Cabezas - 20 años, Sociedad / 16 de Enero de 2017

Cabezas: la libertad de los policías que liberaron la zona

Aníbal Luna y Alberto Gómez fueron beneficiados por la ley y mientras uno ya está en su casa, el otro goza de beneficios extraordinarios.

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A pesar de su deteriorado estado de salud, Gómez suele pasear por su barrio. Los vecinos lo conocen.

Uno se pasea en su bicicleta por Valeria del Mar e incluso invita a los policías del barrio a tomar mate a su casa. El otro realiza repartos de productos de limpieza en una camioneta y aprovecha el tiempo libre para dar clases de footing en General Madariaga. Alberto Gómez y Aníbal Luna, dos ex efectivos de la Bonaerense condenados a perpetua por el asesinato del reportero gráfico de NOTICIAS, José Luis Cabezas, pasan sus días como cualquier otro vecino y decidieron vivir a poca distancia de la escena del brutal crimen.
En el caso de Gómez, la edad sumada a su estado de salud, le permitieron primero gozar de la prisión domiciliaria y luego del régimen de libertad asistida. Desde 2013 es hombre libre. Luna, en cambio, aún permanece detenido, aunque las condiciones en las que cumple su pena son extraordinarias. Forma parte de un régimen abierto en el Penal de Dolores. No está en un pabellón común, sino en una especie de granja, pero sólo algunos días, ya que goza de un permiso para abandonar la cárcel 72 horas a la semana para salir a trabajar a Madariaga y pasar la noche en su casa, enfrente de la comisaría local. En el pequeño municipio de poco más de 20.000 habitantes, todos lo reconocen e incluso aseguran que sus salidas de prisión son más largas de lo que deberían. “De ningún modo está sólo ese tiempo. Yo lo veo todos los días acá”, asegura un vecino.

Prisión parcial

De todos los condenados por el crimen, sólo Luna permanece detenido (Gustavo González está recluido pero por otra causa). Pero la estadía de Luna dentro de la prisión es prácticamente nula. Al momento del asesinato se desempeñaba como oficial ayudante en la comisaría de Pinamar y se lo señaló como el responsable de hacer un seguimiento de Cabezas en los días previos al crimen. Se lo consideró un partícipe necesario y se le adjudicó haber intervenido en la maniobra para “liberar la zona” a fin de facilitar la tarea de los autores materiales.
Luego de que su pena fuera reducida a 24 años de prisión, Luna recuperó su libertad en agosto del 2006 gracias a la entonces vigente ley del “2×1”. Tras pagar una fianza de 40.000 pesos se fue a Ostende, donde se convirtió en chofer de un colectivo escolar. Tiempo después se trasladó a la vecina localidad de Madariaga y comenzó a despuntar el vicio con una de sus pasiones: el fútbol. Se convirtió en el entrenador infantil del Club Deportivo Juventud Unida de Madariaga. Sin embargo, la experiencia no duraría mucho. A principios de 2012, cuando los padres se enteraron de quién era el DT de sus hijos, pidieron que sea removido del cargo. La presión vecinal, llevó a que el Concejo Deliberante lo declarara persona no grata y ordenara su expulsión del club.
Sobre fines de ese mismo año, Luna recibiría otro revés cuando la Suprema Corte revirtió el fallo por el cual su condena se había acortado. Así, volvió a estar preso. Desde 2015 Luna goza de beneficios especiales en el cumplimiento de su condena y tiene permitidas salidas laborales de tres días consecutivos. Ese año comenzó a trabajar en Terranova Química, un negocio de venta de productos de limpieza. Luna es el encargado de repartir los productos en camioneta y quienes lo ven circular aseguran que su presencia en las calles de Madariaga es diaria. “No creo que esté cumpliendo ningún régimen. Está siempre acá”, arriesga un vecino. Otros, incluso, describen una rutina: “Todos los mediodías sale a correr. Creo que da clases”, explican, al tiempo que destacan que lo ven “muy atlético”.
El 23 de diciembre de 2016, la defensa de Luna solicitó que se lo beneficie con la libertad asistida, aunque la Cámara de Dolores aún no ha dado respuesta a ese pedido al que la Fiscalía General se opone. “Los informes carcelarios no lo ayudan”, comentan desde esa fiscalía. Sin embargo, en Madariaga aseguran que el ex policía ya es un hombre libre: “Lo veo todos los días cortando el pasto. Está obsesionado, lo corta más de lo normal”, confían.

Liebre libre 

Quien fuera jefe de Luna y Camaratta (que murió detenido) en aquel fatídico verano de 1997 no fue condenado en el primer juicio. Alberto Gómez recién fue condenado el 24 de diciembre de 2002 cuando un segundo juicio oral lo encontró culpable de “liberar la zona”.
En 2010, Gómez logró la prisión domiciliaria, la cual comenzó a cumplir en su casa de Valeria del Mar. Un año después, en julio de 2011 y a pesar de la oposición de la fiscalía, la Cámara decidió otorgarle la libertad asistida hasta que cumpliera su pena, en 2013. Desde ese momento, se deja ver por su prolijo barrio. “Camina mal y lento. Me parece que está enfermo”, asegura un vecino, quien explica que a pesar de estos achaques, “la liebre”, sale todos los días a dar varias vueltas manzana o a hacer las compras al supermercado.
“Parece un abuelo buena onda”, dice el efectivo de la Bonaerense que está de custodio en la esquina de la casa de Gómez. El joven policía no sabe de quién se trata y mucho menos que ese señor también fue policía. Quizá por haber pertenecido a la fuerza es que Gómez se preocupa por los efectivos, invitándolos con bebidas o a que pasen al baño de su casa durante las horas de guardia. Incluso, todos los 13 de diciembre –día de la Policía Bonaerense– Gómez escribe un saludo para sus colegas de la fuerza en su perfil de Facebook.
Hace 20 años estos dos policías decidieron “liberar” una zona para un brutal crimen. Dos décadas después, es la Justicia la que decide la libertad para ellos. 

 

2 comentarios de “Cabezas: la libertad de los policías que liberaron la zona”

  1. Esa es la “justicia” que tenemos. Matas a una persona y el pacto de costa rica, acuerdos firmados internacionales, los dh, etcétera etcétera sale libre el asesino a los 5 4 9 10 años según criterios del juez de turno. EL QUE MATA A UNA PERSONA DEBE MORIR EN PRISIÓN. Si respetamos la vida ese debe ser el criterio. Dejar sin libertad al asesino

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