Tecnología / 19 de Noviembre de 2016

La revolución cibernética

Un experto del MIT analiza beneficios y riesgos de la tecnologización. El trabajo.

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Durante siglos la fuerza de los músculos humanos fue la única fuente de energía capaz de reproducir cosas. Con la Revolución Industrial, la energía pasó a alimentar la potencia de una invención que lo cambió todo: las máquinas. Comenzó entonces la primera era de las máquinas. El aumento en la productividad provocó un salto inédito en la historia de la humanidad y sentó las bases del mundo tal cual lo conocemos hoy.
Pero ahora, dice el economista estadounidense Erik Brynjolfsson (director del centro de Negocios Digitales del Instituto de Tecnología de Massachusetts, MIT), estamos amaneciendo a una nueva revolución: después de los brazos del ser humano y de la máquina a vapor, llegamos a los avances de la tecnología y de la inteligencia artificial. Son ellas las que van a potenciar la capacidad humana de un modo tal que cambiará una vez más la manera en cómo vivimos.
Periodista: Usted dice que el mundo vivie lo que sería la segunda era de las máquinas. ¿Cómo la define?
Erik Brynjolfsson: Defino de ese modo al momento actual porque lo que las tecnologías de la computación y los avances digitales están haciendo por nuestro cerebro es lo mismo que las máquinas a vapor hicieron por nuestros brazos en la época de la revolución industrial, la primera era de las máquinas.
Periodista: ¿Qué cambios traerá esa segunda era de las máquinas?
Brynjolfsson: La historia de la humanidad ha estado marcada por largo períodos de estabilidad, tanto en lo que se refiere al crecimiento de la economía como a las mejoras en el patrón de vida. Una de las pocas excepciones fue, justamente la Revolución Industrial, momento en el que se produjo un crecimiento anual medio en Inglaterra del 2% anual. Actualmente, el potencial es mucho mayor. En los últimos años, las computadoras comenzaron a diagnosticar enfermedades, dirigir automóviles y a escribir en prosa, sin ninguna orientación humana. Ya lograron también escuchar y hablar como seres humanos. Esas transformaciones están creando un nuevo impulso para el crecimiento de la economía global. Cuando se comparan las tasas de aumento en la productividad del mundo desde la década de 1970 vemos que en ningún período fueron tan altas como entre la década que fue del año 2000 al año 2010. Y la principal responsable de eso ha sido el uso de la tecnología.
Periodista: ¿Cuándo ocurrió el punto cero de esa revolución?
Brynjolfsson: En el año 1997, cuando la computadora Deep Blue, de IBM, venció por primera vez al ruso Garry Kasparov, campeón mundial de ajedrez. Ese fue el primer momento en el que una computadora logró ser mejor que un ser humano en un juego de estrategias complejas.
Periodista: Pero desde entonces esa situación de superioridad de las máquinas se ha modificado…
Brynjolfsson: Sí. La capacidad humana aún es superior, y en el ajedrez eso quedó claro con la invención de dos torneos denominados freestyle, en el que se compite en tres categorías: computadoras entre sí, ajedrecistas, y ajedrecistas que juegas con la ayuda de computadoras. El propio Kasparov describe una disputa llevada a cabo en el 2005, la primera de ese tipo. El vencedor del torneo no fue una computadora y tampoco un maestro de ajedrez. Quien ganó la competencia fue un equipo de jugadores amateurs que utilizó tres computadoras comunes. La capacidad de hacer que las máquinas calculasen para ellos cuál sería la efectividad de cada posición en el tablero, y sus consecuencias, fue definitiva para el resultado. Eso mostró que la combinación más eficaz era la de los seres humanos que, aún cuando no fueran excepcionales en el juego, sabían cómo usar las máquinas a su favor. Hoy, los centauros derrotan tanto a las supercomputadoras como a los grandes ajedrecistas que no tienen suficiente habilidad para hacer que la tecnología trabaje para ellos.
Periodista: ¿Centauros?
Brynjolfsson: Son la combinación entre seres humanos y máquinas. En la mitología, el centauro era mitad hombres y mitad caballo.
Periodista: Economistas como Robert Gordon afirman que ya agotamos la capacidad de innovar con la tecnología y que los avances que usted considera no se concretarán…
