Mundo / 25 de Noviembre de 2016

Rudolph “Mano Dura” Giuliani, ¿secretario de Estado de Trump?

El ex alcalde de New York, una figura que el PRO tuvo como referente en el área de seguridad, sería designado por el presidente electo.

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Rudolph W. Giuliani, el exalcalde de la ciudad de Nueva York, suena como el principal candidato a ser el secretario de Estado de Donald Trump. “Su nombre ha sido mencionado seriamente para el puesto. Es una función para la que está calificado y un trabajo que haría realmente bien”, dijo a la cadena de noticias Fox News la directora de campaña de Trump, Kellyanne Conway.
Promotor leal y feroz de la candidatura de Trump, motorizado en parte por cierto ánimo de revancha contra Hillary, una vieja rival, y contra el propio partido republicano que lo jubiló tempranamente y le negó el apoyo para convertirse en presidente, Giuliani es una carta inesperada para el principal cargo diplomático de la nación: en gran medida ve la política internacional a través del prisma de los ataques del 11 de Septiembre, que lo convirtieron en una figura nacional.

Curriculum

El actual mano derecha de Trump es un abogado recibido en la Universidad de Nueva York. A los 29 años fue nombrado jefe de la Unidad de Narcóticos, y su brillante carrera lo convirtió, con 37 años, en asistente del Fiscal General de Estados Unidos, William French Smith: del ’81 al ’83. Pero fue su designación como fiscal de Manhattan, la que lo catapultó a la luz pública, permitiéndole imponer una agenda propia, en la que se convirtió en paladín de la lucha contra las mafias y los corruptos de Wall Street. Hambriento de publicidad y con un récord notable como fiscal, su postulación en 1989 a alcalde de Nueva York fue el paso natural. La ciudad estaba golpeada por entonces por el flagelo del crack y una ola delictiva que tenía como principales focos una serie de casos de violación y víctimas infantiles en las guerras de pandillas. Giuliani aparecía como la solución, un enviado de “La ley y el orden”. Pero perdió.
La ciudad le daría revancha. Cuatro años después los problemas eran los mismos. Los policías de huelga. Y Giuliani, que los conocía bien, era finalmente el indicado para poner el sistema en caja. Sus mensajes de campaña, por entonces, coincidían bastante con el tono de la reciente campaña de Trump.“Se presentaba a sí mismo como el salvador de la ciudad. Es por eso que se siente tan cómodo con la mitología que Trump creo de sí mismo”, apunta Ester Fuchs, profesora de Asuntos Público de la Universidad de Columbia.
Electo, asumió a principios de 1994. Gobernó con éxito, y su política de “tolerancia cero”, tuvo repercusión mundial. Pero sería su segundo período (que inició en 1998), y el manejo de la crisis de seguridad que siguió a los atentados del 2001, los que lo catapultarían a la fama mundial: fue nombrado el personaje del año por la revista Time.

Presidente

Su vista ya estaba puesta en ser presidente. Pero con George W. Bush corriendo por la reelección en 2004, y sin la misma posibilidad, decidió hacer escala en el Senado. Las encuestas lo mostraban por encima de Hillary Clinton, la candidata demócrata por entonces. Pero una serie de escándalos sexuales, lo obligaron a bajarse. Desde entonces, Clinton, a quien responsabilizó por la campaña sucia, fue su eterna rival. “Nunca la vio como una mujer honesta, ni como una política íntegra”, dicen en sus colaboradores cercanos. Esta sería otro de los motivos de la unión con Donald Trump: la revancha. Ese espírito lo movilizó a volver a la política, de la que estaba parcialmente alejado desde 2007, cuando resolvió bajarse de su candidatura a presidente y entregarle su apoyo al senador John McCain. Desde entonces se había dedicado a la consultoría en temas de seguridad (Ndr: Colombia, Puerto Rico, El Salvador, México, Perú, Qatar y Ucrania entre sus clientes), negocio que lo acercó en varias oportunidades a la Argentina: el ex alcalde de Nueva York llegó por primera vez en el 2006 a Buenos Aires para relatar su experiencia durante el ataque terrorista a las Torres Gemelas (y tuvo un encuentro privado con Mauricio Macri, por entonces diputado del PRO). Más cerca en el tiempo, en 2013 y 2014, dio charlas con Sergio Massa. Y aún hoy tienen contactos con el secretario de Seguridad, Eugenio Burzaco y el ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo.

Trump

Su relación con Trump tiene varias décadas. Una foto de 1995, con Giuliani como Alcalde y Trump como arquitecto del nuevo perfil edilicio de Nueva York, los muestra amigos, y hasta socios. La sociedad se mantuvo aceitada durante los dos períodos que Giuliani tuvo como alcalde. Y siguió después con el asesoramiento prestado por este en negocios internacionales. Sin embargo, fue la carrera presidencial la que los volvió otra vez íntimos. Tras los primeros traspies de los responsables de la campaña del ahora presidente, Giuliani cobró fuerza. Y se convirtió en un soldado de Trump, en múltiples batallas. Su experiencia legal lo convirtió en virtual arquitecto de los planes para llevar adelante medidas complicadas que necesitan sortear al Congreso, que si bien republicano, probablemente quiera moderar las puesta a punto.
Candidato a Secretario de Justicia o Fiscal General, “Rudy” (como lo llama la prensa norteamericana), quiere sin embargo algo más: ser Secretario de Estado, como lo fue Hillary de Obama en su primer presidencia (hasta el momento, Trump sólo anunció dos cargos. Su colaborador más cercano en la campaña, Stephen Bannon, será su principal consejero en la Casa Blanca, mientras que el presidente del Partido Republicano, Reince Priebus, será su jefe de gabinete).
“Rudy es un hombre al que le gusta ser el centro de atención; y cuando llegó la oportunidad de estar cerca de alguien postulándose a presidente, dijo que sí”, repasa el representante Peter King, republicano de Long Island que lo conoce hace casi 50 años. “Es su posibilidad de volver a la política por la puerta grande, y de seguir haciendo sus negocios de asesoría en seguridad, aprovechando sus viajes como Secretario”, explica Fred Siegel, del Manhattan Institute. “Trump le tiene mucho respeto, todo lo que el presidente repite en temas de ley es el discurso de Rudy”, sigue.
Queda claro que a Giuliani le gusta ser la atención, sobre todo en el ámbito político: sus presentaciones vestido como John Travolta en “Fiebre de sábado por la noche” o Marilyn Monroe, son su otro costado histriónico y algo cholulo. Tiene eso en común con Trump “a quien solo vio como un gran mediático, capaz de hacer el ridículo en público como él”, sigue Siegel.
“Él asumió igualmente hace bastante que nunca será presidente. Pero sí puede ser influyente ahora, forma parte de un círculo de dos o tres personas en las que Trump confía. Y está contento. Todo esto ha valido la pena para él, enormemente”, finaliza Siegel.

Temas

En sus más recientes entrevistas, Giuliani, de 72 años, ya muestra cuales serán sus cartas. En el tema México y el muro, que Trump prometió como uno de sus ejes de campaña para dividir la frontera y evitar definitivamente la inmigración ilegal, el ex alcalde manifestó que el nuevo presidente no necesitaría la aprobación del Congreso para avanzar.
Su posición de “tolerancia cero” se haría palpable en ese tema y otros. La relación con Cuba, con Rusia, y la guerra al terrorismo serían los otros puntos fuertes de su agenda post asunción, el próximo 20 de enero. Una agenda que le dará una gran pantalla internacional, que ansía. 

 

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