Mundo / 15 de enero de 2017

Trump ya tiene las manos en el volante

A días de asumir, el presidente estadounidense ya se muestra en funciones. Y se anotó el primer round en su pelea por repatriar las automotrices que habían emigrado al sur del Río Bravo.

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El fantasma Trump fue crucial en el Salón de Detroit, donde las automotrices acomodaron sus discursos y negocios a la nueva era.
El fantasma Trump fue crucial en el Salón de Detroit, donde las automotrices acomodaron sus discursos y negocios a la nueva era.

A días de asumir Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, el GPS financiero de las grandes automotrices dice: “recalculando”. La amenaza de campaña del republicano de “imponer grandes aranceles” a los fabricantes estadounidenses (Ford y General Motors), que habían aprovechado el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) para mudar sus plantas a México, los obligó a replantear sus estrategias de negocio.

Ford ya le puso freno a la inversión de 1.600 millones de dólares que pretendía hacer en San Luis Potosí (México), abandonó su intención de construir una nueva planta, y canceló la creación de 2.800 puestos de trabajo que iban a sumarse a los 9.000 empleados que la firma ya tiene trabajando en sus plantas de Chihuaha y Sonora. Como contrapunto, la empresa anunció durante el reciente Salón de Detroit, una inversión de 700 millones de dólares en el estado de Michigan, donde creará 700 nuevos puestos de trabajo. El dinero se invertirá en la ampliación de la planta de Flat Rock, en la que se producen los modelos Mustang y Lincoln, y donde ahora se fabricarán también vehículos eléctricos y autónomos.

El caso testigo. Ford es el segundo mayor fabricante de automóviles de Estados Unidos y emplea a casi 85.000 personas en el país. Y en los últimos cinco años, ha invertido alrededor de 10.200 millones de dólares en Estados Unidos. Sin embargo, en la última década, mudó una parte de su producción a México, con el natural colapso de algunas economías regionales en Estados Unidos: los votantes naturales de Trump, que amenazó a la empresa durante la campaña electoral con imponerle un arancel del 35 por ciento por los automóviles fabricados en el país vecino.

Hoy Estados Unidos es el principal país al que México envía vehículos livianos: el 80 % del total de las exportaciones (seguido por Canadá con el 9,1% y Alemania con el 2,9%, según datos de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz). Y México es el primer proveedor externo de vehículos en el mercado estadounidense, con ventas por 75.000 millones de dólares, el 26% del total de las importaciones automotrices de Estados Unidos.
Finalmente, detrás de las de Estados Unidos y Alemania, las plantas de Ford en México ocupan el tercer puesto en la producción de la compañía. La determinación de la automotriz de revocar su expansión mexicana pone, como caso testigo, en vilo a toda la economía mexicana.

El Gobierno de Enrique Peña Nieto, que desde hace meses enfrenta al efecto Trump sin poder calmar los temores en su país, aseguró a través de un comunicado de la Secretaría de Economía mexicana que “los empleos generados en México han contribuido a mantener empleos manufactureros en Estados Unidos, que de otra forma hubieran desaparecido ante la competencia asiática”. Pero a Trump nada de esto le importa. De hecho, su plan de aranceles también alcanza a los vehículos asiáticos.

Por GM y Toyota

El anuncio que hizo Ford llegó luego de que General Motors, el primer fabricante del país, fuera objeto de una arremetida de Trump por producir en México el modelo Chevy Cruze, y no pagar tasas al introducirlo en Estados Unidos para la venta. La automotriz había anunciado que ensamblaría en México, para expandirse a países latinoamericanos y aprovechar los bajos costos y los acuerdos comerciales. La compañía destinaría 350 millones de dólares para fabricar el modelo Cruze en Coahuila como parte de una inversión de 5.000 millones de dólares en plantas mexicanas y crearía 5.600 empleos. Trump los apuró en twitter: “¡Fabriquen en Estados Unidos o paguen una tasa alta en la frontera!”.

Y la misma advertencia corrió para Toyota. En la en la red social del pajarito, su favorita, el presidente electo escribió: “De ninguna manera”, en referencia al anuncio de Toyota de fabricar en México el modelo Corolla para el mercado estadounidense. La marca japonesa había manifestado sus planes de invertir 1.000 millones para fabricar el Corolla en México, en Guanajuato. La construcción se inició en noviembre de 2016, pero se habría puesto en pausa en diciembre. “Consideraremos nuestras alternativas cuando veamos qué políticas adopta el nuevo presidente”, adelantó el presidente de Toyota, Akio Toyota, sobre la posibilidad de que la empresa haga cambios en sus inversiones en México. Y manifestó su deseo de “colaborar con la administración de Trump para servir mejor a los intereses de sus consumidores”: “la inversión en Guanajuato no implica una reducción de la producción o el empleo en Estados Unidos. Con más de 21.900 millones de inversión directa, 10 plantas de manufactura, 1.500 concesionarios de venta y 136.000 empleados, Toyota sigue apostando a la economía estadounidense”, agregaba el comunicado. Sin embargo, en México ya temen por la duración de los 1.130 empleos nuevos que los 700 millones de dólares invertidos por Toyota generaron.

Otro tequila

La última automotriz en hacerse eco del conflicto es Fiat Chrysler. Durante el Salón del Automóvil de Detroit, la empresa informó que contempla parar sus operaciones en México si los aranceles fijados por el gobierno de Trump sobre sus vehículos fabricados en el país e importados a Estados Unidos son demasiado altos. El presidente ejecutivo de la compañía, Sergio Marchionne, afirmó a los periodistas que “es bastante posible que tengamos que retirarnos” de México si las tarifas son muy altas. Minutos más tarde, Trump agradeció en un mensaje en Twitter por los anuncios de que harán inversiones en sus plantas en la región central estadounidense.
“Finalmente está sucediendo: Fiat Chrysler acaba de anunciar planes para invertir 1.000 millones de dólares en plantas en Ohio y Michigan, lo que sumará 2.000 empleos”, dijo Trump en Twitter.
Y la economía de México estará aun más en jaque cuando Trump asuma el próximo 20 de enero. Por lo pronto, las amenazas del republicano, que asegura pondrá fin al NAFTA, el tratado de libre comercio entre los dos países y Canadá, han aplastado el peso mexicano (que registra una caída del 20 por ciento frente al dólar desde el 8 de noviembre). La industria automovilística es un sector clave en la economía de México, y el freno a esa expansión supone un golpe en medio de la incertidumbre que reina en el país: tras el anuncio de Ford, volvió a caer hasta en 0,93 puntos porcentuales y llegó a los 20,93 por dólar.

En sentido inverso, la medida significó para Ford un incremento de casi 4% en sus acciones en Wall Street, cerrando en 12.59 dólares el martes 10 de enero, mientras que General Motors comenzó con pérdidas pero se recuperó después de que la compañía informara que sólo importa una pequeña cantidad de vehículos Cruze producidos en México, por lo que sus acciones subieron poco menos de 1%, a 35.15 dólares.

 

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