Economía / 8 de diciembre de 2016

El difícil sueño americano… del extremo sur

Miles migraron de diversas provincias a Tierra del Fuego; los problemas sociales por su radicación y los riesgos de un éxodo masivo.

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En Río Grande no es infrecuente que la calefacción a leña queme las casillas de madera de la Margen Sur, donde se amontonan los que llegan buscando el sueño americano del extremo sur. Desde hace décadas la promesa de sueldos altos para operarios de fábrica ha ido poblando esta ciudad de 80.000 habitantes. Cuando tomaban empleados en la planta de Mirgor, que en los últimos dos años rebajó el personal de 2.500 a la mitad, sólo se exigía que los aspirantes tuviesen secundaria completa -un requisito que deja afuera a muchos soñadores- y cumplieran con un curso de formación de una semana y dos días de entrenamiento en la línea de montaje. Otro cantar es para los cientos de ingenieros que trabajan en la industria.

“Los terrenos donde se instalan los trabajadores que llegan no tienen servicios”, comenta el diputado de extracción sindical Oscar ‘Zurdo’ Martínez. “Son terrenos de los terratenientes históricos de la zona, como los Menéndez”, agrega el también secretario general de la Unión Obrera Metalúgica (UOM) de Río Grande. Las familias Menéndez y Braun inauguraron en 1908 un frigorífico de carne ovina en lo que en 1921 se convertiría en la ciudad de Río Grande. Precisamente uno de los descendientes de los Braun, Miguel, es ahora secretario de Comercio del Gobierno de Macri e impulsa la reconversión de la industria electrónica. “Hubo dificultades acá para aplicar el plan Procrear porque no había terrenos libres. Por eso la UOM compró en bloque 700 lotes para construir”, cuenta Martínez.

“Desde mediados de los 80 comienza la explosión de la industria electrónica y empiezan a migrar hombres de todas las provincias”, relata la hija de un exgobernador y presidenta de la Asociación de Médicos del Trabajo de Tierra del Fuego, Eugenia Cóccaro, en la planta de Río Grande en la que trabaja, la de la autopartista Famar. “De a poco vinieron sus familias, pero los colegios y las viviendas no daban abasto. Cuando la gente se iba a de vacaciones al norte -en Tierra del Fuego todo el planeta, incluso la provincia de Santa Cruz, es el norte-, comentaban su experiencia a sus familiares y amigos y otros venían a probar. Venían por los sueldos más altos, pero sin mirar que también los costos son mayores. La mudanza hacia acá es un viaje largo y difícil”.

Cóccaro continúa con el relato: “Empezaban a trabajar los dos padres en la fábrica de 6 a 18 y los hijos eran cuidados por terceros”. El gerente de la planta de Famar, Rubén Bertossi, la complementa: “Acá en invierno se entra a trabajar de noche y se sale de trabajar de noche”. La médica prosigue: “Ahí empezaron los problemas con los adolescentes. Jóvenes y adultos caen en la droga y el alcohol. Los grandes, también en la ludopatía”. Tierra del Fuego es la provincia con más tragamonedas per cápita del país, según el libro El poder del juego, de Federico Poore y Ramón Indart. También es la segunda provincia con mayor tasa de suicidios, detrás de Santa Cruz. El intendente de Río Grande, Gustavo Melella, ha instalado en las plazas césped sintético y luz artificial para que se juegue al fútbol a cualquier hora. “Y las canchas están todo el día llenas”, destaca Cóccaro.

En un intento por estimular a los empleados, en Famar comenzaron a rotarlos hace cuatro años por las diversas etapas de la línea de montaje. “Así redujimos el ausentismo, aunque ahora la gente está cuidándose más de faltar por los despidos que hay”, comenta Cóccaro. “Faltan mucho los lunes y martes porque les cuesta reponerse de los hábitos de fin de semana, hay un estilo de vida poco virtuoso y por eso estamos evaluando fomentar actividades de contención de las drogas y el alcohol”, comenta el presidente de la Asociación de Fábricas Terminales de Electrónica (Afarte, que nuclea a las fueguinas), Federico Hellemeyer.

En la fábrica CM de Newsan en Ushuaia también se practica la rotación. En un salón se ensamblan celulares de una marca internacional, pero sólo funciona una de las tres líneas de montaje por el exceso de oferta y la menor demanda en el mercado argentino. La jornada laboral se redujo de nueve a siete horas, desde las 6 hasta las 15, con cuatro descansos de diez minutos. Cada día producen allí 1.900 celulares. Cada hora rotan de posiciones porque algunas tareas provocan lesiones, como las tendinitis derivadas del uso de los atornilladores eléctricos.

A la incertidumbre sobre el futuro del régimen electrónico su suma la amenaza de la robotización. “En la Argentina se busca una mayor automatización porque si bien la mano de obra es más calificada que la de Brasil y México y mucho mejor que la de China, es 11 veces más cara que la china y cuatro veces más que la mexicana”, cita el CEO de Newsan, Luis Galli, un ranking de costo laboral unitario de manufacturas de la consultora Abeceb. Ese mismo estudio indica que la mano de obra industrial argentina es 5% más barata que la brasileña. En las plantas fueguinas hay un menor promedio de operarios que en las chinas y mayor que en las alemanas, según el gerente de la fábrica CM, Pierre Iribarren. “En China el Estado es dueño de fabricantes de electrónica como Hisense y además subsidia lo producido en la medida en que exporta y además emplea mano de obra. En nuestra planta podríamos tener 50% menos de ocupados si robotizáramos más, pero no conviene por una cuestión de costos. No voy a comprar una máquina para fabricar algo que en un año se deja de usar”, explica Iribarren, testigo en los últimos seis años de cómo varió la producción de televisores, de los de tubo a los de plasma, LSD, LED, HD, fulll HD, ultra HD, D-LED y pantalla curva. Mientras tanto, en la planta de Famar, al pasar por la línea de montaje de la placa, el gerente Bertossi comenta en voz baja: “En esta parte trabajaban 12 soldadoras. Las reemplazamos por una máquina”. Pero no siempre automatización es sinónimo de despidos: “Otros dejaron de poner componentes en la placa para atender las máquinas”.

En Ushuaia, al abogado constitucionalista y experto en el régimen de promoción fueguina Federico Rauch le preocupan los permanentes conflictos por cesantías. “Si empiezan a tomar plantas, se incendia la provincia y no creo que al Gobierno de Macri le interese tener que intervenirla. A 16.000 tipos no los mandás a su casa así nomás. Son impredecibles, operan con otra lógica. Migrar desde acá no es fácil”, advierte Rauch.

 

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