Teatro / 27 de octubre de 2016

Kilómetro limbo: una propuesta bastante fallida

De Pedro Gundesen. Con Osvaldo Santoro, Claudio Rissi y Cristian Aguilera. Dirección: Luis Romero. Cervantes, Libertad 815.

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★★ En esta misma sección, quien suscribe, celebró el debut dramatúrgico del argentino Pedro Gundesen con “Argentinien”, obra muy bien dirigida por Luis Romero, en el Teatro Cervantes, donde se reflejaba la incomunicación humana. Por esa razón resulta desconcertante que la misma dupla creativa de autor y puestista, en idéntico ámbito, ofrezcan una propuesta fallida, tanto en el texto como en su montaje. Aunque, conviene aclararlo de entrada, las actuaciones salgan indemnes del tropiezo.
Vamos por partes. En “Kilómetro limbo”, el disparador argumental nace en un acontecimiento real del año 2001: cargado de hacienda, un camión vuelca en la ruta a Rosario, el ganado queda desparramado y casi un centenar de personas se abalanzan sobre los animales para faenarlos.
Esta falsa dicotomía entre civilización y barbarie, perenne a lo largo de nuestra historia y, en aquel contexto, impulsada por una necesidad económica extrema, es el punto de partida para el encuentro ficticio del Nene (Osvaldo Santoro), veterano camionero accidentado a punto de jubilarse, con el Taqueño (Claudio Rissi), un lumpen que se trasviste, vive prácticamente en la indigencia y ayuda a los vecinos, como una especie de Robin Hood vernáculo, repartiendo las achuras que descarta el matadero local.
Sin duda, la intención es noble: retratar la argentinidad y sus mutantes antagonías políticas y sociales. Lamentablemente, el propósito se vuelve utópico y demasiado abarcativo para una pieza de apenas sesenta minutos. La impresión final es la de observar una situación dramática potente (el encontronazo de dos personalidades diferentes) pero estirada hasta su tibia resolución, incluida una pequeña sorpresa, bastante previsible.
El director no supo, o no quiso, exponer la emoción de estos seres desprotegidos a pesar de contar con la complicidad de dos actores de lujo. Tanto Santoro como Rissi llevan sobre sus espaldas toda la responsabilidad de hacer avanzar la historia de esas almas que enfrentan la adversidad. Más allá de los reparos, ambos están espléndidos y vale la pena disfrutar de sus trabajos, en ese limbo donde los sentimientos fraternos quedan ocultos.

 

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