Economía, Sitios Externos / 8 de Diciembre de 2016

Componente nacional, exención impositiva y concentración económica, en la polémica

La electrónica fueguina es criticada por las pocas piezas locales de sus productos y los beneficios tributarios a un selecto grupo de firmas.

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De lo que ya no se discute entre Gobierno y empresas de electrónica de Tierra del Fuego es de la integración de piezas nacionales en los productos. “Falta más integración para parecernos a la zona espejo de Tierra del Fuego en Brasil, Manaos”, opina el ministro de Industria fueguino, Ramiro Caballero. “Es que Brasil dio garantía jurídica, tierras para hacer la fábrica, créditos, capacitación, un régimen que vence en 50 años. Acá hay un horizonte de sólo siete años”, justifica el funcionario del Gobierno de Rosana Bertone. En cambio, el exsecretario de Industria Juan Ignacio García opina que el nivel de integración de Tierra del Fuego no tiene nada que envidiar a Manaos. En lo que claramente Brasil supera a la Argentina es en el armado de celulares: allá ensamblan las baterías y los cargadores e insertan los chips en las placas, y aquí no. Acá se había llegado a un compromiso por las baterías, las plaquetas y los tornillos en el final del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, pero quedó pospuesto en la nueva etapa. En cuanto a los televisores, en Manaos se termina la producción de las pantallas y se inyectan plásticos, productos que en Río Grande sólo proveen dos empresas, Vinisa y Vaplast, a pocos clientes.

La Comisión del Área Aduanera Especial (AAE) de Tierra del Fuego se reúne una vez por mes para revisar el cumplimiento de los compromisos de integración de piezas nacionales y para aprobar los proyectos de producción de cada producto o sus eventuales cambios. La comisión está integrada por los Gobiernos nacional y fueguino, la Legislatura provincial, la Armada, la Aduana, la Prefectura, la Gendarmería, el Banco Nación, las empresas, la sociedad civil y la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). “El régimen de Tierra del Fuego es de los más serios que existió en el país: hay una comisión de control y no existe la joda”, defiende Castelli, de BGH. En los 80 sí hubo corrupción por reintegros que el Estado otorgaba a galpones en los que no se fabricaba nada sino que se acumulaban chapas. Algo similar sucedió con las promociones de otras provincias.

“Las fábricas de chips o microprocesadores están en China, Malasia, Tailandia y Singapur y no van a radicarse acá”, sentencia el dueño de la fabricante de autorradios Famar, Hugo Pascarelli. “Acá se podrían sumar plásticos, metales y pintura. También se podría integrar (armar) algo más de las placas y de las pantallas, pero requeriría mucho volumen para que tuviera sentido”, opina Pascarelli. “Nosotros diseñamos estética y electrónicamente nuestros productos a medida de lo que quiere el cliente”, cuenta Rubén Bertossi, gerente de planta de Famar. “Diseñamos nuestras placas. Otras empresas compran el diseño afuera. Lo que obliga el régimen es a poner los componentes en la placa”, continúa Bertossi. ¿Quién lo controla? “En Río Grande está lleno de inspectores de la comisión, que caen sin previo aviso”, responde el ingeniero.

“Somos caros, el problema es cuán caros”, opina un fabricante de piezas de la Cámara de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (Cadieel). “Si vamos a importar todo, vamos a dejar a millones de excluidos en el país. Acá el problema fue que durante el kirchnerismo se cerró la importación y el abuso fue infinito”, lamenta. La exministra de Industria fueguina Carolina Yutrovic opina: “Hubo resistencia de las marcas a la integración nacional de piezas”.

“Las chances de localizar componentes son difíciles por cuestiones de escala y tiempo para desarrollar proveedores”, esgrime Fabio Rozenblum, director de la fabricante Mirgor. ¿Pero por qué en la industria automotriz sí conviene económicamente localizar partes y en la electrónica supuestamente no? “Los modelos de autos se renuevan cada cinco o siete años, los de celulares cada ocho meses. Necesitás proveedores que se actualicen permanentemente y para eso necesitás escala. Además en autos localizás las piezas más grandes porque no te conviene tenerlas lejos, por costos de transporte. Y la industria automotriz argentina tiene más de 100 años de historia. La electrónica fueguina, 40”, responde el director de Mirgor. En su planta de radios para las Toyota Hylux y SW4 analizan la nacionalización de las chapas, con la ayuda de la automotriz japonesa y dependiendo de los costos, según su gerente, Andrés Volpe.

