Personajes / 12 de diciembre de 2016

Ludmila Pagliero: “La fama no es mi mayor deseo”

La bailarina argentina Ludmila Pagliero, estrella del Ballet de Opera de París, pasó por Buenos Aires para bailar La Bayadera y reflexionó sobre la exigente vida de la danza.

Ludmila Pagliero: “La fama no es mi mayor deseo”
Fotos: Villamayor-Sanguinetti.

A los quince años, el afán por beberse la vida de un sorbo es un poderoso acicate para emprender cualquier aventura. A esa edad, dos destinos tocaron la puerta de Ludmila Pagliero, bailarina, hija del medio de un matrimonio humilde de Palermo: Nueva York y París. Ya había cruzado la cordillera de los Andes, para bailar en el Ballet del Teatro Municipal de Santiago de Chile, durante un año. ¿Por qué no cruzar, entonces el océano y probar suerte en la deslumbrante Ciudad Luz, para audicionar en el aún más deslumbrante Ballet de la Opera de París?
Menudo reto: una sudamericana pretendiendo entrar en la compañía más antigua, tradicional y cerrada de Europa… Además, presentando una coreografía que no conocía, aprendida a último momento en el mismo día de la audición. No entró. “Era obvio”, pensó Ludmila mientras volvía a la Argentina. Pero semanas después, recibió la oferta de un contrato por tres meses en la compañía, que como diría Humphrey Bogart en “Casablanca”: “Fue el comienzo de una gran amistad, y mucho más que eso”. Tanto, que en el 2012 fue nombrada Étoile, la más joven, la única no europea en los más de trescientos años del elenco, y la única que no se formó en la severísima escuela francesa.
Hoy vuelve a su país, profeta al fin en su tierra, para debutar en el Teatro Colón con “La bayadera” junto a otro argentino triunfador, Herman Cornejo, bajo el exigente control de la legendaria Natalia Makarova, ahora en su rol de coreógrafa. De una serena belleza, Ludmila matiza la charla con NOTICIAS con largas pausas, que aprovecha para recordar su infancia.
Noticias: Su familia no tiene que ver con la danza. ¿Cómo fue su entrada al arte?
Pagliero: Tengo un hermano más grande y una hermana más chica, y mi mamá nos daba mucha libertad. Nos dejaba revolver la habitación, dar vuelta los colchones, inventábamos naves espaciales… Fue un punto crucial en mi educación para mi carrera como bailarina, para mi parte artística. Tuve un abuelo asistente de dirección de teatro, y preparábamos obras para Navidad, cantábamos, actuábamos, había mucho juego.

