Economía / 1 de Enero de 2017

Ajustar y ganar elecciones, el desafío de Macri para 2017

Dilema: cómo achicar el Estado y ganar las elecciones. Apuesta: blanqueo, ahorro y deuda para financiar la gobernabilidad.

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El presidente Mauricio Macri tiene tres “otro yo”. Uno es Marcos Peña, jefe de Gabinete. Los otros son quienes los secundan, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, los CEOs que se repartieron el control de los ministros y los aprietan para que bajen el gasto. En marzo, Lopetegui, ex ejecutivo de LAN, les había dicho a todos los ministros, secretarios y subsecretarios: ”Queremos que manden el detalle de los gastos y qué ahorro pueden hacer”. A principios de diciembre, Quintana, accionista de Farmacity, les pidió que cada ministerio identificara diez programas eliminables. Ofuscado porque consideraba que el ex ministro de Hacienda Alfonso Prat-Gay le esquivaba al trabajo en equipo, Quintana le pidió a su sucesor, Nicolás Dujovne, que fuera el controlador del gasto. Columnista del diario La Nación, Dujovne escribió que la victoria electoral de Donald Trump vaticina tiempos más complicados para el acceso argentino al crédito internacional y, por tanto, debería congelar el gasto hasta 2019.

¿Los recortes que quiere Quintana compensarán los mayores estipendios que demanda la necesidad de ganar las elecciones legislativas de octubre próximo? El Ejecutivo fue ofreciendo concesiones pro consumo como el incremento de las jubilaciones medias y altas, el bono salarial de fin de año, la reforma del impuesto a las ganancias que pactó con la CGT y el aumento presupuestario para las cooperativas piqueteras del plan Argentina Trabaja, que ahora contarán con obra social propia. Así el Gobierno logró calma en las calles y evitó saqueos. Muchas concesiones reportaron fondos a quienes enfrentarán al Gobierno en las urnas, desde gobernadores que pelearon por moderar la baja de Ganancias hasta líderes de movimientos sociales.

En 2017, año en que Cambiemos sueña con elevar sus bancadas de diputados de 87 a 100 (debajo de los 129 necesarios para el quórum) y de senadores de 15 a 21 (16 menos que la mayoría absoluta), analistas prevén que Macri deberá seguir haciendo concesiones. El presupuesto fija como metas de déficit fiscal un 4,8% del PBI en 2016 y un 4,2% en 2017, un ajuste para la victoria. Pero la ley de gastos también prevé que los salarios estatales aumentarán 17%, la meta oficial de inflación que sólo cree uno de los 28 bancos y consultoras relevados por la firma FocusEconomics. Difícil que se cumpla.

Una alta fuente de la Casa Rosada niega que deban ajustar porque abrieron demasiado la billetera a fin de año. “El ingreso de Dujovne no implica cambio de política. Seguimos con el ordenamiento fiscal pausado”, explica después de las recientes salidas de Prat-Gay, considerado un blando por los ultraortodoxos, y de Isela Costantini, que dejó la presidencia de Aerolíneas Argentinas tras negarse a aplicar una cirugía mayor. En la Casa de Gobierno aclaran que la reforma de Ganancias sólo implica 0,03% del PBI “que será más que compensado por los ingresos del blanqueo” y la ampliación del Argentina Trabaja implica una “reasignación” de partidas sociales, y no un aumento, del 0,08%. “La eliminación de programas, más que ahorro, es una manera de enfocarnos en las prioridades de la gestión. El Estado hace demasiadas cosas”, añade el funcionario. ¿Cómo bajará entonces el déficit del 4,8% al 4,2% en 2017? Sobre todo con la poda de subsidios a las tarifas, que este año se retrasó por los fallos sobre el gas y que impactará de lleno en los bolsillos cuando vuelva el frío; por los “ahorros de buena gestión, incluida una política de compras honesta” y una mayor recaudación tributaria por la recuperación económica sostenida en la inversión y la recuperación salarial. El presupuesto prevé también ajuste en justicia, relaciones exteriores, administración fiscal, inteligencia, trabajo (en el seguro de capacitación y empleo, que asiste a los que buscan salir de la desocupación), agua potable y alcantarillado, comunicaciones (en parte en misiones satelitales), agricultura e industria.

En una reciente intervención televisiva, Dujovne descartó que Macri desmadre su plan económico con tal de ganar los comicios. También ha escrito que si se encarece demasiado el crédito por el efecto Trump, la Argentina podría volver a pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), como hasta 2001, con los consiguientes condicionamientos de ajuste. Otra fuente de recursos que evalúa es la prórroga del exitoso blanqueo de capitales, que ya ha atraído 90.000 millones de dólares y cierra en marzo próximo. Dujovne, más ortodoxo que Prat-Gay, escribió que el Gobierno debe explicitar su plan de bajar el gasto y el costo laboral y abrir la economía.

Tres escenarios se plantean para la economía del año electoral. Están quienes prevén una fuerte recuperación del 5%. Una mayoría apuesta al 3%, es decir, un rebote después de una caída que acumula 2,6% en los primeros diez meses de 2016. Otra minoría que vaticina un crecimiento del 1,5% al 2%. En las últimas semanas, a partir de la victoria de Trump y la complicación del escenario internacional por la suba de tasas de interés que encarece el acceso al crédito y suele abaratar las materias primas que exporta la Argentina, algunos que predecían el 5% ya especulan con 2,5% y otros de los que hablaban del 3% admiten un 1,5%. Además habrá que ver en qué medida la mayoría de la población percibe la recuperación: los analistas prevén una mejora salarial pero insuficiente para recomponer la pérdida salarial de 2016 y la consolidación de un desempleo que subió al 8,5% en el tercer trimestre de este año.

 

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