Economía / 8 de noviembre de 2016

La amenaza del Deutsche Bank se cierne sobre las finanzas globales

El banco alemán recibiría una multa que supone un síntoma de una crisis mundial irresuelta. Impacto en la Argentina.

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Sede central de Deutsche Bank en Fráncfort, Alemania.

¿Cuáles son las posibilidades de una nueva crisis mundial en vista de la amenaza de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos multe al Deutsche Bank después de las elecciones norteamericanas de este 8 de noviembre? La situación que presentaría una eventual caída del Deutsche Bank presenta un panorama diferente del que se dio con la caída de Lehman Brothers en 2008, pero en cualquier caso es un panorama sombrío, preocupante.
Estructuralmente el Deutsche es distinto de lo que era Lehman al momento de su caída. A pesar de que el Deutsche es un banco débil que está altamente apalancado en relación con lo que es el estándar de los otros, y que tiene un esquema de negocios poco transparente, incluyendo activos opacos que no tienen precios de mercado, sus fuentes de financiamiento están más diversificadas que lo que ocurría en el caso de Lehman. Y en principio el Deutsche tiene acceso de emergencia a financiamiento del Banco Central Europeo.
Esta coyuntura nos enfrenta a una situación por demás interesante, que es ver qué rol tomaría el Gobierno alemán en el eventual caso en que evitar la quiebra del Deutsche dependa de un programa de salvataje. ¿Mantendría su filosofía de evitar intervenciones que alimenten un problema de “riesgo moral”, como viene manteniendo como bandera de la construcción de sistema político en Europa, posición que impuso con vehemencia en el caso de la crisis griega, país al que le impidieron reestructurar su deuda? ¿O en este caso su posición cambiaría en circunstancias donde los nombres y apellidos son otros?
Problema añejo. La situación del Deutsche es sintomática de un problema más general. Seguimos teniendo un sistema financiero internacional con una capitalización baja en relación con el tamaño de sus hojas de balance, y no se está encontrando la manera de ponerle remedio a esto. Lo que sucede es que la crisis internacional no se terminó. Lo que estamos viendo es una imposibilidad de resolver una situación de demanda agregada global deficiente. Se recurre excesivamente a la política monetaria, y eso no alcanza. Las tasas de interés bajísimas no son suficientes en contextos de alta incertidumbre para reactivar los niveles de gasto.
En ninguna de las economías que siguieron políticas monetarias de este tipo se ha registrado recuperación sustancial del crecimiento ni un regreso al pleno empleo. Los bancos no están intermediando de forma de canalizar el ahorro en inversión, y las grandes corporaciones, en este contexto incierto, precautoriamente deciden no invertir sino retener liquidez.
Es cierto que el Deutsche es un banco de negocios particularmente dudosos, que le valieron la sanción de 14.000 millones de dólares del Departamento de Justicia por actividades fraudulentas y que contribuyeron a que se encuentre en la situación en la que está. Pero de forma más general, en una situación macroeconómica tan precaria no es sorpresa que los bancos estén frágiles.
Pero a diferencia de lo que fue el estallido de 2008, no venimos de un momento de euforia. De modo que aun cuando la probabilidad no es cero, es difícil esperar una crisis similar. Sí se podría esperar ante un evento financiero mayúsculo una profundización de la aún irresuelta crisis. Y si el Deutsche cayese y Europa lo salvase, también acentuaría malestares en la población, que ya son profundos, y que están teniendo consecuencias políticas como el Brexit.
Impacto local. En situaciones de inestabilidad financiera global lo que tiende a haber es una huida de los capitales hacia la calidad, que significa ir a refugiarse en los activos más seguros. Pero estos no abundan en el contexto actual. Y los retornos relativos son tales que  los bonos argentinos siguen siendo una oportunidad deliciosa para los acreedores.
Casi todos los activos de renta fija en el mundo ofrecen retornos cercanos a cero, y en ocasiones hasta negativo. La Argentina, en cambio, ofrece por su deuda retornos en dólares por encima del 7%. A esos valores, no serán los acreedores quienes pongan un freno a los montos de endeudamiento del país –más aún cuando los niveles de endeudamiento que tiene el país no generan la percepción de que pueda haber dificultades para el repago en el corto plazo–.
Este es un camino que el propio país tiene que corregir. Para este año era razonable usar el crédito internacional de modo de evitar contraer la política fiscal en un momento recesivo, pero darle continuidad a este proceso se vuelve peligroso. El problema es que con una macro débil corregir los desequilibrios fiscales se vuelve más difícil, ya que sin recuperación de los niveles de actividad los recursos fiscales también son menores. Y la macro argentina no goza de buena salud. Este Gobierno recibió una macro desequilibrada, y no supo resolver esos desequilibrios de una forma que no dañe el nivel de actividad. Pienso que pase lo que pase en el mundo, en 2017 no será el resto del mundo el que le ponga el límite a la posibilidad que tiene el Gobierno actual de endeudarse. Lo que se necesita es un esquema macro que ayude a recuperar el crecimiento sin tomar el atajo perverso del endeudamiento.
¿Y si Donald Trump gana las presidenciales norteamericanas? Su propuesta es la de hacer “economía del derrame”, la ilusión de que recortar impuestos a los ricos generará más inversión y mayores niveles de actividad. Si ganase, una implementación de este esquema llevaría a lo contrario: el nivel de actividad en Estados Unidos caería (y la desigualdad crecería), lo que afectaría negativamente al resto del mundo, especialmente a Europa. Una macroeconomía global más débil debilitaría aún más a este sistema financiero internacional ya endeble.

 

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