Libros / 23 de Octubre de 2016

“La disolución”: El amor en el caos

Novela de Diego Erlan. Tusquets, 211 págs. $ 300.

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★★★★ “Esta es la historia de Simón y Monserrat”, dice la contratapa. Parece la unión de un nombre de personaje y otro de barrio. El libro cumple a su modo con la insinuación. Porque el personaje de la mujer es el más amplio, el que importa, aunque el nombre del hombre (o muchacho) tenga resonancias bíblicas. La marea de ráfagas arrebatadas de amor, traición, goce, sufrimiento, intento de armonía y triunfo repetido del caos está tejida con un recorrido minucioso de lugares específicos de la ciudad.
Desde el principio Simon aspirará, con la pasión de la juventud, al puesto del amado único. Y también desde el principio estará un poco condenado a ser el testigo, el cronista de la múltiple Monserrat (la mujer, no el barrio). En la carpintería fina, Diego Erlan va desgranando nombres de discos y músicos, detalles múltiples de una época (los noventa). Periodista destacado, lo hará en profusión, pero al mismo tiempo buen narrador, los irá soltando sin romper el ritmo, el tono, el empaste de olores, sonidos y colores de una historia de amor.
Un tercero en discordia, previo a Simón, es Silva, un fotógrafo de rock ya veterano que encarna el mito del genio autodestructivo, y que habrá marcado en más de un aspecto a Monserrat, empezando por el sexo. Mientras la relación central se corta y se reanuda más de una vez, con una conciencia creciente de Monserrat de su falta de creencia mínima en la estabilidad burguesa, la realización de un concierto de Charly García pone a prueba la estabilidad del propio texto. Por suerte es incluido fuera de cuadro, sin amenazar la mezcla de elementos basados en la trasposición de virtudes musicales o tendencias o en el cine, que en la literatura propiamente dicha.
Hay personajes secundarios existentes (un hermano, una amiga) y una participación emocional del autor en los sacudones afectivos de la trama, a través de interpósita persona. Porque todo está narrado por una tercera persona que se vuelve primera por la insistencia en concentrarse hasta en pequeños detalles de Simón. Aunque Monserrat, justamente por fallar, por temer pero no dejar de caer en el caos (la droga, la traición, la intensidad) es el remolino central que le da contexto al principio y después razón de ser a la novela entera. Una apuesta por el sacudón y la pérdida de equilibrio para entender el amor, y hasta la existencia.

 

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