Cultura / 30 de Enero de 2017

Turismo inteligente: Museos en la playa

La costa atlántica y Uruguay ofrecen valiosas opciones culturales para visitar en vacaciones. Desde MAR hasta el Viejo Hotel Ostende. Mirá la fotogalería

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En Mar del Plata, cuatro museos imperdibles: MAR, Villa Victoria, Museo Castagnino y Villa Mitre.

Aunque la imagen más clásica para referirse al verano sea una playa poblada de sombrillas y un sol radiante, está lejos de ser la única postal válida. Porque hay días de lluvia, personas no tan amantes de broncearse y programas que comienzan más entrada la tarde. Y sobre todo, hay quienes disfrutan del arte también de vacaciones, especialmente como una forma de acercarse y conocer más al lugar.
Costa Atlántica. Llama la atención desde lejos. Ni los más ajenos al arte pueden evitar girar la cabeza cuando pasan por delante. Es que el gigantesco lobo marino empapelado en envases de alfajor que creó Marta Minujín logra con creces su cometido: no deja indiferente a nadie. Custodiando la entrada del MAR, Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, ha logrado convertir a este espacio cultural en uno de los nuevos íconos de Mar del Plata. Inaugurado en diciembre de 2013, es uno de los museos más grandes y modernos del país y uno de los pocos diseñados para tal fin. De hecho, su construcción significó una revalorización de la zona de la costanera norte marplatense, otrora semiabandonada. “Se pensó un museo que pudiera albergar muchas muestras de arte de gran prestigio, y en función de esto se tomó la decisión de maximizar un ambiente de sala lo más espacioso, luminoso y flexible posible, con una riqueza espacial que permitiera imaginar este edificio como un referente claro en la actividad cultural de toda la ciudad y la región”, apuntan desde Estudio Monoblock, responsable de su arquitectura.
Así, sus más de 7000 m2 y tres salas de exhibición son terreno fértil para muestras, recitales, conferencias, proyecciones de cine y festivales, entre otras actividades, todas con entrada libre y gratuita. Por estos días, por caso, sus exhibiciones incluyen “Congreso de Tucumán, 200 años de arte argentino”, “Los viajes de Nushi”, de Nushi Muntaabski, la reconocida “World Press Photo” (con el bonus de argentinos ganadores de certámenes anteriores como guías de algunos recorridos) y, próximamente, “Movimiento Babasónicos”, sobre los últimos 17 años de la banda homónima.
Asimismo en Mar del Plata y con varios años más de antigüedad, Villa Victoria es otro edificio que llama la atención. En lo que fuera la residencia de veraneo de la genial escritora, en el elegante barrio Los Troncos, hoy funciona el Centro Cultural Villa Victoria Ocampo. Hecha de hierro y madera y construida en 1912, supo ser un lugar de encuentro y tertulias del circuito literario, y así quiso Victoria que siguiera funcionando tras su muerte, razón por la que lo donó a la UNESCO (que maneja asimismo su casona en San Isidro). Algunos años más tarde, sin embargo, fue rematada y adquirida por la Municipalidad del Partido de General Pueyrredón. Por estos días, allí se exponen las muestras “Victoria Ocampo, una pasión tremebunda”, abordando el vínculo de la escritora con Mar del Plata y “Feria Victoria, arte para regalar”, que, en su séptima edición, vuelve a convocar artistas locales para exhibir sus obras en pequeño formato a precios accesibles. Además, se ofrecen visitas guiadas a la casa y distintas actividades y muestras, incluyendo conciertos, obras de teatro, clases de yoga y presentaciones de libros.
Otra casa de verano que seduce con su arquitectura digna de otras épocas es el Museo Municipal de Arte Juan Carlos Castagnino, ubicado en la Villa Ortiz Basualdo, antiguamente propiedad de la familia homónima. De estilo pintoresquista, fue construida en 1909 siguiendo las corrientes de los castillos de Loire, Francia, aunque 10 años después se aumentó su tamaño y viró su estética hacia la anglonormanda. Su irregularidad volumétrica, tejas de zinc con cresterías y pináculos y diseños geométricos le otorgan un efecto muy pintoresco que atrae desde lejos. Y una vez dentro, su exposición permanente del primer piso evoca los usos y costumbres de los primeros veraneantes, mientras que en la planta baja, segundo y tercer piso se presentan muestras como la actual “Afinidades electivas – Obras del Patrimonio del Fondo Nacional de las Artes”, con trabajos de artistas como Ananké Asseff, Marcos López y Emilio Pettoruti, entre otros. Además, en la casona se celebran espectáculos musicales que este verano incluyen conciertos líricos, de piano, de ópera y de música celta, entre otros.

Finalmente se erige Villa Mitre, una casona de estilo pintoresquista neocolonial que supo ser uno de los grandes chalets de la ciudad, propiedad de los descendientes de Bartolomé Mitre. Hoy el Museo Histórico Municipal Roberto T. Barili, ofrece, en el espíritu de sus antiguos dueños y su permanente afán por difundir la cultura, diversos ciclos, talleres y espectáculos. Entre ellos, meditación, danzas circulares, yoga, ciclos de charlas y recitales de música nacional, costera y rock. Además, reúne la función de archivo y biblioteca.
Otro lugar de la Costa que esconde joyas históricas dignas de visitarse es Pinamar. Más precisamente, en Ostende, el Viejo Hotel Ostende ensalza las gracias de otros tiempos. Con más de 100 años de vida, recuerda los primeros veranos en esta localidad, en los que las dunas indómitas en ocasiones tapaban la planta baja. Si bien no es un museo, conserva intacta la habitación en la que se alojó el escritor francés Antoine de Saint-Exupéry durante dos años consecutivos.
Mucho más que fiestas. Al otro lado del río, Punta del Este también despliega sus encantos culturales. A diferencia del de Mar del Plata con mismo nombre, aquí el Museo del Mar busca representar la vida marina y oceanográfica, lo cual lo vuelve un destino idóneo para ir con chicos. Ubicado en la zona de La Barra, cuenta con 2500m2 con salas como la de los Caracoles, la de los Mamíferos Marinos (con una de las mayores colecciones de esqueletos, hasta ballenas de más de 15 metros) y la de los Piratas (con la leyenda del tesoro de La Barra). Dentro también se incluye el Museo de los Recuerdos, el de los Balnearios y un Insectarium con 38.000 ejemplares.
En el otro extremo del abanico, el Museo Ralli, emplazado en el barrio Beverly Hills, data de 1988 y busca promover el conocimiento de la obra de artistas latinoamericanos vivos. Aunque a la vez, exhibe obras de autores europeos del siglo XV al XVIII, y de otras corrientes artísticas. Así, entre sus exposiciones permanentes se destacan Salvador Dalí y Fernando Botero, y en sus muestras de este verano se cuentan “André Lanskoy – Último artista ruso de la Escuela de París”, “Manuel Pailos – Artista de la escuela de Torres García”, “Grupo Espartaco” y “Pequeño Formato Europeo”. Todo, en amplias salas de exposición que se alternan con patios interiores de gran belleza.

 

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