Opinión / 10 de Febrero de 2017

Por qué el look de Emma Stone en La la Land es puro arte

La película favorita de los Oscars despierta polémicas. Pero su vestuario, creación de Mary Zophres, es maravilloso. Dior, pop e inspiración retro en un estilo que ya es un símbolo.

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Una anécdota personal. Fui al cine a ver “La la Land”, la película del momento, con mi sobrina de 18 años. Ella no sabía lo que era una comedia musical. Jamás había escuchado hablar de Gene Kelly o Fred Astaire o Leslie Caron o Debbie Reynolds. Una memoria cultural completamente virgen de americanos en París, danzas bajo la lluvia y zapatos de tap. Mientras los últimos títulos del film corrían por la pantalla, me intrigaba saber qué le habrían parecido a esta adolescente formada en Facebook y YouTube, los cuadros coreográficos de una película que era, en sí misma, una cita de los tiempos más gloriosos de Hollywood, antes de que yo misma naciera. ¿Cuál fue su único comentario mientras salíamos de la sala? “Me gustó mucho la ropa”.
Y es cierto, la ropa de “La la Land” es fabulosa. Y no sólo por la belleza de su diseño o de sus colores. Es magnífica porque resume la esencia de una historia creada para juntar el pasado y el presente, para reconocernos en la tradición y llevarla al futuro.
El vestuario de “La la Land” creado por Mary Zophres, justamente, es vintage pero moderno. Podría estar usándolo, en este momento, cualquier chica en cualquier ciudad. Como el film, cita estilos de otras épocas: los ’50, los ’40, los ’60, los ’70. Los colores están saturados al extremo como en el pop. Las cinturas se marcan como en los tiempos de Dior. Las faldas son vaporosas para bailar con comodidad. Los escotes halter (los que se prenden en el cuello y dejan gran parte de la espalda al descubierto) son mayoría en vestidos muy lujosos y a la vez muy sencillos.
Emma Stone es una magnífica heroína hollywoodense en la línea de Audrey Hepburn y Grace Kelly: elegante, sofisticada, frágil y de una belleza poco estridente.

Detalles

Zophres confiesa haberse inspirado, por ejemplo, en una prueba de cámaras de Ingrid Bergman. Y cuenta que los colores de la ropa de Mía (el personaje principal) van perdiendo potencia a medida que la chica crece y madura. El bellísimo vestido negro final es la prueba de su transformación.
Algunos otros detalles son también muy interesantes. Por ejemplo, el contraste de los stilettos, las chatitas y los zapatos abotinados de tap haciendo juego con los de él. O el gesto con el que Mía sostiene el pelo que le cruza la cara, al mejor estilo retro de Lauren Bacall. O la ausencia casi total de estampas, guardas, rayas y texturas en su ropa.
Cuando el vestuario es una obra de arte, tiene la fuerza de otro personaje. Eso fue lo que sucedió con la creación de Patricia Field en “Sex and the City”. La ropa de la serie llegó a ser casi tan importante como las chicas.
Otro ejemplo más cercano: el look femenino y profesional de Claire, la protagonista de “House of Cards” interpretada por Robin Wright.
Cuando un vestuarista da en la tecla, es decir, cuando personalidad, situación y cuerpo real se amalgaban en perfecta armonía, las consecuencias pueden ser infinitas. Entre ellas, transformarse en un símbolo que represente para siempre un modo de ser mujer. Audrey Hepburn en “Desayuno en Tiffany’s”, Diane Keaton en “Annie Hall”, Madonna en “Buscando a Susan”.
Eternas e inolvidables.
Para mi sobrina, a quien se le escaparon una cuantos guiños de la cultura cinematográfica, la ropa fue un camino más sencillo para captar la peculiaridad artística de “La la Land”.

 

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