y abordé el cine con mucha intensidad, el teatro, la televisión, la ópera. Además, enseñé muchos años, creé la carrera de Diseño de Imagen y Sonido en la UBA, estuve en el Fondo Nacional de las Artes, en la dirección del Festival de Cine de Mar del Plata, en la Asociación de Directores de Cine.
Noticias: Un hombre inquieto y curioso.
Barney Finn: Sí, y no creo que deje de serlo nunca.
Noticias: La pasión sigue intacta.
Barney Finn: Sí. También soy crítico. No todo fue fácil o maravilloso. Hubo errores, proyectos que quedaron en el camino, momentos que hubiese querido evitar,
cosas que salieron muy bien y otras que no me dejaron conforme. Pero valió la pena, el balance es bueno. Hay que ser riguroso con el trabajo y con la vida, con la conducta, con tantas cosas que hoy están a prueba continuamente.
Noticias: ¿Se refiere a los valores?
Barney Finn: Así es. Sin educación no hay país que pueda tener futuro. No se trata sólo de hacer denuncias, de hacer juicios, de comprar más instrumental o de poner más seguridad. Se trata de preparar a la gente para ese futuro. Y no veo que haya una preocupación como debería por la educación y la cultura.
Noticias: ¿Cree que a los políticos argentinos no les importa la cultura?
Barney Finn: Hablan muy poco. No veo que previamente se ocupen y les interese la cultura. Luego es una buena excusa para planes que tienen otros objetivos. Si no, no estaríamos en el estado en que estamos. Teniendo que pelear y preocuparnos tanto por el futuro de aquello que queremos hacer.
Noticias: ¿A usted le interesa la política?
Barney Finn: No. Mi padre era netamente radical y, como buen irlandés, pertenecía al frigorífico Armour, un bastión en el puerto de La Plata. En ese entonces, me aproximé al comité, fui fiscal de mesa en la elección Frondizi-Balbín y fui al barrio obrero de Berisso, un lugar bastante difícil, para que los radicales ganaran una elección. Recuerdo también estar escuchando bajo los tilos de La Plata a Balbín, que tenía esa forma tan seductora en sus discursos y al que la gente seguía mucho. Después, la aparición de Raúl Alfonsín, un hombre de espíritu amplio, a quien tuve la suerte de tratar.  Acompañé siempre, pero la política no era lo mío.
Noticias: ¿Y cómo ve al país hoy?
Barney Finn: Los enfrentamientos no sirven de nada. Cansa escuchar siempre lo mismo. Los cambios tienen que existir, pero recién estamos tratando de salir de una situación para llegar a otra y en ese traspaso hay demasiada agresividad. Para tener un país mejor hay que pensar en educación y cultura y eso no lo veo todavía.
Barney Finn recibió numerosos premios y distinciones (Konex al mejor director de la década, Tres María Guerrero, Festival de TV en Biarritz, Fondo Nacional de las Artes, entre otros). Ahora está nominado al ACE por la dirección de “El diccionario” –elogiada obra sobre la vida de María Moliner (1900-1981), autora del famoso diccionario de uso del español– protagonizada exquisitamente por Marta Lubos. En octubre le entregan el Cóndor a la trayectoria y el 9 de noviembre lo declaran Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.
Noticias: ¿Si le ofrecieran un cargo en Cultura, aceptaría?
Barney Finn: No. En otros momentos acepté cargos y me arrepentí mucho. No volvería a estar al frente de la organización de un festival de cine, la pasé muy mal. Tenía una idea y quería cosas que no sucedieron. Tampoco hoy serviría para estar en una institución como la sociedad de directores, en la que tuve dos gestiones.
Noticias: Algunos creen que todo tiempo pasado fue mejor.
Barney Finn: Hay cosas muy buenas de la vida íntima y cotidiana que ya no son iguales. Me refiero a que las personas queridas ya no están, a que hay una forma de vida que nos aleja de esas cosas. Conservo todo lo que sea afectivo, sentimental, familiar, soy muy amiguero. Pero también es bueno ser testigo de los cambios y crecer con eso.
Noticias: ¿Los tiempos y los vínculos son más superficiales?