Brynjolfsson: La diferencia entre nuestras visiones está en lo que entendemos por innovación. Economistas como Gordon ven a la innovación como un árbol frutal, en el que a medida que las frutas localizadas en las partes más bajas son recolectadas, resulta más difícil llegar a las otras En determinado momento, las frutas de los árboles se acaban. Yo creo en cambio que la innovación es como montar una construcción hecha con bloques de lego, en la que combinamos y recombinamos las piezas para crear nuevas estructuras. Y que, cuantas más piezas haya, más opciones lograremos como resultado final. Por eso es que creo que no agotamos nuestro potencial de innovación. En verdad pienso que hoy más que nunca tenemos un ambiente propicio para crear soluciones innovadoras. Internet está cerca de llegar a los cinco mil millones de personas. Es mucho más que lo que cualquiera tecnología haya alcanzado antes. Todos esos miles de millones de seres humanos no tendrán solo acceso a información sino que además serán capaces de crear más piezas de lego, de aumentar los nuevos conocimientos que habrá en el mundo.
Periodista: Además de ventajas, ¿la segunda era de las máquinas traerá problemas?
Brynjolfsson: Nada es más preocupante que el tema del empleo. No hay que despreciar el hecho de que diversas actividades que actualmente realizan los seres humanos serán substituidas por máquinas. Tendremos una masa de desempleados. Un estudio producido por la Universidad de Oxford prevé que la mitad de los trabajos que existen hoy día deberán desaparecer en el plazo de una o de dos décadas. ¿Pero es inevitable? Veamos el ejemplo de Kodak y de Instagram. Los principales socios de Instagram son, cada uno de ellos, diez veces más ricos de lo que era George Eastman, el fundador de Kodak, empresa de la primera era. Solo que esa compañía tiene cerca de cinco mil empleados, contra los 145 mil que la Kodak supo tener en su momento de mayor auge. En compensación, otras ocupaciones más ligadas al razonamiento, o incluso las predominantemente manuales, como la de cableados, están siendo beneficiadas en esta era de transformaciones digitales. La cuestión principal no es la oposición entre el trabajo intelectual y el manual, sino entre el repetitivo y el no repetitivo, que es el que irá sobresaliendo.
Periodista: ¿En la última década avanzamos más o menos de lo que se esperaba?
Brynjolfsson: En el campo tecnológico, hubo un avance notable. Técnicas como el deep learning (aprendizaje profundo), en que los modelos computacionales son diseñados para seguir patrones de nuestro cerebro, avanzaron mucho. En algunos casos, como el de la visión, los errores cayeron del 30% al 10% en los últimos años. Ahora, cuando una computadora lee una frase, acierta nueve de cada diez palabras. Son resultados muy superiores a los que uno imaginaba que lograríamos. Otro ejemplo es el de los autos autónomos. Cuando escribí la primera edición de mi libro “La segunda era de las máquinas”, en el 2014, los coches de Google solo transitaban por lugares donde había grandes cambios. Estuve recientemente en la sede de la empresa y quedé impresionado con la evolución. Ahora, esos vehículos logran transitar en calles irregulares de los suburbios, son capaces de reconocer las señales de tránsito, girar a la derecha o a la izquierda. La palabra dron apenas existía hace diez años. Hoy, un conjunto de pequeños drones logra construir un puente sin control humano. Donde faltan avances es en el campo institucional.
Periodista: ¿Cuáles son los avances institucionales más urgentes?
Brynjolfsson: Deberíamos discutir nuevos marcos regulatorios para los negocios, pensar en una reinvención de la educación para ese nuevo mundo en el que las profesiones serán decididas por las máquinas, y encontrar soluciones para el problema de desigualdad, que se acentúa. Defiendo la idea de crear un impuesto negativo a la renta. Quien gana por sobre el mínimo a partir del cual se tiene que recolectar el impuesto, paga. Quien gana por debajo debería poder recibir un complemento hasta llegar a ese mismo piso mínimo.
Periodista: ¿Qué es lo que nunca podrán resolver las computadoras?
Brynjolfsson: Son óptimas para encontrar respuestas, pero aún no pueden desarrollar preguntas. Esa habilidad parece ser únicamente humana, y tiene un alto valor. l

 

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