Ciencia, Opinión / 1 de noviembre de 2016

Presupuesto 2017: Alerta ciencia

El recorte y su relación con el plan de desarrollo formulado en 2010. Caso Brasil: cómo mantuvo sus metas a través de los gobiernos.

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El grueso de los científicos argentinos cerró filas y está en estado de alerta desde que comprobó que el presupuesto 2017 destinado al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación tuvo un incremento inferior al del promedio del Presupuesto Nacional y al de la inflación interanual, lo que implica un ajuste con respecto al año 2016. Desde ese momento, las protestas, los movimientos para concientizar a medios de comunicación, legisladores y a la sociedad en general no tuvieron descanso. Tampoco las expresiones de preocupación, que llegaron, incluso, desde fuera del país.
El presupuesto 2017 prevé quitarle a la finalidad Ciencia y Técnica (CyT, que incluye a los organismos importantes para el sistema científico) unos 4.358 millones de pesos, lo que implica una caída del 0,18% del presupuesto respecto de la partida aprobada a fines del 2015. Esto implica otorgarle un 0,59% (13.957 millones de pesos) del total nacional, cuando en años anteriores, el porcentaje se había situado en entre el 0,7% y el 0,8%.
Tal reducción genera un cimbronazo para el área científico-tecnológica. En el caso del CONICET, por ejemplo, implicaría la no incorporación durante el año 2017 de los investigadores que están siendo evaluados en este momento, quedando una camada completa de nuevos doctores sin un futuro laboral cierto. Mientras esto sucede, el presupuesto otorga un aumento de 90.000 millones de pesos (suba del 137,80%) para el pago de deuda.
“Se observa que el total del presupuesto se incrementa un 50,54% mientras que la finalidad Ciencia y Técnica (CyT) lo hace sólo un 32,36%. Salvo el Instituto Geográfico Nacional (IGN), el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), el resto de las dependencias sufre disminuciones en pesos o subas menores al incremento del total del presupuesto, sufriendo por lo tanto un recorte con respecto al porcentaje asignado en el año 2016 -explica Jorge Aliaga, ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA-. Si hacemos el mismo análisis pero tomando el valor del dólar al momento de tratarse ambos presupuestos ($9,7=1U$S en noviembre del 2015 y $15,4=1U$S en octubre del 2016), vemos que el total del presupuesto sufre una disminución en dólares del 5,18% y la finalidad CyT sufre una baja del 16,63%. Esto tiene especial impacto en aquellas actividades en las que los insumos son importados.”
Desde la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA se emitió un comunicado que rechaza la posible asignación de una suma adicional de entre 700 y 900 millones de pesos adicionales, trascendido que circuló a principios de semana.
“Para actualizar el presupuesto del Ministerio según el aumento promedio del Presupuesto Nacional o la inflación interanual, se necesitan 3.100 millones adicionales. Con un incremento de hasta 900 millones, el ajuste sería todavía de 2.200 millones de pesos -expresa el documento-. Considerando que el incremento anunciado resulta insuficiente para poder compensar la inflación del último año, la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA resolvió solicitar al Congreso de la Nación que se asigne al Mincyt un presupuesto de 17.000 millones de pesos para el año 2017.”
Altibajos. Los científicos argentinos tienen por qué preocuparse. No es la primera vez que los recortes amenazan con paralizar el sistema y llevar al colapso lo que llevó años reconquistar. “Dos décadas después del último Golpe de Estado, el gobierno de Carlos Menem congeló la planta del CONICET, congeló el ingreso a planta docente en las universidades públicas nacionales, pretendió eliminar las dedicaciones exclusivas. Su sucesor Fernando De La Rúa, pretendió cerrar la Comisión Nacional de Energía Atómica y dejó varados en el exterior a becarios postdoctorales”, escribió Leandro Andrini, Investigador (CONICET) en Área Química, que actualmente se desempeña en el instituto Louis Néel en Francia, en una carta pública dirigida al Ministro de Ciencia Lino Barañao.
