Cine / 8 de diciembre de 2016

Animales nocturnos

(EE.UU, 2016, 115′) Drama. Dirección: Tom Ford. Con Amy Adams y elenco. AM16.

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Sabemos varias cosas: que Tom Ford es diseñador, que hace siete años hizo su primera película y lo aplaudieron, que en Venecia premiaron este segundo largo, que el film se basa en una novela importante. Sabemos todo eso y, al terminar la proyección, no sabemos mucho más. “Animales nocturnos” cuenta dos historias: la de una mujer que lee el manuscrito de una novela que le envía su ex pareja; la novela en sí. La primera está filmada con enorme estilización y gusto, porque transcurre en el mundo del arte y la alta burguesía; la segunda, con crudeza y calculada mugre, porque es un relato violento sobre un hombre a quien le secuestran, violan y asesinan a su mujer e hija en el desierto texano. Es decir, estamos en el terreno de la alegoría explicada, y allí es donde el impacto de la película se escurre como agua entre los dedos. Porque todo es “ah, claro, esto significa tal cosa” y la película busca un fin aleccionador, sin contar el hecho de su construcción a puro lugar común. Es decir: mientras miramos podemos sentirnos entretenidos o angustiados; cuando todo termina resulta una palmadita en la espalda que nos recuerda cómo deberíamos comportarnos con el prójimo. Y esa condescendencia, esa falta de ambigüedad –moral o formal– es la que molesta. Sí, los actores están bien, aunque Amy Adams con pelo planchado menos que la que tiene el pelo normal.

 

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