Personajes / 30 de noviembre de 2016

Daniel Tangona: “Entreno gente que nadie sabe que entreno y no corro riesgos”

El personal trainer cuenta cómo entrena a los empresarios top y lanza el libro “Las excusas engordan”. Awada, Macri y Nisman.

Foto: Eduardo Lerke

La  oficina está tapizada de diplomas que repiten palabras vigorosas, casi todas en inglés: gym, body, strength, health & fitness, sport management, y de medallas que llevan su nombre. Entre la espesura de galardones y certificaciones, se distingue una modesta fotografía en blanco y negro: trabado y sonriente como todo superhéroe, Tonio, el papá, despliega los enormes pectorales y los bíceps montañosos. Un paso adelante se ve a un nenito flacuchento en calzones. Es Daniel Tangona. El personal trainer más famoso de la Argentina se hizo de abajo. En la casa de sus abuelos cocinaban puchero en una olla gigante para 30 luchadores, la primera troupe de “Titanes en el ring”. Tonio era La Momia. “Creía que los golpes eran verdaderos. Lloré cuando papá peleó por el título y lo perdió con Karadagián (Martín), que era un visionario”. Esos gigantes en malla eran su familia. Los perdió al año siguiente: Tonio iba colgado en el estribo de un Ford T, salió volando con puerta y todo y pegó contra un árbol. A partir de ahí todo fue cuesta arriba, pero la pasión por el músculo, los fierros y el movimiento ya estaba en el ADN de Daniel. Quedó pupilo en el Emaús de El Palomar: “No fui cura de casualidad. Los jueves tenía gimnasia. Me despertaba a las 4, me ponía las medias, las Flecha y volvía a la cama a esperar a que sonara el timbre y nos vinieran a buscar para la clase. Ese día era la gloria”.
Los días de “Tango” aún comienzan de madrugada. A las 5.45 tiene a su primer alumno, un famoso empresario. Y hasta las 22 no para. Desborda energía. “Tengo 59, pero me siento tan bien que digo 60 porque me regenera que la gente me llame. Querés entrenar conmigo porque te doy alegría. No solamente porque querés músculo. Conmigo vas a tratar de obtener bienestar, y si sos buena gente, te voy a entrenar”.
Noticias: Dice que le pagan por ponerlos a hacer lo que no quieren hacer: ejercicio.
Daniel Tangona: El sacrificio y la energía que hay que poner son fuertes. Pero si ponés la motivación y generás el hábito, el tipo no tiene problema en pagarte. Está buscando un salvoconducto, pero no lo va a encontrar con un entrenador que no lo escucha ni motiva. Nadie en su sano juicio mueve un músculo, solo. A menos que te fascine, claro. Hay gente que toma alcohol, gente que fuma, gente que se droga, gente que no hace gimnasia y gente que hace mucha gimnasia. Las cinco conductas, en exceso, son malas. No podés estar tres horas todos los días en el gimnasio. El cerebro está preparado para soportar 40 minutos de actividad física. Pero los pibes le dan y le dan. ¡Pero si no vas a competir en los Juegos Olímpicos! Querés un peso saludable y que los análisis te den bien. ¿Vas a vivir más tiempo si hacés gimnasia? No lo sé. Pero tu calidad de vida va a ser mejor.

Vendió alfombras, bombachas y corpiños, trabajó en una farmacia y se las rebuscó hasta que pudo armar su primer gimnasio en el living de su casa. Progresó con su estilo vehemente pero respetuoso, entusiasta y profesional. Su sitio web lo muestra en fotografías, en guardia, con artistas, modelos y hombres de negocios. La nómina de los ricos y famosos que tomaron clases con Tangona es interminable, quizás sea más sencillo hacer la lista de los que no. Hoy reparte el tiempo entre sus habituales clases de Ocampo Wellness y sus alumnos particulares: medio centenar de “tangonas”, tres generaciones de “mujeres que empezaron conmigo”, y un selecto grupo de empresarios. Tangona tiene tres hijos (dos mayores que viven en California y Francisco, de 12) y tres nietos. Y acaba de lanzar un libro, “Las excusas engordan” (Grijalbo), un plan integral de fitness donde vuelca décadas de experiencia y valiosos consejos.