La carta fue respuesta a una presentación que hizo el Ministro ante la Comisión de Ciencia y Técnica de la Cámara de Diputados y que hizo mucho ruido. En un audio que fue cortado se lo escucha diciendo que “hay que “fomentar que la gente se vaya”. En rigor de verdad, el ministro ya había dicho anteriormente (incluso durante una entrevista con Noticias en enero último) es que consideraba necesario hallar el modo de que los doctorados argentinos se siguieran capacitando en el exterior por períodos cortos para mejorar su formación antes de ingresar a la carrera de investigador en el CONICET.
Lo cierto es que más allá de las interpretaciones algo está cambiando respecto del Programa Argentina Innovadora 2020 que fue presentado por el mismísimo Ministro Barañao durante su gestión al frente de la cartera de Ciencia durante la primera presidencia de Cristina Fernández. Entre las metas allí propuestas se hace referencia a que para el año 2020 la Argentina debería contar con cinco científicos y tecnólogos por cada mil personas económica activas (por ese entonces, había 2,9 en igual relación). Y si el porcentaje del PBI adjudicado a CyT en lugar de aumentar cae a sus mínimos promedio históricos sería tal vez necesario decir claramente que aquél plan ya no estará vigente. O al menos no en su totalidad. Y entonces sería bueno que los cambios se hicieran con tiempo, de manera escalonada y planificada.
Caso Brasil. En Brasil, país latinoamericano típico, con escasa estabilidad institucional y una desigualdad económica y social estruendosa durante la mayor parte de su historia, se caracterizó por no haber interrumpido un lento pero continuo desarrollo científico y tecnológico que alcanzó su punto más alto durante las presidencias de Lula da Silva y Dilma Russeff.
El camino comenzó en la década del ´50, con planes como el CNPq (fomento a la investigación y becas) y el CAPES, para la expansión y consolidación de los posgrados de investigación, Plan Nacional, Becas y Evaluación. En 1969 nació el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FNDCT), con la misión de prestar apoyo financiero, científico y tecnológico para la implementación del Plan Básico de Desarrollo Científico y Tecnológico. También, el Programa de incentivo a implementación de la investigación científica en las universidades e institutos; el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología y el Plan Básico de Desarrollo Científico y Tecnológico. En 1999, fue complementado con Fondos Sectoriales Ciencia y Tecnología. Esos fondos definieron de algún modo los sectores del desarrollo científico brasileño.
La idea no es hacer una historia de la ciencia brasileña, sino ver cómo los planes delineados continuaron a lo largo del tiempo, con altibajos, pero de manera constante, atravesando gobiernos de diferente signo político. Para el año 2008, en Brasil había 230 mil investigadores que publicaban 30 mil artículos por año, representaban el 2,12% de la producción científica mundial y se ubicaban en el puesto número 13º en el ránking planetario (según cifras de la UNESCO).
El crecimiento en la producción y publicación de trabajos originales entre 1992 y 2008 fue constante, y la participación en la producción científica mundial se triplicó durante ese tiempo. Y aquí viene uno de los datos más fuertes: en el 2008, la inversión en ciencia, tecnología e informática fue de 23 mil millones de dólares, aportados en un 55% por el sector público; Brasil le ganó a España, con 20 mil millones de dólares, y a Italia, con 22 mil millones de dólares. Más decisiones de Estado, que no habrán sido sencillas, pero que miraron al futuro.
Solo tres ejemplos de empresas que fueron consecuencias de este largo proceso. EMBRAPA (Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria), cuyo objetivo fue “promover el desarrollo económico y social de Brasil a través de la ciencia, la tecnología y la innovación en el sector agropecuario”, centrada en agregar tecnología de punta a los commodities; EMBRAER, hoy una de las mayores firmas aeroespaciales del mundo, productora de aviones; y Petrobrás, compañía del sector energético. Incluso la actividad minera tiene en Brasil una ley de innovación y fomento tecnológico para que la minería no se limite a un rol de tipo extractivo sino que incorpore innovación.
En resumen: un gobierno no debe “apoyar” a la ciencia, considerándola un “gasto”, sino que debe apoyarse en la ciencia pensándola como una inversión ardua al principio, pero que derramará en el largo plazo.

 

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