Mundo / 12 de diciembre de 2016

Las dos Cubas

Fidel y su revolución no pasaron desapercibidos, como tampoco las diferencias entre esos ideales y la realidad, asegura el ex jefe de gobierno porteño Jorge Telerman.

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Como no podía ser de otra manera el mundo acusó recibo de la muerte del líder que llevo a cabo la revolución más significativa y la única triunfante de América latina. Una revolución que enamoró y entusiasmó no solamente a nuestro continente, sino a jóvenes, intelectuales y académicos del mundo entero en una época de ideas y pasiones que querían transformar el mundo en uno más equitativo, más justo y nuevo.
Cuarenta años después, muchos pasaron de la esperanza a la decepción en relación a todas las experiencias del socialismo real, incluido el de Cuba. Sola, después de veinte años de desaparecida la ex Unión Soviética; sola, en un mundo lleno de incertidumbres y muy distinto al que Fidel y los revolucionarios imaginaron que advendría, Cuba tiene la necesidad y el desafío de adaptarse a los tiempos de hoy que tanto difieren a los de su origen revolucionario.
Tuve la oportunidad de conocer a Fidel cuando fui Embajador en Cuba. Llegué a esa isla que a todos fascina, conocí ese pueblo que a todos encanta, pocas semanas antes de la visita por primera vez de un Papa: Juan Pablo II. En esos días La Habana parecía la Casablanca de Humphrey Bogart : politólogos, periodistas y académicos de todo el mundo recorrían sus calles y presenciaban lo que muchos interpretábamos como uno de los acontecimientos más importantes del Siglo que se terminaba. Bill Clinton era el presidente de los Estados Unidos, Gabriel García Márquez fungía de intermediario no oficial entre el Presidente de los Estados Unidos y Fidel y el Papa Juan Pablo II pronunciando su célebre frase “que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”. Ese acercamiento que parecía tan cercano finalmente quedó trunco.

Dieciocho años después otros protagonistas pero las mismas instituciones, lo realizaron: El Papa Francisco, el Presidente de los Estados Unidos Barack Obama y Raúl Castro tuvieron el coraje de dar vuelta la última e ignominiosa página de la guerra fría normalizando las relaciones entre ambos países.
El futuro es siempre incierto pero el escenario actual de cambio en la isla no será modificado ni por la muerte de Fidel Castro ni por el triunfo de Donald Trump a pesar que este último haya expresado su voluntad de revisar los acuerdos firmados.
Me atrevo a pensar que Cuba se encuentra ante la encrucijada de cambiar porque los tiempos han cambiado y su realidad social y económica así lo necesita. Poniendo quizás más énfasis en lo económico que en lo político o en las acciones que permitan la reconciliación de la Nación cubana, es decir de los cubanos que viven dentro como de aquellos que viven fuera de la isla. Pero aunque sea con tiempos diferentes el cambio es irreversible.
Si la presencia de Fidel fue importante en todo el mundo, fue total en Cuba. Total e incomprensible en sociedades como la nuestra de modo que también Cuba enfrenta el desafío de procesar cómo afectará a la vida de los cubanos no sólo en el plano material sino también en el simbólico la muerte de Fidel.

La opinión de Fidel se hacía escuchar dentro de Cuba sobre todas las cuestiones de Estado pero también sobre aquellas referidas a como vivir, amar o comer. La importancia de esa voz iba más allá del afecto o rechazo que su figura generaba, no solamente me refiero al pueblo cubano sino a su proyección internacional. Aún así su elocuencia, capacidad oratoria y sus características personales solían fascinar a personas que se encontraban en las antípodas de sus ideas.
Recuerdo que durante mis años como Embajador mi labor estaba también orientada a alentar a los empresarios argentinos a invertir en Cuba tras su incipiente apertura económica que en ese momento se preveía. En una ocasión Fidel visitó sorpresivamente la residencia argentina mientras yo estaba reunido con un grupo de importantes empresarios, que quedaron sorprendidos por el conocimiento minucioso, aún de los aspectos técnicos, que Fidel tenía sobre la actividad de cada uno de ellos.Finalizada la velada cuando el Comandante decidió partir uno de esos empresarios, un representante de la Sociedad Rural Cordobesa- que sin duda no coincidían ideológicamente- pidió un aplauso para él ante la sonrisa de todos quienes estábamos ahí. Hoy aflora una nueva Cuba y es lógico porque hoy aflora un mundo distinto.
Pertenezco a una generación en la que Cuba, Fidel y su revolución no pasaron desapercibidos como tampoco pasan desapercibidas las fallas, errores y las diferencias entre esos ideales y esta realidad. Aun así lo que seguimos deseando gran parte de esa generación es que el fracaso de los intentos de crear sociedades más justas e igualitarias no lleven a abandonar la convicción de que es posible hacerlo.

La visita de Barack Obama y su decisión de reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba probablemente haya sido uno de los puntos más importantes de su política exterior y que a su vez favorece a la reconciliación de la Nación cubana. Las nuevas generaciones de los cubanos en el exterior no son tan recalcitrantes y exasperadas como lo fueron los primeros exiliados cubanos.
Hace mucho que Cuba no intenta exportar su revolución sino en todo caso trata de adaptarse a las nuevas condiciones del mundo: no existe más la Unión Soviética y la mayor parte de la opinión pública norteamericana también está a favor de reanudar las relaciones diplomáticas.
El proceso revolucionario cubano no puede entenderse sin la voluntad y personalidad de Fidel pero tampoco puede entenderse fuera del contexto de la Guerra Fría donde existían dos visiones de mundo diferentes, que confrontaron con violencia y belicosidad en distintas partes del mundo y donde este país pequeño y encantador del Caribe fue uno de los escenarios.
Si el cambio que se está dando en Cuba es por necesidad o por convicción, es irrelevante.
Estas últimas décadas Cuba y sus protagonistas generaron sentimientos fuertes y contradictorios: es un lugar común pero es innegable que tiene uno de los mejores sistemas educativos y de salud del mundo y también es innegable que la restricción de las libertades individuales resultan intolerables a los valores que casi todos estamos dispuestos a promover y defender.
Hoy sin Fidel y mañana con los cambios que la nueva dirigencia cubana se vaya dando a sí misma seguirá teniendo todo para seguir fascinando y encantando a todos los que tenemos la dicha de conocer su hermosa geografía y delicioso pueblo.

 

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