Sociedad / 30 de Octubre de 2016

¿Qué pasa en la cabeza de un femicida múltiple?

Cuatro peritos psiquiatras analizan la mente del asesino de Mendoza. Qué particularidades tienen este tipo de criminales y cómo identificarlos.

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Los peritos oficiales calificaron aDaniel Salazar de “imputable”. El fiscal lo imputó por triple femicidio y tentativa de homicidio, por el ataque a los tres menores.

“Todos somos potenciales asesinos, aunque son pocas las personas que terminan matando”. Así explica el psiquiatra forense Enrique De Rosa cómo en la esencia del ser humano existe un posible asesino, pero también aclara que la gran mayoría tiene frenos inhibitorios que están relacionados con el aprendizaje cultural. De la misma manera, su colega Hugo Marietán asegura que las personas capaces de matar siempre dan advertencias previas.
El domingo 23, la noticia que llegaba del barrio Trapiche de Mendoza conmocionó a todo el país. Claudia Lorena Arias (30); su tía, Marta Susana Ortiz (45); y su abuela, Silda Vicenta Díaz (90), habían sido asesinadas a cuchillazos. A metros de ellas, dentro de la misma casa, agonizaban dos de los cuatro hijos de Arias, un varón de 11 años y una beba de 10 meses. La policía llegó al lugar porque el hijo de 8 años de la joven asesinada escapó del asesino escondiéndose en el baúl de un auto y al salir llamó a su abuela y le dijo: “el Daniel mató a todos”. El hombre señalado por el menor es Daniel Salazar (30), quien había estado en pareja con su madre y es el supuesto padre de su hermana menor.
¿Qué lleva a una persona a cometer tremendo crimen? ¿Había manera de evitarlo? En un primer momento se creyó que el asesino no había dado indicios, pero con el correr de las horas aparecieron pruebas que, para los peritos psiquiatras consultados por NOTICIAS –De Rosa, Marietán, Ricardo Risso y un psquiatra de la Corte Suprema de Justicia–, advertían que Salazar tenía personalidad de un potencial asesino.
Mente de un asesino. “¿Boludo, posta que la quemaron? Jejeje… Yo me acuerdo de la Romi”, “Y bue, se lo merecía… ¡algo habrá hecho!”. Las frases salieron de boca del propio Salazar en un grupo de Whatsapp que integra, y se refiere al caso de Romina Barria, la joven que fue asesinada de 12 puñaladas el 4 de octubre en Río Gallegos, provincia de Santa Cruz, de donde también es oriundo Salazar. Veinte días después, Salazar imitó en Mendoza el hecho al que se refería con tanta frialdad. Incluso, como hizo el asesino de Barria, intentó incendiar la casa.
“Los audios son un claro indicio de su desprecio hacia las mujeres”, asegura el psiquiatra de la Corte, quien también sostiene que todos los femicidas dan indicios, “algunos son más evidentes, pero otros son más sutiles, al punto de que sus actos violentos son menospreciados por las víctimas y sus allegados”. Eso explicaría cómo es que la familia de Arias insistía en que no había antecedentes de actos de violencia por parte de Salazar.
“Los audios también muestran una imitación en la mecánica de asesinar”, asegura Risso, ya que Salazar actuó igual que el asesino de la joven santacruceña. De Rosa da un paso más y explica que “los seres humanos aprendemos por comportamientos imitativos. Esos aprendizajes quedan impregnados en la memoria y cuando uno actúa lo hace de esa misma manera”. Y agregó: “Luego del femicidio de Fernando Farré (el empresario que asesinó a cuchilladas a su mujer en un country de Pilar) se dieron varios casos de apuñalamientos. Es más, hubo 4 casos en los dos meses siguientes en Pilar”.
Risso se refiere al “sentimiento de oprobio”, el sentimiento de ofensa o agravio que puede sentir una persona que causa una reacción inmediata. “En algunas personalidades predispuestas y destructivas, la afección al sentimiento de oprobio lleva a reaccionar de manera violenta y puede desencadenar en respuestas descomunales y aberrantes como en el triple femicidio de Mendoza”, afirmó Risso.
“Salazar muestra una personalidad narcisista importante. Un hombre a quien la aparición de un hijo no esperado le desarticuló toda su estructura. Y en los casos de violentos, esa desestructuración no puede ser expresada racionalmente”, afirmó el perito de la Corte.
¿Puede prevenirse? Los profesionales consultados por NOTICIAS aseguran que es evitable si se empieza por no banalizar las acciones violentas. “El Estado debe actuar para prevenir y no una vez cometidos los crímenes. Es clave la difusión de los actos de violencia, la contención de las víctimas y la instrucción en el tema de educadores”, afirma De Rosa.
Orgía de Sangre. Daniel Salazar es instructor de artes marciales. Según pudo saber NOTICIAS, en su infancia habría sufrido constantes maltratos de parte de sus padres y “bullying” en la escuela primaria debido a una dificultad en el habla. A Mendoza llegó hace una década para estudiar medicina y allí conoció a Arias, ya que a ella y a sus hijos les enseñaba taekwondo. Pero la relación entre ambos duró poco.
Arias tenía tres hijos de otra pareja y quedó embarazada de Salazar. Según relata la familia de la joven, “él se borró”. Para los investigadores, el detonante habría sido que el asesino hacía tenía una nueva relación y no quería que se supiera de la existencia de una hija de la que él dudaba haber sido el padre.
La madrugada del domingo 23, Salazar llegó a la casa de Arias con la excusa de que le llevaría plata para comprarle leche a la beba. Tras una discusión, tomó un cuchillo y asesinó a su ex pareja, a la tía y a la abuela de la joven. E intentó asesinar a los tres menores, hiriendo gravemente a la beba y al nene de 11 años, quienes lograron sobrevivir. El de 8 años se salvó porque logró esconderse. “Una persona en un acto de emoción violenta no amplía el homicidio en otras personas. La continuidad indica que Salazar estaba manejando sus acciones y comprendiendo la criminalidad de sus actos”, afirma Marietán.
El asesino fue detenido horas después, cuando fue al hospital local de Godoy Cruz para atenderse por un corte que dijo le habían hecho en un intento de robo. Está imputado por el fiscal Santiago Garay por triple femicidio y triple tentativa de homicidio, por el ataque a los tres menores. Para De Rosa, “es muy importante hacer un acompañamiento de las víctimas, porque más frecuentemente de lo imaginable, son ellos quienes terminan transformándose en victimarios”.

 

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