Arte / 24 de Enero de 2017

Rómulo Maccio y Juan Becú: una herencia

Se presentan las muestras en la galería Vasari y Nora Fisch.

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Pintura de Rómulo Macció.

Las muestras de Rómulo Macció en Vasari y Juan Becú en Nora Fisch desmienten por enésima vez la tantas veces anunciada muerte de la pintura.
Poco antes de cumplirse un año del fallecimiento de Rómulo Macció (Buenos Aires, 1931-2016), galería Vasari despliega las obras que realizó en 2015. La curadora Mercedes Casanegra sostiene que estas no poseen una pretensión realista sino algo mucho más ambicioso: “Evocar a través de la pintura, su cualidad misteriosa que es convertir a lo real en suprarreal, en una categoría que reside en el maravilloso puente entre lo visible y lo invisible”.
Artista autodidacta, comenzó a exhibir en 1956 pinturas vinculadas con la abstracción, habitadas por formas, manchas y signos antes que por perfectas geometrías. Luego, tras un fugaz paso por el surrealismo, informalismo, con renovada gestualidad privilegia la figura humana. Por ese camino, y en un cruce con el expresionismo abstracto, Macció llega a impulsar la Otra Figuración, movimiento de ruptura llamado también Nueva Figuración. Su multifacética producción, que por momentos incluye exuberantes empastes de vibrantes colores y semblantes que parecen mecanismos industriales en medio de grandes espacios vacíos, gira esencialmente en torno a la alienación del hombre contemporáneo, con un repertorio expresado con profunda emotividad y lejos de cualquier racionalización. Su obra nacida del “proceso simultáneo de acción y reflexión”, fue repetidamente premiada y exhibida internacionalmente.
También pintor autodidacta, Juan Becú (Buenos Aires, 1980) incluso hace videos y música. Lejos de las modas, sus pinturas en galería Nora Fisch invitan a desacelerar el ritmo y detenerse frente a ellas. Dibuja desde antes de tener memoria y muchas veces sus obras –dibujos, tintas, pinturas y, algunas, esculturas– siguen un pensamiento que aparece inicialmente como relato escrito en cuadernos, diarios íntimos: génesis de las pinturas de esta exposición.
Sazonadas iconográficamente con variadas atmósferas y desiguales estados de ánimo, distintas tradiciones de la historia del arte, estas piezas son tributarias de la vanguardista Otra Figuración. La convincente contundencia de las piezas exhibidas invita a dejar de lado la conversación acerca de estilos y tendencias. “Becú es un pintor que no se empaca en la búsqueda del estilo propio, que sabe que la marca tiene que ver con circunstancias ajenas a la producción del artista”, apunta la curadora Lara Marmor.
Entre la figuración y la abstracción, Becú acentúa colores, prodiga pinceladas livianas y matéricas, juega y enreda la línea. Dibuja y pinta revelando mundos distópicos e incompletos, confusos y mutantes, incluso asoman algunas luces ¿de optimismo? Becú trabaja escuchándose a sí mismo, quizá con regocijo, y propone al observador otra vuelta de pintura-pintura.

 

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