Opinión, Sociedad / 7 de Enero de 2017

Prellezo: Justicia condicional

A veinte años del crimen de José Luis Cabezas, la Cámara Penal de Dolores le otorgó la libertad condicional a su ejecutor Gustavo Prellezo.

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Prellezo obtuvo el beneficio el 21 de diciembre.

Un policía que oficia de virtual subjefe de una comisaría contrata ladrones para que roben a quienes debe cuidar. El policía quiere instalar un sistema de alarmas  conectado a la comisaría en las casas que debe cuidar y sus “empleados” van a desvalijar. Para financiar el negocio de las alarmas, trata de seducir a un empresario molesto porque su casa no está bien cuidada: cada tanto lo asedian fotógrafos. El policía les pide a los ladrones bajo su mando que alejen a los fotógrafos de la casa del empresario. Los ladron-poli siguen, secuestran, golpean y matan a un fotógrafo. Desesperados por lo que acaban de hacer, llaman a su jefe poli-ladron. Y este decide borrar huellas incendiando el auto del fotógrafo con su cadáver adentro…

Así fue asesinado José Luis Cabezas el 25 de enero de 1997. A punto de cumplirse 20 años del crimen, el policía del párrafo anterior (Gustavo Daniel Prellezo) acaba de lograr la libertad condicional porque se porta bien, estudia, hace trabajos de gestoría (estaba con domiciliaria en la casa de su padre) y va a la Iglesia Adventista.

El fallo de la Cámara Penal de Dolores está dentro de lo que marca la ley, dicen. Lo que no dice la ley, en todo caso, es que cuando Prellezo contrataba ladrones, hacía perseguir fotógrafos y los calcinaba para no quedar pegado, supuestamente se portaba bien, supuestamente trabajaba de policía, ya había estudiado para dedicarse a eso y se había casado por Iglesia. Era un ser tan respetable que el Estado había puesto en sus manos la seguridad de la población y empresarios muy influyentes lo recibían en sus oficinas porteñas para escuchar sus proyectos comerciales decentes.

Lo único que logró el fiscal, al oponerse al “cumplimiento estricto de la ley” es que se le impida a Prellezo conseguir un trabajo en el rubro que pretendía: la seguridad privada. Menos mal. Yo no me sentiría protegido si me protegiera Prellezo.

Ser policía (es decir, tener un arma encima y cierto poder territorial por mandato de la sociedad) no parece ser un agravante a la hora de contratar ladrones, hacerlos robar y perseguir gente, además de secuestrarla, golpearla, matarla y prenderla fuego.

Peor hubiese sido, claro está, si sólo se lo daba de baja y se le permitía andar suelto por ahí, como a miles y miles de policías exonerados antes y después del Caso Cabezas por presuntas faltas delictivas graves.

Creo en la capacidad de recuperación de las personas. Dudo de las personas que tienen esa clase de relación con el poder. Porque en el caso de Prellezo no hablábamos de marginación social ni de necesidad extrema. Ahora se le exige reportarse cada tanto, no beber ni drogarse y hacer buena letra. Ojalá.

El miércoles 4, un equipo de NOTICIAS fue interrogado por policías frente al domicilio de Prellezo. Los periodistas iban a intentar una nota con el criminal liberado. Se ve que La Bonaerense sigue teniendo claro a quién debe cuidar.

*Jefe de redacción de NOTICIAS

 

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