Noticias: ¿Sus hermanos también son artistas?
Pagliero: No. Mi hermano trabaja en informática en Suecia, y mi hermana en hotelería, aquí en la Argentina. A la distancia seguimos nuestra relación de compinches
Noticias: ¿Fue un problema para sus padres que la familia se disgregara?
Pagliero: Siempre nos prepararon para abrir las alas, tomar decisiones, viajar, ser muy curiosos. Nos dijeron que había que intentarlo todo, que no era un fracaso si no lo lográbamos. Por eso cada uno pudo volar hacia distintos lugares del mundo,.
Noticias: ¿Por qué la danza?
Pagliero: Porque sentía la necesidad de moverme, entonces mi mamá me llevó a tomar clases. Una mala experiencia inicial, pero luego entré a la escuela del Colón.
Noticias: Si no le hubiera gustado la carrera, ¿tenía otras alternativas?
Pagliero: Cuando tenía siete años quería ser científica. Ese sueño se fue muy rápido, porque apareció la danza que me fue absorbiendo tiempo, mente y espíritu. Me hubiera gustado ser alpinista porque amo la montaña y las aventuras, pero lo dejo para otra vida.
Noticias: Son actividades bastante solitarias. ¿Usted lo es?
Pagliero: Mi segundo nombre es Soledad. Fue un significante durante mucho tiempo, porque dejé a mi familia siendo muy joven. Ahora me gustan mucho los momentos de soledad, me permiten poner las cartas sobre la mesa, ver lo que quiero y lo que no. Evolucionar como ser humano. Por eso creo que soy una persona solitaria, pero para poder sociabilizar mejor.
Noticias: ¿Vive sola?
Pagliero: Sí, tengo pareja pero no convivimos, eso lo dejo para las nuevas generaciones (ríe).
Noticias: Se ve que es un tema del que no le gusta mucho hablar…
Pagliero: Es que en este momento, a nivel profesional, tengo la posibilidad de otros proyectos aquí en la Argentina. ¡Esto no me va a pasar cuando tenga cuarenta y dos años y deje de bailar! (ríe), Noticias: ¿Cuarenta y dos es el límite?
Pagliero: Sí, está estipulado por la compañía. Esto permite un recambio generacional, los chicos salen de la escuela a los dieciocho años y tienen un lugar en la compañía para bailar profesionalmente. Hay puestos estables todos los años.
Noticias: ¿Cómo es la relación con los “nuevos”?
Pagliero: Es muy loco, sin darse cuenta uno se encuentra en una posición muy diferente de la que estaba hace poco tiempo. Tengo a esos jóvenes que vienen hacia mí a preguntarme cosas y puedo transmitírselas, dando lo que recibí, pero recreando, porque es una persona nueva, no soy yo. Esta etapa nueva en mi carrera tiene que ver con una madurez, es interesante decirles una palabra y ver el cambio positivo en ellos, y cuando te dicen gracias es muy lindo.
Noticias: ¿Tendremos a Ludmila Pagliero docente?
Pagliero: Hice workshops de una semana, me da placer hacerlos y fue divertido. Pero por el momento no me veo en la situación de preparar un alumno chiquito. Creo que la formación inicial debe ser una de las partes más difíciles. Hay que tener mucha paciencia y un ojo muy focalizado. Cuando uno trabaja un repertorio con un profesional es diferente.
Noticias: ¿Cómo es su vida en París, cómo se halló en un lugar con idioma y forma de vida distinta?
Pagliero: Cuando llegué era invierno. Al parisino –que no es el francés– le lleva tiempo conocer a las personas, hasta que te invita a su casa. Al principio fue difícil porque me sentía muy sola. El trabajo fue una forma de olvidarme de esa falta. Ya llevo catorce años allá, conozco Francia bastante bien, y en cada región encontrás gente muy diferente. París es como Buenos Aires, todo el mundo anda rápido; en las regiones la gente es más tranquila, tiene tiempo para hablarse y descubrirse. En París hay muchas cosas que te facilitan la vida cotidiana. En eso se ve la diferencia de América del Sur. Tengo ganas de mejorar muchas cosas aquí.
Noticias: ¿Por ejemplo?
Pagliero: Cuando veo a mis padres cómo tienen que viajar de Ituzaingó a Capital, porque el tren no se puede tomar a determinada hora. ¿Por qué si existe algo mejor en algún lugar, no se puede tener acá? No es una utopía, es una realidad que se ve en otros lugares.
Noticias: ¿Tiene la fantasía de que vivan con usted en París?
Pagliero: Esa fantasía está siempre, pero la situación en Europa ha cambiado mucho, y no creo que se vaya facilitando, han tomado muchas medidas.
Noticias: ¿Cómo es su relación con el público en general? ¿La reconocen por la calle?
Pagliero: No, no hubo una difusión muy grande de los bailarines de la Ópera por decisión de los directores de la compañía. La estrella es la Ópera de París, no sus figuras. Aurelie Dupond quiere que se conozca a los bailarines, así que veremos. Igual, quienes van siguiendo mi carrera siempre me dicen que cambio mucho en el escenario. Que tengo esa facilidad para pasar de lo contemporáneo al clásico, un camaleón en definitiva. (ríe).
Noticias: Tienen un ritmo de funciones extenso…
Pagliero: Tenemos una gran producción por año con veintidós funciones, y las demás tienen diez o quince. A mi regreso bailaré el 25 de diciembre el “Lago de los cisnes” de Rudolf Nureyev, el 28 y el 31, porque trabajamos los feriados.
Noticias: ¿Que la enoja?
Pagliero: La falta de respeto hacia el tiempo, la disposición y el trabajo del otro, la soberbia. Aprendí a poner límites, con respeto, aclarando los puntos, para no quedarme con un gusto amargo. El bailarín necesita que todo funcione a su alrededor para poder focalizarse en su trabajo técnico y artístico. Si uno no sabe cómo, dónde, cuándo, y todo es un lío, hay una pérdida de energía enorme.
Noticias: ¿Cómo se lleva con la fama?
Pagliero: La fama no es algo que me consuma de deseo.

Patricia Casañas

 

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