Costumbres / 14 de Noviembre de 2016

El boom del orden

La japonesa Marie Kondo es éxito mundial por enseñar a acomodar armarios y cajones. ¿Filosofía u obsesión?

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El año pasado, cuando “La magia del orden” (Aguilar) se editó en español y llegó a las librerías, su influencia se extendió a toda velocidad entre los argentinos. De pronto comenzaron a escucharse testimonios de personas que habían sacado de sus casas cinco, seis o 10 bolsas repletas de cosas que ya no usaban. De un tirón y sin mirar atrás, todos coincidían en que el efecto era sumamente aliviador. En una sociedad imbuida en el consumo, la filosofía minimalista y ascética de una japonesa comenzó a hacer mella en muchos y a llamar la atención de otros tantos. El fenómeno se llama Marie Kondo, y su libro vendió más de 2 millones de ejemplares solo en Japón y fue traducido y publicado en más de 35 países. Con tal éxito, no podía hacerse esperar su siguiente paso: acaba de lanzar “La felicidad después del orden” (Aguilar), un texto que profundiza y hasta ilustra la idea de que ordenar nuestras casas y pertenencias puede llevarnos a ser más felices y plenos.

 

Un método especial

Todos hacemos orden a diario. En nuestra casa, en el escritorio del trabajo, en la cartera o la mochila. Sin embargo, conforme concluye el día, es probable que ese espacio vuelva a inclinarse hacia el desorden. Y si bien es cierto que el universo tiende a la entropía, el método de Marie Kondo propone una técnica y disciplina que asegura garantizar la organización para siempre. Y más aún, extender ese orden a otros aspectos de la vida, como si al acomodar nuestra casa también lo hiciéramos con nuestra existencia. “Básicamente, cuando pones tu casa en orden, también pones en orden tus asuntos y tu pasado. Como resultado, puedes ver con claridad lo que necesitas en tu vida y lo que no”, apunta la especialista.
En este camino, el primer paso no es tanto ordenar como desechar. A partir de la premisa de que cada cosa que conservemos debe provocarnos felicidad, se deben reunir los elementos de cada categoría, empezando por la ropa, y evaluar uno por uno si esto efectivamente es así, y si de verdad queremos tenerlo. Aunque en ciertos objetos o prendas la razón sea obvia, porque están rotos o no se usan o pasaron de moda, el criterio de felicidad hará más simple la decisión en todo el resto de los casos. Y así, el enfoque no estará tanto en lo que deseamos tirar sino en aquello que queremos guardar. Por eso, Kondo recomienda tomar cada cosa en la mano y sentir cómo reaccionamos frente a ella.
El concepto de ordenar por categorías tampoco es un tema menor. Y es que en general, la mayoría comienza organizando por espacios o lugares, como ambientes o el interior de ciertos muebles. Pero según esta gurú, ese método no funciona porque no siempre se guardan cosas similares en un mismo lugar, y es importante verlas todas juntas para decidir sobre ellas. Además, este concepto de categorías debe tener un cierto orden, para evitar que nos dispersemos con cuestiones emocionales o cosas sobre las que nos resulta más difícil definir. Para Kondo, el orden debería ser: ropa, libros, papeles, objetos varios y elementos sentimentales.
Y aquí es donde el segundo libro más brilla. Con descripciones y hasta ilustraciones sobre cómo ordenar y doblar prendas y objetos, recorre cada categoría y espacio de la casa y el lugar de trabajo, casi sin dejar lugar a dudas (o excusas) y funcionando como una guía muy completa y exhaustiva.

 

Un futuro organizado

Como se trata de una filosofía proveniente de Oriente, queda la duda de si es aplicable en Occidente. Y para Marie, se trata de una lección para aprender en cualquier lado. “Los japoneses tratan las cosas materiales con mucho cuidado desde tiempos inmemoriales. La idea de los ochocientos mil dioses significa que no solo están en la naturaleza, sino también en cada granito de arroz. En consecuencia, no solo hay que respetar al planeta, también a cada objeto que nos rodea”, apunta. La idea de que todo tiene un espíritu ayuda entonces a comprender mejor los beneficios del orden, que “exceden las fronteras”. Tampoco influye la cantidad de metros de una casa, porque el orden y el respeto hacia las cosas están en uno mismo. “Puede costar más o menos dependiendo de la personalidad o las costumbres, pero una vez adquirido, el orden no se va”, alienta la especialista.
Lo que cambia tras impartir este orden es la experiencia de compra que se hace cada vez más con el corazón y la cabeza. “El método es en realidad una transformación. Una vez incorporado, se comienza una nueva vida, más iluminada y feliz. Aprendemos a valorar, y esto hace que nunca más malgastemos nuestro dinero comprando cosas para encubrir estados de ánimo”, apunta Kondo. Así como ya no acumularíamos, tampoco compraríamos nada que no nos haga felices. “Compramos con alegría, sabiendo que eso es único, meditado y una fuente más de felicidad”, agrega.
Finalmente, además de permitirnos ver y pensar con más claridad sobre nuestros propósitos de vida, ordenar también puede tener un costado catártico. En tiempos acelerados, organizar el propio universo puede brindar calma. “Si no podemos frenar el caos mundial, tranquiliza enormemente terminar con el personal, porque de algún modo estamos colaborando con nuestro grano de arena”, sintetiza la gurú. 

 

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