“La posibilidad de sustituir piezas es mínima”, advierte el economista Francisco Gatto. “Podés poner el software o plásticos, pero es poco interesante sustituir cables, tornillos. Si sumás proveedores nacionales, complicás la línea de producción, deben tener calidad y volumen de producción, o juegan en la liga mundial o son un jugador periférico”, analiza Gatto, director del Instituto de Desarrollo Económico de la universidad fueguina.

Gatto también reflexiona la discutida exención fiscal a la industria electrónica, que acapara el 94% de las importaciones del régimen industrial. El 6% restante son las ramas textil (tejidos, sábanas), plástica (envases, bolsas), pesquera y otras. “Del gasto tributario lo que queda en la isla es mínimo: salarios e inversión. En parte va a las marcas, los proveedores, el retail, los que financian en 12 cuotas, la logística. Yo les haría pagar un porcentaje del IVA y Ganancias, pero no de un día para el otro. En 20 años debería parecerse a las otras provincias. La industria debería crecer en productividad con menor subsidio e igual empleo”, opina Gatto.

“Si sacás la industria electrónica, no sé si vas a bajar el costo fiscal porque vas a tener que mandar ATN (Aportes del Tesoro Nacional) para sostener la provincia”, reflexiona la exministra de Producción e impulsora del régimen en tiempos kirchneristas Débora Giorgi. En cambio, el economista Federico Muñoz opina que “Tierra del Fuego es el ejemplo paradigmático del capitalismo de amigos, prebendario, que busca la rentabilidad haciendo lobby”. A partir de datos de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Muñoz elaboró un ranking de margen neto en 2013/2014 de las 35 ramas industriales con ventas superiores a los 10.000 millones de pesos en 2014 y concluyó que ninguna ganó más que las fábricas de equipos de radio y televisión, que precisamente están radicadas en la isla.

Dos de las empresas del sector cotizan en bolsa y sus balances son públicos. En una anterior investigación, Chequeado comprobó que Mirgor, la empresa de Nicolás Caputo, el amigo de Mauricio Macri, sólo abonó de impuesto a las ganancias el 0,1% de su facturación en 2012-2015, menos que el 0,3% del promedio de la industria electrónica nacional. Newsan, propiedad de Rubén Cherñajovsky, está en el 0,5%. En Australia, país en el que las autoridades tributarias transparentaron lo que tributan las grandes empresas, ninguna compañía de electrodomésticos paga tan poco como Mirgor: en un extremo Sony abona el 0,3% y en el otro, Miele, el 2,3%.

Pero Luis Galli, CEO de Newsan, niega una concentración económica en la electrónica: “¿En qué otro sector de la economía hay tantos competidores? En los Estados Unidos puede ser, pero no en la Argentina… Yo compito contra ocho empresas”, se jacta Galli. En el pasado estuvieron radicadas Panasonic, JVC y Sharp, pero las empresas nacionales se quedaron con sus licencias.
“Se concentra el negocio en manos de los que tienen más espalda para afrontar los vaivenes financieros”, se muestra comprensiva la exministra Yutrovic. En una telefónica, un directivo que exige el anonimato para hablar se queja: “En la isla hay solo cuatro fabricantes grandes de celulares. Es un grupo reducido, eso te quita libertad para elegir quién te fabrica”.

“Necesitamos un régimen abierto a nuevas empresas y productos”, reclama el exsecretario García. “Sería bueno que abrieran el régimen a más empresas y a más productos. Yo, por ejemplo, no puedo hacer aire acondicionado”, se queja un empresario con inversiones en la isla. Mientras tanto, hay empresas que cuentan con proyectos de producción aprobados pero no instrumentados y que esperan al mejor postor para vendérselos.

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Esta investigación fue realizada para Chequeado.com y se publica en forma conjunto con NOTICIAS. Chequeado es una organización dedicada a la verificación del discurso que busca mejorar la calidad del debate público en la Argentina. Este artículo forma parte del proyecto “Investigación y datos: Chequeado sin corsé”, que incluye más de 12 producciones a publicarse antes de fines de 2016 en el sitio especial “Chequeado Investigación”, y que fueron financiadas gracias al apoyo de Open Society Foundations (OSF).

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Esta investigación se completa con otros textos:

Mitos y verdades de la electrónica fueguina

La industria fueguina se pregunta cómo bajar los costos

El sufrimiento en la Margen Sur: la lucha por el techo de los operarios de la electrónica

Un Gobierno obsesionado por la baja de los precios de la electrónica

El difícil sueño americano… del extremo sur

El debate sobre el futuro de un régimen promocional que vence dentro de siete años

Las razones geopolíticas que llevaron a crear un polo electrónico en el Sur

Una historia que va desde el pionero Mauricio Macri hasta los permisos de Débora Giorgi

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