Teatro / 3 de noviembre de 2016

La vagina enlutada: Sólidas actrices, rugientes personajes

De Walter Ghedin. Con Mónica Salvador, Ana Padilla, Silvia Pérez y elenco. Dirección: Gastón Marioni. El tinglado, Mario Bravo 948.

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★★★ “¿Ya no hay hombres o nosotras estamos cerradas al amor?”, cuestiona una de las protagonistas de “La vagina enlutada”, la pieza del psiquiatra argentino Walter Ghedin, que reúne las vivencias de muchas mujeres maduras convencidas de que no es posible volver a creer en el afecto o vivir en pareja. El tema y su forma escénica de encararlo no son nuevos. Basta mencionar las exitosas “Monólogos de la vagina” o “Confesiones de mujeres de treinta”, para conocer de antemano el transitado esquema: cada una expondrá su historia personal a través de soliloquios o diálogos, como una manera de exorcizar los demonios internos y compartir sus hábitos de vida.
En esta propuesta, gran parte de la intimidad femenina se revelará en las rugientes narraciones de un grupo de amigas íntimas después de asistir al velatorio del cónyuge de una de ellas. La devota Etelvina (Mónica Salvador) perdió a su esposo cuando intentó agregar condimento a sus agónicas relaciones íntimas. Lo adoraba con tanta devoción que, cuando murió, consagró sus días a la lectura de la Biblia. La sensual Susana (Silvia Pérez), estaba enamoradísima de su marido pero la engañó y la dejó por una chica tan joven que podría ser su hija. En tanto, la refinada Julieta (Jessica Schultz), estuvo predestinada al goce y vivió experiencias con varios hombres hasta terminar fascinada por uno casado. La arquitecta Marilú (Cecilia Tognola), descubrió el placer de su esposo al vestir medias caladas y se refugió en el alcohol tras encontrarlo en compañía de una asistente muy peculiar. Las cuatro están ligadas por Carmen (Ana Padilla), la dueña del centro de estética en el que todas se conocieron y quien tendrá a su cargo esclarecer aún más el pasado en común.
Desde la dirección, Gastón Marioni, supo mover la pieza en el estrecho escenario y conjugar los temperamentos interpretativos. Cuenta con actrices muy sólidas en las que se destacan la insoslayable ductilidad de Salvador, quién se roba las carcajadas del público con los ribetes cómicos de su criatura; la fuerte presencia de Padilla, en un personaje casi Lorquiano, y el desparpajo seductor de Tognola, toda una revelación.

 

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