Noticias: ¿Es el primer personal trainer, el mejor o el más famoso?
Tangona: El mejor no podés ser nunca, tenés que superarte cada día. Cuando dicen “el número uno”, ¿el uno de qué? Bueno, lo pusieron en la portada del libro. El primero que hubo en la Argentina fue Luis Torres, que hoy tiene 84 años. Luchaba con mi padre y entrenó a la elite, inclusive a Amalita Fortabat. Si me preguntás quién lo sigue, estoy ahí.
Noticias: ¿A quién no entrenó?
Tangona: Entrené a todo el mundo: a Omar Sharif, a Emerson Fittipaldi, a quien se te ocurra. Después me llevaron hacia el mundo empresarial. El empresario es hipocondríaco, tiene muchos miedos. En 40 años que entreno, nunca lastimé a nadie. ¿Puede pasar? Obvio, estás con un cuerpo. Pero tomo los recaudos necesarios. No te voy a poner en una cinta si no te hice un chequeo cardíaco, no te voy a hacer correr si no sé si tenés una prótesis de cadera. ¿Alguien se cae y se le dobla un tobillo? Puede pasar. ¿Se le cae una pesa en la cabeza? ¡No puede pasar! Si pasa es porque tu trainer estaba mandando un WhatsApp. No es chiste ser entrenador personal, no es sólo salir en las revistas entrenando a la modelito top. Es como ser médico. El trainer tiene que levantar pesas, tiene que colgarte, sacarte de frecuencia cardíaca, de tu zona de confort ¡y cuidarte! Tiene que estar mirando si te ponés verde, blanco o amarillo, si la cinta tiene el precinto de seguridad cuando estás corriendo porque si se clava te desnucás.
Noticias: ¿Qué es lo que más busca la gente que hace ejercicio: salud o belleza?
Tangona: La gente pide, pide y pide. Conforme la llevo, deja de pedir para disfrutar lo que hace. Buscan no aburrirse y notar cambios. Y tengo que motivarlos para generarles el hábito, para que ese impulso que los trajo no se detenga. Y lograr, no la perfección, pero sí la mejor versión de cada uno.
Noticias: ¿Podría decir que es el personal trainer del empresariado argentino?
Tangona: Se fue dando. Hay gente que maneja actores, actrices u obesos y diabéticos. Yo trabajo con gente que me necesita. De repente me llama una y me dice: “¿Me parás el culito?” No. Modelos, celebrities en Punta del Este. Hablo de gente que realmente me necesita, que maneja cinco o diez mil empleados, que baja del avión y me llama: “Tango, ¿dónde estás?” Y allá voy. O hacemos delivery gym, con la camioneta: “Dani, me gustaría entrenar al aire libre porque estuve todo el día en la oficina”. Los voy a buscar o los traen los custodios. A veces no paro en todo el día y almuerzo en la camioneta. Pero bailo en la que me gusta, fui diseñado para esto, para trabajar cuerpos.
Noticias: Usted introdujo el Boot Camp en la Argentina. ¿También a los empresarios los pone a hacer salto de rana en el barro?
Tangona: Me dicen: “Tango, tengo veinte empresarios, los llevamos a una estancia a hacer coaching de ventas, pero quiero que vengas a entrenarlos”. Y los mato. Es un éxito. Soy uno de los tres referentes del Boot Camp a nivel mundial. Es un acting: me visto de milico y me sale el coronel. Tengo la gorra, el silbato, el cuchillo, hasta la cantimplora.
Noticias: ¿A qué hora llega a la casa de Cristiano Rattazzi?
Tangona: Seis menos cuarto, lunes, miércoles y viernes, de enero a enero, hace veinte años. Con el Tano no se habla más que de entrenamiento. Le preparo los diarios: lee doce. Le sirvo agua, le pongo TN o América 24 y lo dejo media hora leyendo. Silencio absoluto. No hablo si él no me habla. Cuando baja, hacemos ejercicios de fortalecimiento y me voy.
Noticias: La motivación es uno de los ejes de su trabajo. ¿El otro es la discreción?
Tangona: Es la base. ¡No hablo! Entrené a Nisman (Alberto) pero ¡no sé nada! No podés decir: mi alumno tiene un avión, mi alumno tiene un Porsche. ¡No! Entreno gente que nadie sabe que entreno y no corro riesgos. ¿Es bueno entrenarla a Susana? Debe ser maravilloso si la hacés adelgazar. Si no, te hacen bolsa. ¿Estoy preparado para entrenar a Macri? No me siento capacitado para entrenar a un Presidente.
Noticias: A Juliana Awada sí.
Tangona: La entrené muchos años en Ocampo. Un ser humano soñado. Es una gacela corriendo.
Noticias: Entonces Macri no. En su libro dice que no entrena a matrimonios.
Tangona: Cuando entrenás matrimonios en primeras nupcias está bien. En segundas hay rispideces: ella se cree la dueña, toma decisiones, echa personal y los tipos grandes no tienen ganas de pelear. Después de una experiencia que me marcó por injusta, dije nunca más. A menos que estén los dos juntos y que no haya información cruzada. Porque no tenés derecho a réplica. Sos el profesor de gimnasia. Sos nadie.

 

Pablo Taranto

 

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