Libros / 6 de Noviembre de 2016

“El traductor del Ulises”, de Lucas Petersen

“El traductor del Ulises”, de Lucas Petersen. Sudamericana, 396 págs. $ 349.

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★★★★ La novela “Ulises” de James Joyce es considerada, desde su aparición en 1922, “La” novela del siglo XX. Ambientada en un día común de Dublín, sus capítulos de gran complejidad, la estructura laberíntica y sobre todo el empleo de un lenguaje múltiple con diversas sonoridades y sentidos la convirtieron además en “La” prueba para un traductor. En el caso del castellano, con el paso del tiempo llegó a haber cuatro versiones. La más citada, sin embargo, fue la primera. Atacada y defendida, su autor, José Salas Subirat, era poco conocido hasta hoy. A partir de esta biografía de Lucas Petersen, ese desconocimiento desaparece.
Porque la tarea realizada es minuciosa y regulada, cambiando de frente a menudo para ir desarrollando una vida que, hasta este libro, parecía alejada de la complejidad del “Ulises”. La parsimonia con que Petersen la va desmenuzando descubre que, desde un principio, Salas Subirat fue un hombre de intereses múltiples y mezclados. Lejos de ser, como se dijo más de una vez, un mero vendedor de seguros metido a traductor, cruzó desde un principio sus intentos literarios, o sus aspiraciones musicales o plásticas, y la pertenencia cambiante al clima intelectual de la época. Al principio se movió en el margen del grupo de Boedo, después mantuvo una equidistancia cauta.
Muy informado, lo que Petersen logra es ir exponiendo su vida en los aspectos privados, por una parte, e ir desplegando sus cambios de posición biográfica o política. Al mismo tiempo se muestra como un lector atento y agudo para opinar sobre los libros sucesivos que fue escribiendo, tanto literarios o filosóficos como dedicados a los seguros (algunos clásicos en el ramo) y lo que luego se consideró “autoayuda”.
Después de la mitad del libro aparece la traducción de Joyce, al principio realizada sólo para poder leerlo, después encargada por la editorial Rueda. La atención al detalle y la sensibilidad para opinar de Petersen no aflojan. No perdona la zona de errores y erratas, que fue abundante, pero tampoco deja de considerarla una obra esencial de la literatura argentina, por la temperatura “callejera” torrencial de su versión, y por el modo en que influyó por décadas. 

 

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