Barney Finn: Son. Pelear por el teatro o por el cine que quiero hacer o por las cosas que busco es cada vez más difícil, por la banalidad y por la forma digitada en que se maneja todo. El aspecto cultura me asombra. Igual, trato de ser positivo. Y debo decir que me siento muy reconfortado con las obras teatrales que dirigí últimamente. Tuve devoluciones importantes y alentadoras. No todo está perdido. Con “Poder absoluto” vamos a hacer cinco funciones en noviembre en el Teatro Latino de Nueva York, “La herencia de Eszter” regresa en enero y “El diccionario” reestrena a fin de septiembre en el teatro El Tinglado.
Noticias: “El diccionario” es una obra conmovedora en su rescate de la libertad y del valor de las palabras.
Barney Finn: Sí, es lo que me interesó rescatar de la obra. Cómo una mujer condicionada, desde lo político y lo social, tiene un objetivo en la vida, lo defiende y lo impone. Toda mi admiración a María Moliner. Su búsqueda desesperada por encontrar el sentido de cada palabra y, luego, la incongruencia de perder las palabras a raíz de su enfermedad. Eso me conmovió mucho.
Noticias: Usted parece una persona exquisita.
Barney Finn: Me aterra eso. A veces puede sonar despectivo.
Noticias: Me refiero a su sensibilidad, su gusto por las artes.
Barney Finn: Cuando era chico no tenía biblioteca, pinacoteca ni discoteca. Mis padres eran sensacionales, pero no era gente de la cultura. Mi madre era profesora de piano, pero no ejercía, y mi padre era uno de los ocho hermanos de una familia irlandesa, que se había ido de Mercedes a Berisso porque en el campo no les iba bien. Sin embargo, eran personas sensibles, de una gran afectividad, y eso fue la mejor forma de cobijarme. Me dieron la libertad y la usé.
Noticias: A lo largo de su vida conoció y trabajó con mucha gente importante. Debe tener infinidad de anécdotas. ¿Qué le viene a la memoria?
Barney Finn: Samuel Beckett y Michelangelo Antonioni. Estaba en el Teatro de las Naciones y era meritorio cuando se montó “Play”, de Beckett, en el Pabellón de Arte y Decoraciones del Louvre. Ahí lo conocí. Lo observaba todos los días en los ensayos, lo escuchaba, anotaba en cuadernitos y veía cómo les daba indicaciones a los actores. Fue un impacto muy grande para mí, no había conocido personas con esa fuerza, ese carácter y esa suavidad.
Noticias: ¿Y Antonioni?
Barney Finn: Me fui de París buscándolo por varios lugares hasta que lo encontré de casualidad en el Trastevere viendo una función de “Los inundados”, de Fernando Birri. Me presenté y me dijo que lo llamara. Lo llamé e hicimos una cita en el café Rosati, de Piazza Il Popolo. No me voy a olvidar, estaba de impecable traje y corbata tomando un granizado de limón. Yo quería estar en su equipo, pero él no tenía productor todavía. Me aconsejó que volviera a París y terminara mi corto y entrara de determinada manera en el cine. Me quedé muy mal, pero terminé siguiendo sus consejos. Pasaron casi cuarenta años y, cuando me enteré que iba al Festival de Gramado, pedí un encuentro. Él no podía hablar a raíz de una enfermedad, pero pude agradecerle. Se le llenaron los ojos de lágrimas y me agarró la mano. Lo invité a un homenaje en la Universidad de Buenos Aires, pero finalmente no pudo ser.
Noticias: ¿Le preocupa el paso del tiempo?
Barney Finn: Me preocupa no tener tiempo de conocer y hacer todo lo que quiero. Después, no. No hay nada mejor que pasar por esta vida de una manera adulta, creciendo, aprendiendo y abordando cosas nuevas.
Noticias: ¿Cómo es su mundo afectivo?
Barney Finn: Soy de querer intensamente, de gran entrega. Por eso tengo temor de ser más abierto. Hubo etapas donde viví eso de una manera más intensa y no me arrepiento. Pero también, a veces, me quitaron un poco el goce del mundo mío. Porque el mundo creativo exige mucho y no se puede compartir tanto.
Noticias: ¿Cómo le fue en el amor? ¿Se enamoró muchas veces?
Barney Finn: Me fue bien, pero no me enamoré muchas veces. Mi libido estuvo puesta fundamentalmente en la búsqueda de lo que quería ser y decir y, quizás, el amor quedó como en un segundo plano. Con los años descubrí también que fueron las amistades las que pesaron en mi vida. Amistades que, sin ser amorosas, han sido casi como… Ahora estoy más nostalgioso del pasado, por las ausencias y las carencias, pero no me sucede lo mismo en el plano profesional. Ahí tengo mucho por hacer todavía.

 

Cecilia Escola

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *